9 de Diciembre de 2018
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Colección: Tendencias para un futuro común
Autor: Bernardo Kliksberg
Título: La situación social de América Latina y sus impactos sobre la familia y la educación

I. Los agudos interrogantes sociales

La evolución de la situación social de la región ha generado fuerte preocupación en amplios sectores. Diversos organismos internacionales, entre ellos las Naciones Unidas, el BID y la OEA, han llamado la atención sobre alarmantes indicadores de déficits sociales. La Iglesia, a través de sus máximas autoridades, ha hecho repetidos llamamientos a dar la máxima prioridad a las graves dificultades que experimentan extensos grupos de la población. La ciudadanía ha indicado, por diversas vías, que considera que sus problemas de mayor gravedad se hallan en el área social. Así interrogada sobre cuáles estima que son los problemas más importantes, una muestra de casi 15.000 personas, representativa de 14 países de la región (LatinBarómetro, 1998), indicó como tales: desocupación (21%), a la que se suma inestabilidad en el empleo (6%), educación (18%), bajos salarios (8%), pobreza (7%), corrupción (7%). Todos los problemas priorizados son sociales. A ellos se agrega el de las prácticas corruptas.

La inquietud generalizada respecto a lo social tiene fundamentos muy concretos en la realidad. Ocampo (CEPAL, 1998) caracteriza el conjunto de la situación de este modo:

Siguen aumentando los niveles de pobreza absoluta, los niveles de desigualdad no muestran mejoría, y sigue aumentando el empleo en el sector informal.

Efectivamente, estimaciones nacionales recientes señalan que gruesos sectores de la población están por debajo de la línea de la pobreza en numerosos países. El informe “Estado de la Región” (PNUD-Unión Europea 1999) refiere que más del 60% de los 34,6 millones de centroamericanos vive en pobreza, y el 40% de ellos en la miseria. Las cifras respectivas señalan que se hallan por debajo del umbral de pobreza el 75% de los guatemaltecos, el 73% de los hondureños, el 68% de los nicaragüenses, y el 53% de los salvadoreños. Más de 10 millones de centroamericanos (29% del total) no tienen acceso a servicios de salud, y dos de cada cinco carecen de agua potable y saneamiento básico. Un tercio de los habitantes son analfabetos. Según marca el informe, las cifras son peores para la población indígena. En Guatemala, por ejemplo, la pobreza es del 86% entre los indígenas, y del 54% para los no indígenas. En Ecuador, se estima que el 62,5% de la población se halla por debajo de la pobreza. En Venezuela, estimaciones oficiales ubican la pobreza en cerca del 80% de la población. Se estima (FUNDACREDESA 1999) que 10 millones de personas (41,74% de la población), se hallan en pobreza extrema. En Brasil se ha estimado que un 43,5% de la población gana menos de 2 dólares diarios, 40 millones viven en pobreza absoluta. En la Argentina, una estimación reciente (1999) refiere que el 45% de la población infantil, menor de 14 años, vive por debajo de la línea de la pobreza.1

La región presenta elevados niveles de desocupación e informalidad que son una causa central de la evolución de la pobreza. Según Víctor Tokman (1998), la tasa de desempleo promedio subió de 7,2 en 1997, a 8,4% en 1998, y se estima, en 1999, en 9,5%. A esas altas tasas se suma el ascenso del porcentaje de mano de obra activa que trabaja en la economía informal, constituida en tramos importantes por ocupaciones inestables, sin base económica sólida, de reducida productividad, bajos ingresos, y por la ausencia de toda protección social. La informalización implica, según subraya Tokman (1998), un proceso de descenso de la calidad de los trabajos existentes. En 1980 trabajaba, en la economía informal, el 40,6% de la mano de obra no agrícola ocupada; hoy es el 59%. A ello se agrega la precarización. Hay un número creciente de trabajadores sin contrato, y bajo contratos temporales. Alrededor del 35% de los asalariados está en esas condiciones en Argentina, Colombia y Chile, y el 74% en el Perú.

Uno de los puntos de preocupación central, con múltiples consecuencias, es que las serias dificultades ocupacionales son aún de mayor envergadura en los grupos jóvenes. Así lo indica el cuadro siguiente (CEPAL 1996):

CUADRO 1

Fuente:  CEPAL, “Panorama Social de América Latina, 1996” (mencionado por A. Minujín, “Vulnerabilidad y exclusión en América Latina”, en Bustelo y Minujín, Todos entran, UNICEF, Santillana, 1998).


