Temas de Interés
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Valores y Actitudes para el Gobierno Electrónico*
En los últimos años se ha venido trabajando sobre el concepto de gobierno electrónico, como una manera de identificar aquellas actividades del gobierno realizadas y/o apoyadas a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) para mejorar cualitativamente los servicios e información ofrecidos a los ciudadanos, aumentar la eficiencia y eficacia de la gestión pública e incrementar sustantivamente la transparencia del sector público y la participación ciudadana.
Desde este punto de vista, las acciones del Gobierno Electrónico dejan de referirse sólo a los aspectos tecnológicos y se incorpora la idea de desarrollar un “mejor gobierno”. Esto significa alcanzar mayores niveles de eficacia y eficiencia en el quehacer gubernamental, mejorando la calidad de los procesos y procedimientos; aumentando la calidad de las políticas públicas incorporando más y mejor información en los procesos decisorios y de implementación en tiempos crecientemente; aumentando los grados y calidad de la coordinación del quehacer gubernamental mediante aplicaciones computacionales seguras que resguarden la privacidad de los datos y sostenidamente interoperables.
Es así que la dinámica del gobierno electrónico en América Latina y el Caribe refleja que algunos países avanzan en el aprovechamiento de vías interactivas difundidas espontáneamente en sus poblaciones (cybers, locutorios, centros comunitarios, cabinas, telefonía fija y móvil, fax; interfaces con correo postal, radio y TV) procurando universalizar progresivamente el acceso a servicios prioritarios. Paralelamente, se aprecia que en otros casos, se mantienen servicios concebidos en función de compartimentos y conveniencias de las estructuras organizativas, sin necesariamente considerar los intereses y necesidades de los usuarios.
Tales contrastes muestran, una vez más, que el factor crítico del gobierno
electrónico no reside en las TICs, sino en los valores, actitudes y
estrategias de cada país en la relación con sus ciudadanos, con sus derechos
y, específicamente, a la calidad y accesibilidad de los servicios que le
competen. Cuando concentramos nuestra atención en ese factor crítico, se
manifiesta claramente que el gobierno electrónico no es panacea, ni atajo ni
trampolín para superar rezagos en la respuesta a necesidades y expectativas
ciudadanas, sino que más bien favorece la integridad pública y el desarrollo
de una cultura cívica.
Con base en la evidencia señalada, se puede afirmar que las mayores
oportunidades y amenazas en torno al e-gobierno residen en las actitudes de
los funcionarios políticos y técnicos, así como de los agentes de base de la
estructura gubernamental. En ese marco, podría considerarse que los actuales
escenarios de pobreza, indigencia y desempleo que transitan muchos de nuestros
países resultan –a priori– netamente adversos al gobierno electrónico ¿Quiénes
estarían interesados en articular planes y agendas de gobierno electrónico
cuando existen otras prioridades sociolaborales que aparecen como mucho más
críticas?
Se observa que se plantea aquí un auténtico dilema entre: a) el civismo deseable, que adopta al gobierno electrónico como herramienta de servicio al ciudadano, y b) el burocratismo subyacente, que adopta al gobierno electrónico como un ritual para preservar intereses de las burocracias. Tal vez la salida a este dilema consiste en un proyecto formativo que induzca confianza, concienciación y compromiso de todos los actores acerca del uso del gobierno electrónico en beneficio del ciudadano. ?
José Luis Tesoro
Coordinador de Proyectos de Investigación
Instituto Nacional de Administración Pública (INAP)
*Las ideas, afirmaciones y opiniones expresadas no son necesariamente las de la OEA ni de sus Estados miembros. La responsabilidad de las mismas compete a sus autores.
En relación con este tema condicionado por restricciones contextuales, le proponemos reflexionar acerca de las siguientes cuestiones:

