25 de Septiembre de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 2
Título: 1998

ARTICULO

No es ningún secreto para el lector de la obra de Mario Vargas Llosa que Lituma —personaje reconocido principalmente como el Sargento y uno de los inconquistables en La casa verde (1966)— se ha convertido en “demonio” de este gran novelista.1 Desde la inicial e insignificante aparición de Lituma en el cuento “Un visitante” (1959), y su desarrollo en La casa verde, este personaje ha pasado discretamente y, a veces hasta inadvertido, por La tía Julia y el escribidor (1977), Historia de Mayta (1984), y La Chunga (1986), convirtiéndose últimamente en personaje principal en ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986), y más aún en la novela que lleva su nombre Lituma en los Andes (1993).

Aunque algunos estudiosos de la obra de Vargas Llosa como José Miguel Oviedo, R.A. Kerr, Antonio Penuel y J.J. Armas Marcelo, entre otros, han mencionado la presencia de Lituma en las obras de Vargas Llosa, no se ha hecho un estudio detallado de la biografía de Lituma que se desarrolla a través de sus numerosas apariciones.2 El propósito de este ensayo es, por lo tanto, esclarecer la función de Lituma como personaje recurrente o, según la terminología de Vargas Llosa, como “vaso comunicante”.

Para Vargas Llosa, la técnica narrativa de los “vasos comunicantes” “[c]onsiste en asociar dentro de una unidad narrativa acontecimientos, personajes, situaciones, que ocurren en tiempos o en lugares distintos; consiste en asociar o en fundir dichos acontecimientos, personajes, situaciones” (LN 22). Los “vasos comunicantes” sirven, por consiguiente, para crear y estructurar un mundo o una realidad nueva empleando elementos que ya se conocían y que funcionaban a su propio nivel. En su nuevo contexto, los elementos viejos yuxtapuestos a los nuevos le dan a la materia otra significación e importancia de la que tuvo anteriormente.

Para entender mejor el papel de Lituma es imprescindible consultar los ensayos críticos de Vargas Llosa.3 En ellos, Vargas Llosa reconoce abiertamente que su metodología y concepción literaria son muy personales. No obstante, analiza específicamente el arte narrativo de escritores con quienes comparte no solamente su afán totalizador sino también su proyecto narrativo. Como punto de partida tomaré las conclusiones a las que llega Vargas Llosa en García Márquez: Historia de un deicidio (1971), sobre el mundo cerrado de Macondo y el método narrativo del Premio Nobel colombiano. En su análisis de las fuentes literarias de García Márquez, Vargas Llosa declara lo siguiente:
La deuda mayor de Macondo con Yoknapatawpha, de García Márquez con Faulkner es más de designio que de método narrativo. La obra de García Márquez aspira a contar, a lo largo de todas las instancias, una sola historia. En su realidad ficticia, escenarios, personajes, símbolos, pasan de ficción a ficción cumpliendo en cada una funciones distintas, revelando cada vez nuevos sentidos y rasgos, esclareciendo de modo gradual su naturaleza, y, por ello, cada nuevo cuento o novela constituye un enriquecimiento y una corrección de las ficciones anteriores, y, a la inversa, éstas modifican también, siempre, a las posteriores. Esta unidad ‘material’, cuyo paradigma decimonónico es La comédie humaine, y cuyo remoto antecedente son las sagas caballerescas medievales, es el gran designio faulkneriano que sirvió a García Márquez de estímulo y ejemplo para establecer su propio proyecto narrativo. (GMHD 142)
Aunque Vargas Llosa afirma que el más remoto antecedente de este método o proyecto narrativo son las sagas caballerescas, Honoré de Balzac es el primero en desarrollar este plan y aplicar conscientemente la metodología para realizarlo. Según Laure Surville, la hermana de Balzac, aproximadamente en el año 1833, Balzac concibió la idea genial de enlazar sus novelas a través de personajes recurrentes para crear una totalidad más compleja, teoría que puso a la práctica por primera vez en Le père goriot en 1834 (Kanes 92). Balzac siguió dos procedimientos en particular; primero hizo a personajes de una novela aparecer en otra, y, segundo, para ampliar el número de conocidos, añadió, o, a veces, cambió los nombres de ciertos personajes en las nuevas ediciones de sus novelas (Canfield 8). Este método, aunque no infalible y sin crítica, le dio la unidad al París de La comédie humaine.

García Márquez, tanto como el mismo Vargas Llosa, claramente usa ciertos personajes para enlazar sus obras, así creando un mundo más complejo y real. El mundo de García Márquez y sus personajes es el Macondo que nace y se destruye en Cien años de soledad (1969). Según anota Vargas Llosa:
Cien años de soledad no es solamente la suma coherente (en un sentido ancho) de todos los materiales precedentes de la realidad ficticia: lo que para la novela aporta es más rico, en cantidad y calidad, que aquello de lo cual se apodera. La integración de materiales nuevos y antiguos es tan perfecta que el inventario de asuntos y personajes retomados de la obra anterior da una remotísima idea de lo que esta construcción verbal es en sí misma: la descripción de una realidad ‘total’. Cien años de soledad es autosuficiente porque agota un mundo. (GMHD 495-496)
Los personajes de García Márquez son la esencia de Macondo: nacen, viven y mueren allí. Las historias que aparecen en La hojarasca (1955), “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo” (1955), y en algunos de los cuentos en Los funerales de la Mamá Grande (1962), etc., están desarrolladas más a fondo en estas obras. Sin embargo, existen ya en sí como partes íntegras de la “realidad ficticia” de Cien años de soledad.