Como se observa, el desempleo entre los jóvenes casi duplica en todos los países informados el elevado desempleo promedio de la economía. Ello crea un foco de conflicto muy serio. Además, se observa un claro sesgo de género. Es superior en las mujeres jóvenes a los hombres jóvenes.

Desempleo, subempleo y pobreza se ligan estrechamente. Llevan a carencias de todo orden en la vida cotidiana. Una de sus expresiones más extremas es la presencia, en diversos países, de cuadros alarmantes de desnutrición. En Centroamérica se estima que un tercio de los niños menores de 5 años presentan un peso y una talla inferiores a los que deberían tener. En Nicaragua, entre otros casos, estimaciones del Ministerio de Salud (1999) indican que el 59% de las familias cubren menos del 70% de las necesidades de hierro que requiere el organismo, el 28% de los niños de menos de 5 años padecen anemias por el poco hierro que consumen, 66 niños de cada 100 presentan deficiencias de salud por la carencia de vitamina A, y el 80% de la población consume sólo 1700 calorías diarias, cuando la dieta normal debería no ser menor a las 2.125 calorías. La desnutrición y otros factores llevan a pronunciadas diferencias de peso y talla. En Venezuela, un niño de 7 años de los estratos altos pesa promedio 24,3 Kg. y mide 1,219 m. Un niño de similar edad, de los estratos pobres, pesa 20 Kg. y mide 1,148 m. La desnutrición se da, incluso, en realidades como la de la Argentina. Se estima que uno de cada cinco niños de la zona con mayor población del país, el Gran Buenos Aires, padece de problemas de ese orden. Un informe de la Organización Panamericana de la Salud y CEPAL (1998), destaca sobre el problema:

Se observa en casi todos los países de la región un incremento en enfermedades no transmisibles crónicas asociadas con alimentación y nutrición.

La desnutrición y otros aspectos de la pobreza, llevan a fuertes retrasos en los niños pobres, que van a afectar toda su existencia. Estudios de UNICEF (1992), identificaron retrasos en el desarrollo psicomotor de una muestra de niños pobres a partir de los 18 meses de edad. A los cinco años, la mitad de los niños de la muestra examinada presentaban retrasos en el desarrollo del lenguaje, 40% en su desarrollo general, y 30% en su evolución visual y motora.

Junto a la pobreza, la situación social de América Latina se singulariza por acentuadas inequidades. Como lo ha resaltado repetidamente Enrique V. Iglesias, “pobreza e inequidad son las dos grandes asignaturas pendientes” de la región. La región se ha convertido, según indican las cifras, en el Continente de mayor polarización social del mundo. El Informe de Progreso Económico y Social del BID (1998/99) proporciona las siguientes cifras al respecto:

GRÁFICO 1

Como se observa, en América Latina el 5% más rico de la población recibe el 25% del ingreso. La proporción supera a lo que recibe el 5% más rico en las otras áreas del globo. A su vez, es la región donde el 30% más pobre de la población recibe el menor porcentaje del ingreso (7,6%) en relación a todos los otros Continentes, como puede apreciarse en el siguiente gráfico del BID:

GRÁFICO 2

Medida asimismo en términos del coeficiente de Gini, que da cuenta del nivel de desigualdad en la distribución del ingreso de una sociedad, América Latina presenta el peor coeficiente de Gini, a nivel mundial, como puede apreciarse a continuación:

CUADRO 2

GRAFICO 2

Cuanto más bajo es el coeficiente de Gini, mejor es la distribución del ingreso en una sociedad. El de América Latina supera ampliamente a los de los países más equitativos, y es significativamente más elevado que la media mundial.

Las acentuadas disparidades sociales de la región tienen impactos regresivos en múltiples áreas. Entre ellas: reducen la capacidad de ahorro nacional, limitan el mercado interno, afectan la productividad, tienen diversos efectos negativos sobre el sistema educativo, perjudican la salud pública, potencian la pobreza, favorecen la exclusión social, erosionan el clima de confianza interno, y debilitan la gobernabilidad democrática.