El mundo narrativo de Vargas Llosa no tiene principio ni fin como el Macondo de García Márquez. Sus personajes se mueven a través de un espacio más diverso, aunque en el caso de Lituma, sí limitado al Perú —Santa María de Nieva, Piura, Talara, Naccos, etc. En cada destino nuevo, Lituma se asocia a personajes distintos pero, a la vez, revive experiencias que “comunican” a los personajes de las otras novelas a su realidad presente por medio de los recuerdos. Es decir, el mundo de Lituma, tanto como el de la realidad narrativa de Vargas Llosa, se amplía mientras retrocede a tomar los personajes desarrollados en obras anteriores. En algunos de esos momentos se esclarecen aspectos de la realidad personal de Lituma y la de los personajes mencionados, mientras que en otras, la apariencia no es de gran consecuencia, y únicamente sirve de “vaso comunicante” entre una obra y otra. Ejemplo de este tipo de recurrencia es el papel menor de Lituma en La tía Julia y el escribidor y en Historia de Mayta. Lituma se convierte en personaje de un radioteatro de Pedro Camacho y en uno de los guardias que captura a Mayta. En ninguno de los dos casos, su apariencia añade dimensión al personaje. En contraste, en Lituma en los Andes no solamente se amplía el mundo de Lituma, sino que se resuelven algunos misterios o “datos escondidos” que surgieron en obras como La casa verde y La Chunga.4

La primera aparición del sargento Lituma es en el cuento “Un visitante”, recogido en la colección Los jefes (1959). Su papel es de poca importancia aunque sí es curioso que sea el único guardia a quien se le nombra directamente. Del teniente encargado de los guardias tenemos una descripción física —“es pequeño y rechoncho” (107)— sin embargo, nadie se refiere a él con su nombre, sino sólo con el título “teniente”. El sargento Lituma cumple con las órdenes del teniente: amarra a Numa, busca los caballos, sube a Numa al caballo y se monta tras él. Lituma y los otros guardias se ríen al dejar al Jamaiquino a manos de los compañeros de Numa, y siguen su camino con el prisionero a Piura. La participación de Lituma en la acción pasaría desapercibida si no fuera, entonces, por el hecho que al nombrarlo se le distingue de los otros guardias.

En La casa verde (1966), novela clave no solamente en la producción literaria de Vargas Llosa sino en la evolución del Sargento, Lituma se convierte en uno de los personajes principales en dos de las cinco historias presentadas en el texto: la de Bonifacia y la de la Mangachería y los inconquistables. En estas dos historias se desarrollan algunas de las experiencias fundamentales del pasado y del futuro de Lituma respectivamente. Las recurrencias de Lituma en las otras obras de Vargas Llosa partirán del pasado presentado en La casa verde para ampliar la realidad profesional y personal de este personaje, la cual resultará en el futuro también expuesto en dicha novela.

Las dos historias se mantienen separadas mediante el uso del “dato escondido”. El Sargento y Bonifacia forman parte de la historia de Bonifacia mientras que Lituma y la Selvática comprenden la de los inconquistables. No es hasta que descubrimos que el Sargento es Lituma y Bonifacia es la Selvática que las dos historias convergen en una.

La novela comienza “in medias res” con el Sargento en la selva —zona de Santa María de Nieva en el Alto Marañón— al mando de un grupo de guardias: el Oscuro, el Pesado, el Rubio, el Chiquito y el práctico Nieves que los acompaña. Andan en busca de aguarunas, según las órdenes del teniente, para llevárselas a las monjas de la Misión donde serán cristianizadas y educadas para servir de domésticas en la ciudad.

El Sargento es un “cholo” del barrio pobre de la Mangachería en Piura. De joven se había enrolado en la Guardia Civil para no morirse de hambre. Para esta época “llevaba diez años en el cuerpo” (CV 124). Se hace amigo del práctico Nieves, el cual lo invita a su casa y le presenta a Bonifacia, una aguaruna educada con las monjas que vive con él y Lalita. Nieves le confiesa que Lalita “quiere casarlo con Bonifacia” (CV 148), hecho que ocurrirá después. El Sargento les cuenta que había estado a punto de casarse anteriormente con una mujer llamada Lira —la cual no se volverá a mencionar en futuras obras— pero cuando lo trasladaron de Piura, terminó el romance porque ella no lo quería seguir.

Aunque el Sargento se considera “hombre derecho, un buen cristiano” (CV 149), viola a Bonifacia una noche cuando la encuentra sola. A pesar de sus acciones, parece que verdaderamente la quiere y terminan casándose en la Misión. El Sargento pide su traslado a Piura donde se incorpora a su viejo grupo, los inconquistables. Empieza a maltratar a Bonifacia, insultándola y dándole cachetadas delante de sus amigos. El Sargento, ya identificado como Lituma, sigue de guardia, y es el único del grupo que trabaja. Cuando Lituma no está presente, Josefino, uno de los inconquistables, flirtea con Bonifacia con el fin de hacerla su mujer un día —indicio de lo que ocurrirá. Todos frecuentan el bar de la Chunga donde una noche Seminario provoca una pelea con Lituma y los inconquistables. Para poder determinar quién es más hombre y resolver la discusión, Lituma desafía a Seminario con un juego de ruleta rusa. Lituma jugará en nombre del Teniente Cipriano y Seminario en nombre de su tío Chápiro Seminario. Seminario muere y, como consecuencia, a Lituma se lo llevan a la penitenciaría en Lima.

Bonifacia, embarazada y sin dinero, termina en manos de Josefino, que la seduce y la convence de que la quiere. Aborta el hijo de Lituma y Josefino la convierte en la Selvática, prostituta en el bar de la Chunga. Mientras está en la cárcel Lituma no tiene noticias de Bonifacia ni de sus amigos los inconquistables. Bonifacia no le escribe en todo el tiempo que estuvo encarcelado. Los inconquistables tampoco le escriben para informarle de lo que había ocurrido porque, según le explican “Ya tenías bastante, encerrado lejos de tu tierra. ¿Para qué íbamos a amargarte más la vida, colega? No se dan esas noticias a uno que anda fregado” (CV 107).

Diez años después, cumplida su condena, Lituma regresa a la Mangachería de civil y se emborracha con sus amigos. Al saber lo que ha ocurrido durante su ausencia, Lituma se venga de Josefino y de la Selvática. Se siente traicionado por todos, y llora de angustia, tristeza y de furia. Ante esta situación, por falta de carácter, de esperanza, o quizás por descaro, Lituma se acomoda a la vida de vago con sus amigos, todos mantenidos por los ingresos de la Selvática.

La biografía del sargento Lituma que se narra en La casa verde es, por lo tanto, bastante detallada aunque no se presentan fechas específicas de los eventos. Se encuentran muchos de los antecedentes de Lituma: su juventud con los inconquistables, su enrolamiento en la Guardia Civil, su vida en Santa María de Nieva, su matrimonio con Bonifacia, su encarcelamiento y su regreso a la Mangachería diez años después. La novela termina con un Lituma que ha perdido el honor personal y profesional que, hasta cierto punto, había tenido en sus años de guardia civil. No trabaja, sigue bebiendo con sus amigos en el bar de la Chunga y acepta que la mujer con quien se había casado trabaje de prostituta para mantenerlo a él y a sus primos. La novela documenta la triste e inevitable caída de Lituma. Luis Loayza resume la caracterización de Lituma y su mundo así:
Lituma es débil, incapaz de perdonar, de salvar a su mujer, de salvarse a sí mismo. No hay en la historia de los inconquistables grandes pasiones o hazañas. Vargas Llosa los presenta con buen humor, sin predicar lecciones de moral. (138)
Es sorprendente ver, entonces, que aunque la historia de Lituma parece completa, a Vargas Llosa le quedó la duda de que hubiera utilizado los personajes a fondo. Comenta lo siguiente al respecto:
Yo tenía unos personajes, de la segunda novela que escribí, La casa verde, un grupo de vagos, bohemios, de la periferia de la ciudad de Piura, que se llamaban a sí mismos ‘los inconquistables’, situados al borde de la bohemia y la criminalidad. En La casa verde aparecen en segundo plano y a mí me siguieron asediando, como si no los hubiera aprovechado en esa novela. (Monleón 28)
Con el destino de Lituma ya determinado en La casa verde, Vargas Llosa encuentra materia adicional para exorcizar sus “demonios” en el pasado de Lituma de guardia civil, antes de que fuera destinado a Santa María de Nieva y, por último, a Piura. Sin embargo, a pesar de que veremos cómo Lituma se convierte, poco a poco, en protagonista, las recurrencias de Lituma en otras obras no añaden dimensión a su personaje. Es el mismo Lituma que conocemos en La casa verde, quizás más joven e ingenuo, pero el mismo. Vargas Llosa lo usa hábilmente en sus obras como instrumento y portavoz de las ideas o de la problemática de la novela —la corrupción, la superstición, el fanatismo, la injusticia, etc., pero como personaje no crece, no cambia, no se gana una mayor simpatía del lector. No llega a ser un verdadero héroe literario. El que el sargento Lituma de La casa verde sea el mismo que aparece en ¿Quién mató a Palomino Molero? y Lituma en los Andes no tiene gran efecto en la manera en que nos acercamos a la lectura. Aunque el lector reconozca el nombre del protagonista, Lituma no es un personaje que cause gran emoción ni entusiasmo. El resultado de la obra probablemente sería el mismo si se presentara a otro personaje en lugar de Lituma. La reaparición de Lituma es, más que nada, una técnica artificial que Vargas Llosa utiliza para enlazar sus obras y presentar un panorama más completo de la caótica realidad del Perú.