Inequidad y pobreza interaccionan estrechamente. El empeoramiento de la inequidad ha operado como un factor de gran peso en el aumento de la pobreza en la región. Así lo indican, entre otros estudios, los realizados por Birdsall y Londoño (1997). Los investigadores han reconstruido cuál sería la curva de pobreza de América Latina, si la desigualdad hubiera seguido en los 80, en los mismos niveles que presentaba a los inicios de los 70, que eran elevados, pero que se acentuaron después.

Las conclusiones son las que aparecen en el Gráfico 3.

La línea sólida del cuadro indica la evolución de la pobreza en millones de pobres entre 1970 y 1995. La línea quebrada es una simulación econométrica que indica cuál hubiera sido esa evolución, si se hubiera mantenido la estructura de distribución de ingresos de inicios de los 70. La pobreza hubiera sido en ese caso, según estiman, la mitad de la que efectivamente fue. Hay un “exceso de pobreza”, de importantes dimensiones, causado por el aumento de la desigualdad.

Este trabajo parte de estas realidades preocupantes y se plantea poner a foco dos interrogantes básicos: ¿cuál es el impacto de la pobreza y la inequidad sobre una institución fundamental del tejido social, la familia?, y ¿cómo han afectado los desarrollos referidos a los sistemas educativos de la región? Familia y sistema educativo son, en definitiva, las dos grandes matrices formadoras de los recursos humanos de una sociedad. En esos dos ámbitos se define, en buena medida, la calidad de dichos recursos, que va a ser decisiva en el mundo actual, en términos de progreso tecnológico, competitividad, y crecimiento económico. Por otra parte, y esta distinción es esencial, el ser humano no sólo es un instrumento productivo, sino que su desarrollo integral es, en definitiva, el fin último de las sociedades organizadas. La familia y la educación son dos ámbitos determinantes sobre los grados de crecimiento, realización, equilibrio, salud, y plenitud afectiva, que las personas pueden alcanzar. La sociedad y sus miembros juegan, pues, aspectos centrales de su progreso y bienestar en las condiciones en que operan las estructuras familiares y educativas. En este trabajo se trata de explorar cómo pueden estar afectándolas la pobreza y la inequidad. Se trata de una exploración acotada. Sólo se revisarán algunos efectos. El tema es muchísimo mayor, y de algún modo el trabajo pretende señalar la urgencia de que se convierta en un objeto de investigación creciente.

GRAFICO 3

También el trabajo quiere contribuir a llamar la atención sobre la necesidad de establecer políticas orgánicas en materia de fortalecimiento de la familia a nivel nacional, y convertir el tema en objetivo significativo de la cooperación internacional.

Hasta ahora han sido limitados los esfuerzos en esta dirección en ambos ámbitos. En lo nacional, suele haber un discurso que exhalta la relevancia de la familia para la sociedad y su carácter de pilar de la sociedad, pero son restringidas las materializaciones de ese discurso en términos de políticas consistentes de largo plazo. Con pocas excepciones, se observan marcados vacíos en este campo.

En el campo de la cooperación internacional, han crecido fuertemente en los últimos años los programas orientados a objetivos sociales, y entre ellos a educación, pero en lo relativo a familia, son limitados los que abordan sistemáticamente su problemática como tal, y plantean un esquema de conjunto para enfrentar los difíciles desafíos que hoy enfrentan las unidades familiares en vastos sectores del tejido social de la región.

En ambos niveles nacionales y de cooperación internacional parecieran existir las mejores intenciones respecto a apoyar a la familia, pero hay una marcada brecha entre ellas, el diseño y puesta en marcha de políticas de fondo.

Buscando los objetivos mencionados de llamar la atención sobre la necesidad de profundizar la investigación sobre la familia, inquietar sobre la urgencia de formular políticas orgánicas, y analizar las intersecciones entre pobreza, familia y educación, el trabajo recorre varios momentos de análisis. En un primer momento se realizan algunas reflexiones sobre roles relevantes que esta desempeñando la familia en las sociedades actuales. Luego se incursiona en algunos efectos de la pobreza y la inequidad sobre la familia en América Latina. A continuación se indagan ciertos impactos de ambos sobre la escuela en la región. Por último se extraen algunas conclusiones hacia el futuro.