Vargas Llosa mismo parece sugerirle al lector que no se tome muy en serio las recurrencias de Lituma, ya que claramente juega con ellas en los radioteatros de Pedro Camacho en La tía Julia y el escribidor. Hasta la publicación de esta novela en 1977, Lituma sólo había aparecido en “Un visitante” y en La casa verde. Sin embargo, Vargas Llosa nos anuncia sus intenciones al metaforsear a Lituma en casi todos los radioteatros de Camacho. Lituma asedia a Camacho de tal manera que en su creciente confusión y locura el sargento (Hipólito) Lituma, destinado a la Cuarta Comisaría del Callao de la Guardia Civil en el radioteatro de las diez se convierte en el juez del de las cuatro (TJE 283), en ex-curandero, en ex-guardia civil, en el acompañante del hombre del Chirimoyo (TJE 307-313), en “el terror del hampa chalaca” (TJE 323), en capitán Lituma (TJE 353), en la madre Lituma (TJE 391), en el párroco Gumercindo Lituma (TJE 394), en sor Lituma (TJE 398), y finalmente en el guardia Lituma (TJE 399).

Como si las recurrencias de Lituma no fueran suficiente para alertar al lector a este juego narrativo, en dos ocasiones en la novela se describe el procedimiento que Camacho, tanto como Vargas Llosa novelista, están utilizando. Cuando Pedro Camacho le confiesa su problema, Varguitas trata de tranquilizarlo explicándole que ésa es una técnica innovadora:
Hablé de la Vanguardia, de la experimentación, cité o inventé autores que le aseguré, eran la sensación de Europa porque hacían innovaciones parecidas a las suyas: cambiar la identidad de los personajes en el curso de la historia para mantener suspenso al lector. (TJE 290)
Más adelante, Varguitas escucha una conversación sobre lo que está ocurriendo en los radioteatros. Un joven acicalado le dice a una muchacha: “No te he dicho que eso de pasar personajes de una historia a otra lo inventó Balzac?” (TJE 329).

Vargas Llosa no solamente explica sus fuentes y procedimientos en la novela, sino que se parodia a sí mismo en los radioteatros de Pedro Camacho. Si para los radio-oyentes los radioteatros de Camacho se han convertido en un “chiste” (TJE 329) por las recurrencias y saltos de los personajes de un radioteatro a otro, ¿por qué insiste Vargas Llosa en hacer lo mismo en sus propias obras? No es válido decir —al igual que Pedro Camacho— “Yo no las mezclo, se mezclan. Cuando me doy cuenta, es tarde. Hay que hacer malabares para volverlos adonde corresponde, para explicar sus mudanzas” (TJE 290). Vargas Llosa está “comunicando” sus obras al igual que lo hizo con los mundos de la ciudad y del Colegio Leoncio Prado en La ciudad y los perros y las cinco historias en La casa verde. No obstante, parece que reconoce que ésta es una técnica artificiosa y, a pesar de que la seguirá utilizando, en La tía Julia y el escribidor le está diciendo al lector que es un “chiste”, que no le dé mucha importancia a las recurrencias de sus personajes. No es, entonces, una técnica innovadora para él, una manera de alcanzar un mayor realismo en sus obras como lo fue para Balzac, sino un juego narrativo en el que Vargas Llosa convierte al lector conocedor de sus obras en su cómplice.

Después de este “striptease literario”, Vargas Llosa continúa poniendo en práctica su plan. En Historia de Mayta (1984), el papel de Lituma es tan secundario como lo fue en “Un visitante”. Sin embargo, dando por descontado que éste es el mismo Lituma, esta recurrencia presenta un momento anterior en el pasado de Lituma a la captura de Numa en “Un visitante”, y a La casa verde. El rango de Lituma es solamente “cabo”, no sargento, y en este caso, como se repetirá en ¿Quién mató a Palomino Molero?, está a las órdenes del teniente Silva. En el departamento de Junín, en la ciudad serrana de Jauja, los guardias, después de varios tiroteos, capturan a Mayta y a los participantes del levantamiento. Aunque el hecho verdadero “ocurrió en Jauja en mayo de 1962”, en la novela no hay referencias específicas a la fecha (“La nueva” 28). El teniente le ordena al cabo Lituma que registre a los muchachos (HM 301). Mientras cumple la orden, Lituma sermonea a Perico Temoche “preguntándole si no le daba vergüenza convertirse en ‘abigeo’ siendo apenas ‘un churre’” (HM 302). Esta recurrencia de Lituma es breve y de poca consecuencia. Sin embargo, sirve para presentar a la pareja —el teniente Silva y el cabo Lituma— que se convertirán en protagonistas en ¿Quién mató a Palomino Molero?

Antes de pasar a esta novela, es necesario analizar la pieza de teatro La Chunga, puesto que hay algunas referencias a personajes y hechos que se mencionarán en ambas novelas ¿Quién mató a Palomino Molero? y Lituma en los Andes.

En la introducción a la obra Vargas Llosa resume la trama de la siguiente manera:
En los alrededores del Estadio de Piura, ciudad rodeada de arenales en el Norte del Perú, la Chunga, una mujer que regenta un barcito de gentes pobres y dudosas, ve entrar una noche a Josefino, uno de los clientes del lugar, con su última conquista: Meche, mujercita de formas duras y rasgos atractivos. La Chunga queda instantáneamente prendada. Josefino, para divertirse con sus amigos —un grupo de vagos que se llaman a sí mismos los inconquistables— incita a Meche a provocar a la Chunga. Para seguir jugando, alquila a Meche a la Chunga y ésta y aquélla pasan el resto de la noche juntas, en el cuartito de la Chunga, contiguo al bar. ¿Qué ocurrió entre ambas? Porque luego de esa noche, Meche desapareció y no se ha vuelto a saber más de ella. La obra empieza mucho tiempo después de aquel suceso. En la misma mesa del bar, jugando siempre a los dados, los inconquistables tratan en vano de arrancar a la Chunga el secreto de lo sucedido. Como no lo consiguen, lo inventan. (LC 3)
El papel de Lituma es, una vez más, secundario. Sin embargo, advertimos su interés por Meche. La ve como mujer con la que se “casaría” (LC 47). También especula sobre la desaparición de Meche —al estilo de policía o detective, papel que se desarrollará más a fondo en ¿Quién mató a Palomino Molero? y Lituma en los Andes. Cuestiona a Josefino sobre la posibilidad de que éste la matara por celos o porque estaba furioso sobre sus pérdidas de esa noche (LC 63-64).

En la Escena V: “Un amor romántico”, del Segundo Acto, Lituma representa sus fantasías en cuanto a Meche. Se pone nervioso al hablarle y le confiesa que las únicas mujeres con las que ha pasado tiempo son “las polillas de la Casa Verde” (LC 71). Se humilla ante ella, le besa los pies, intenta impresionarla con groserías, y hasta le dice que mataría a su amigo Josefino si fuera necesario. Ha estado enamorado de ella desde que la vio por primera vez en el Río-Bar (LC 73). Le pide que se case con él y le promete que la tratará bien, que trabajará, que cambiará. Deciden fugarse a Lima esa misma noche.

Las fantasías de cada uno de los inconquistables se representan en el escenario. No obstante, no se descubre, en esta obra, por lo menos, lo que verdaderamente le ocurrió a Meche. La obra concluye con un “dato escondido en hipérbaton” que no se resolverá hasta Lituma en los Andes. Sin embargo, sí vemos a un Lituma algo “romántico” y soñador, que fantasea sobre una posible relación con Meche. La Chunga nos sirve, entonces, para establecer el vínculo entre Lituma y Meche, y mejor entender las referencias a Meche en las siguientes obras, ya que en ellas, no se explican a fondo los antecedentes de esta obsesión.

En ¿Quién mató a Palomino Molero? tenemos el intento por parte de la pareja de guardias civiles —el teniente Silva y Lituma— de averiguar la verdadera versión del asesinato de Palomino Molero. A Lituma se le caracteriza como sentimental, impresionable y algo miedoso. Su admiración hacia el teniente Silva se nota en la manera en que Lituma estudia las técnicas de interrogación del teniente. Lituma parece ser novato, ya que a menudo se desconcentra y todo le parece confuso. Con frecuencia encontramos a Lituma fantaseando sobre el sexo y las relaciones románticas entre el teniente Silva y doña Adriana, y entre Palomino y Alicia, aspecto que ya surgió en La Chunga y que se repetirá en Lituma en los Andes.

Aunque el destino de Lituma es fuera de Piura, cerca de la ciudad de Talara, en sus días libres regresa a Piura y se reúne con los inconquistables en el barcito de la Chunga. Por si acaso el lector no conoce a estos personajes de las obras anteriores, hay algunos puntos que se aclaran como forma de introducción: quiénes son los inconquistables y la Chunga; en qué consiste el barrio de la Mangachería; y la razón por la que Lituma se hizo guardia.

Aquí hay cierto fallo en la técnica de personajes recurrentes, puesto que esta información resulta repetitiva e innecesaria para los seguidores de la obra de Vargas Llosa. Estos lectores ya conocen el mundo de Lituma y de los inconquistables a fondo. En vez de retroceder y resumir información ya conocida, se tendría que continuar con la trama asumiendo que el lector tiene los datos necesarios para reconstruir la realidad ficticia por su cuenta. Sin embargo, Vargas Llosa parece ver el peligro de este método. Se preocupa por el lector nuevo y presenta, aunque escuetamente, los antecedentes de estos personajes.

A diferencia de las obras anteriores, en ¿Quién mató a Palomino Molero? tenemos un marco temporal específico. Por medio del uso del expediente militar de Palomino, se presenta la fecha de la llegada de Palomino a “la Base Aérea de Talara el 15 de enero de 1954 [...]. Desapareció de la Base en la noche del 23 al 24 de marzo” (QPM 36). Estas fechas nos ayudan a precisar no solamente la muerte de Palomino, sino también la biografía de Lituma, ya que en las otras obras no hay fechas específicas. Se puede especular, por lo tanto, que Lituma se enroló en la Guardia Civil aproximadamente en 1953. Estuvo de guardia civil unos diez años. Pasa otros diez años en la cárcel en Lima y se vuelve a incorporar a su vida de “inconquistable” en la Mangachería a mediados de los años 1970. Para esa época tendría unos 45 años.

El Lituma “romántico” se asoma en esta obra también. Al pensar en el amor que Palomino tendría por Alicia, Lituma confiesa: “Nunca he sentido un amor así [...]. Ni siquiera esa vez que me enamoré de Meche, la querida de Josefino” (QPM 103). En este momento a Lituma le preocupa el no haber sentido el verdadero amor y piensa que es consecuencia de haber pasado tanto tiempo con prostitutas. Sin embargo, es difícil enternecerse por las palabras de Lituma aunque le acababa de rodar una lágrima por la mejilla. El conocimiento proporcionado por La casa verde es, hasta cierto punto, obstáculo para el lector conocedor de la obra de Vargas Llosa, puesto que éste sabe lo que ocurrirá en el futuro amoroso de Lituma. En La Chunga se nos presenta a Meche, y la fantasía “romántica” de Lituma de escaparse con ella. Este es un amor que nunca llega a materializarse sino solamente en la imaginación de Lituma. Si verdaderamente estaba enamorado de Meche, según nos lo confiesa, no fue capaz de actuar. El romántico sentimental de La Chunga y de ¿Quién mató a Palomino Molero? se convierte en el que viola y después se aprovecha de Bonifacia/la Selvática en La casa verde. Aunque se casa con ella supuestamente por amor, el sentimentalismo que Vargas Llosa le atribuye a Lituma en su juventud, parece reemplazarse más bien con celos, maltratos y la necesidad de probar su machismo ante sus amigos y la sociedad en general. Quizás sí sea verdad que Lituma es incapaz de sentir el amor. Por lo menos así parece cuando tenemos en cuenta el Lituma en el que se convierte en La casa verde.

El hecho que el lector conocedor de las obras de Vargas Llosa tiene más conocimiento del personaje que el personaje mismo, se puede tomar como obstáculo, ya que el Lituma de esta novela no corresponde al de La casa verde. La biografía de Lituma se cuenta retrospectivamente con cada recurrencia del personaje. Sin embargo, el enfoque de cada secuencia en la que aparece Lituma no parece ser el contarnos sus experiencias para que entendamos mejor al personaje. Lituma es más bien un instrumento curioso que Vargas Llosa utiliza para desarrollar la acción en la novela.

En su estudio sobre Balzac, Anthony Pugh señala lo siguiente en cuanto al peligro de la técnica de los personajes recurrentes:
[...] by deciding, after he had already written several pages of his manuscript, that his main characters should be the same as someone already presented at a later stage in his career, Balzac developed the most dynamic—and also, potentially, the most dangerous—use for his new technique. He would not necessarily be bound by the portrayal of characters already known to his reading public; he could show them at different stages, and leave it to his readers to convert the two images. (462)
Vargas Llosa cae en el peligro, en este caso, de dejar a sus lectores conectar las imágenes del Lituma romántico, sentimental de ¿Quién mató a Palomino Molero? con el “inconquistable” resentido, borracho que vive de la prostitución de su esposa en La casa verde. El hecho de que no se le preste atención a la evolución de Lituma señala la artificialidad de la técnica. Vargas Llosa lo hace reaparecer no solamente porque le facilita la presentación de la temática de la novela —la precariedad de la verdad, la crítica contra la institución militar— sino porque se ha propuesto enlazar su mundo ficticio al igual que Balzac y García Márquez.

Al final de ¿Quién mató a Palomino Molero? nadie cree el informe del teniente Silva y Lituma sobre la muerte de Palomino. Como resultado de su esfuerzo por aclarar los detalles del crimen a Lituma lo trasladan a un destino peor, a la sierra de Junín, lejos de Piura y de los inconquistables. Aunque no se menciona el destino del teniente Silva, sabemos que los dos terminan juntos en Junín, puesto que en Historia de Mayta se desplazan a Jauja donde le ponen fin a la insurrección y capturan a Mayta.

En Lituma en los Andes, como el título sugiere, Lituma está en un medio ambiente muy distinto al suyo. El lugar —un campamento minero en la sierra central andina— tanto como la problemática de la región, lo afectan fuertemente. En esta novela, más que en todas las anteriores, Lituma se convierte en vehículo nostálgico del propio novelista. Vargas Llosa dice al respecto:
[...] he volcado mi propia experiencia en el cabo Lituma, que recuerda a Piura como un paraíso que perdió, sobre todo porque se encuentra en un medio [los Andes] tan absolutamente esotérico, que parece otra cultura y otro país. (García 28)
Añade como explicación:
Subir de la costa, de la orilla del mar, a los Andes es cambiar no sólo de geografía, sino de cultura, de idiosincracia y de psicología. He querido reflejar los distintos países que conviven dentro de las fronteras del país. (García 28)
Además de tener que acostumbrarse al lugar, Lituma tiene que enfrentarse a diario a las supersticiones, los mitos, las creencias, las costumbres, etc., de la gente que tiene a su alrededor. Lituma no es solamente “cholo” —ya en sí despreciado por muchos— sino que tiene la desventaja adicional de ser “costeño” en la sierra. Es una situación difícil en la que Lituma sufre grandemente y con frecuencia cuestiona su destino:
¿Qué hacía en medio de la puna, entre serruchos hoscos y desconfiados que se mataban por la política y, para colmo, desaparecían? ¿Por qué no estaba en su tierra? Se imaginó rodeado de cervezas en el Río-Bar, entre los inconquistables, sus compinches de toda la vida, en una cálida noche piurana con estrellas, valses y olor a cabras y algorrobos. Un arrebato de tristeza le destempló los dientes. (LA 14-15)
El rango de Lituma es aún “cabo”. Sin embargo, ya no está a las órdenes del teniente Silva. Ahora es el Jefe del Puesto de la Guardia Civil en Naccos y tiene a su mando un adjunto, el guardia Tomás Carreño. Se puede decir, entonces, que los papeles en esta novela han cambiado, aunque hasta cierto punto, son los mismos. Siguiendo el estilo policíaco de ¿Quién mató a Palomino Molero?, Lituma hace el papel del teniente Silva, ya que es él que dirige la investigación, y Tomasito tiene el papel que anteriormente le había correspondido a Lituma, o sea, el de detective novato. Los guardias investigan —con incontables obstáculos— la misteriosa desaparición de tres hombres: Pedrito Tinoco, Albino Huarcaya y Demetrio Chanca.

La zona es tierra de Sendero Luminoso, y se sugiere desde el principio que los terroristas son los causantes de las desapariciones. Antes de seguir, hay que señalar que Sendero Luminoso no se fundó hasta 1970, y más aún, no empezó su guerra armada hasta los años 1980. Vargas Llosa no solamente saca a Lituma de su medio ambiente, sino que curiosamente lo hace protagonista de una etapa en la historia del Perú moderno que cronológicamente no le puede corresponder a lo que hasta ahora se ha desarrollado de su biografía literaria.

Se hace claro, entonces, que Lituma es sólo un instrumento para Vargas Llosa. Al igual que lo transformó en los radioteatros de Pedro Camacho, en esta novela, lo utiliza para presentarnos la realidad peruana sin importarle en lo más mínimo las incoherencias que obviamente existen. Vargas Llosa disfruta tanto de su personaje preferido como del juego con sus lectores.

Es de interés anotar, sin embargo, que aunque se detallan algunas de las atrocidades cometidas por Sendero Luminoso —la muerte de la joven pareja de turistas franceses, la “petite” Michèle y Albert, y la de la conocida ecologista, la señora d’Harcourt, entre otras— Lituma no está convencido de que las desapariciones fueran obra de los “terrucos”. Es hecho conocido que “Sendero no tiraba a la gente a los socavones, dejaba los cadáveres a plena luz, para que lo supiera el mundo entero” (LA 103).

Lituma sigue la investigación a su manera, de vez en cuando, pensando en lo que “hubiera hecho el teniente Silva, allá en Talara” (LA 103). Tales referencias a su último destino sirven de nexo entre las dos novelas ¿Quién mató a Palomino Molero? y Lituma en los Andes. Las novelas también se parecen en la estructura, ya que se alterna entre la narración de episodios que tienen que ver con la investigación y la de la historia de amor entre Tomasito y Mercedes. En ambas novelas, las aventuras amorosas —sean las del teniente Silva y doña Adriana, Palomino y Alicia o la de Tomasito y Mercedes— sirven de contrapunto a la violencia, a las mentiras y a la corrupción a las que se tienen que enfrentar los guardias diariamente en su búsqueda de la verdad.

Es específicamente en los momentos por la noche cuando Lituma insiste impacientemente en que Tomasito le cuente los pormenores de su relación con Mercedes que se van extendiendo y entrelazando los “vasos comunicantes” entre esta novela y las anteriores recurrencias de Lituma. Al hablar de sus relaciones amorosas, Lituma le confiesa a Tomasito —al igual que a Meche en La Chunga y al teniente Silva en ¿Quién mató a Palomino Molero?— que sólo había estado con las “polillas” de la Casa Verde y añade: “nunca he llegado al extremo de matarme por una mujer” (LA 144). Por falta de experiencias propias, Lituma se excita con las “confesiones sentimentales” de Tomasito y, a menudo, es algo grosero en cuanto a sus comentarios y fantasías eróticas.

No es hasta que Tomasito le cuenta que a Mercedes “una vez [la] jugaron a los dados” (LA 192), que Lituma empieza a sospechar que la Mercedes de Tomasito puede ser Meche, la amiga de Josefino de la que él se había enamorado perdidamente según su fantasía en La Chunga. La información que se presenta sobre Mercedes —sus relaciones con el Chancho y Tomasito— contestan, hasta cierto punto, lo que quedó como “dato escondido en hipérbaton” en La Chunga. Aunque la Chunga no les llega a decir a los inconquistables lo que había ocurrido con Meche, en Lituma en los Andes, Tomasito le cuenta a Lituma que Meche se escapó y trabajó en un show donde conoció al Chancho, quien le hizo regalos y le propuso ponerle un apartamento. Su vida le iba bastante bien hasta que Tomasito mató al Chancho en Pucallpa, protegiéndola así del supuesto maltrato de éste (LA 192-195).

Cuando Mercedes aparece en el Puesto en busca de Tomasito, Lituma tiene “la sensación de haberla conocido, o, por lo menos, visto” (LA 288). Se pregunta emocionado: “¿Era la Mechita? ¿Era ella?” (LA 289). Afirma entonces: “Sí, era la que Josefino alquiló a la Chunga por una noche, la que luego desapareció. La Mechita” (LA 289). Sin embargo, Lituma no habla con ella del tema, y el hecho de que fuera o no fuera Meche, al final no parece ser de gran consecuencia. Es una coincidencia interesante que sirve más bien para resolver el misterio de la desaparición de Meche. No parece tener el efecto que debería en Lituma si en algún momento verdaderamente estuvo enamorado de ella.

Tomasito regresa al Puesto con las instrucciones de la comandancia. Como el huayco había destrozado el trabajo en la carretera, y habían despedido a los trabajadores, no era necesario que los guardias siguieran en Naccos. Al “cabo” Lituma lo ascienden a “sargento”, y lo destinan a “Santa María de Nieva de jefe de puesto” (LA 292). Esta información sirve principalmente de “vaso comunicante” entre esta novela y La casa verde. Es interesante ver la reacción de Lituma ante esta noticia. No se pone contento porque, aunque al fin se podrá ir de Naccos, no sabe dónde queda su nuevo destino. Es Tomasito el que le explica que Santa María de Nieva está en “la selva, por el Alto Marañón” (LA 293). Entonces, como si fuera para hacer hincapié en la mala suerte de Lituma, Tomasito le dice que a él le ha tocado Piura.

Lituma se va para el bar de Dionisio y doña Adriana con el propósito de emborracharse. A pesar de que se da cuenta de que había pasado demasiado tiempo tratando de resolver el misterio de los desaparecidos, aprovecha lo que sería su última ocasión en Naccos para intentar sacarle la información a un borracho que estaba allí esa noche, “[n]o para enviar ningún parte a la comandancia de Huancayo. No por el servicio. Sólo por curiosidad” (LA 308).

La novela termina con la conversación entre los dos. El borracho al fin le confiesa que lo peor no fue matarlos, ya que todos tenemos que morir, sino “lo otro” (LA 310). Ese “otro” es aun para Lituma, difícil de creer, de escuchar la “verdad” que tanto había buscado. Habría sido mejor quedarse sospechando y no saber el salvajismo y el fanatismo del que fueron capaces Dionisio, doña Adriana y los otros culpables de la desaparición de Pedrito Tinoco, Albino Huarcaya y Demetrio Chanca.

Con Lituma en los Andes Vargas Llosa parece completar la saga de Lituma. El cabo Lituma se encuentra con su destino ya presentado en La casa verde. Será ahora el Sargento que captura a las aguarunas en Santa María de Nieva, el que viola y se casa con Bonifacia, el que pasa diez años en la cárcel en Lima, y el que finalmente escoge la vida de vago, de inconquistable, hundiéndose así en el alcohol y la explotación de la Selvática.

La incursión en el pasado de Lituma no constituye “un enriquecimiento y una corrección de ficciones anteriores” (GMHD 142). La casa verde, ya en sí, comprendía desde el principio, la totalidad no solamente del mundo de Lituma sino de Lituma mismo. En resumidas cuentas, las numerosas recurrencias de Lituma en La tía Julia y el escribidor, Historia de Mayta, La Chunga, ¿Quién mató a Palomino Molero? y Lituma en los Andes, sólo han añadido información anecdótica en cuanto a su pasado, específicamente, a los 10 años que pasó de guardia civil. Estas obras no son una continuación de su vida en la Mangachería después de su regreso de la cárcel. Tampoco se puede decir que sirvan para completar al personaje, ya que el desarrollo de Lituma como personaje no parece haber sido en ningún momento el verdadero propósito de Vargas Llosa. En ninguna obra se llega a conocer a Lituma más a fondo que en La casa verde, y aún así, según señala José Miguel Oviedo, el lector “no llega a creer del todo que el Sargento y Lituma sean una sola persona, sencillamente porque son dos naturalezas humanas cuya transición resulta forzada en los términos planteados por el autor” (184). Tampoco se puede afirmar que sus experiencias en Jauja, Talara o Naccos sirvan para aclararle al lector las acciones del Lituma que desde un principio conocimos en La casa verde.

Lo que Luis Harss acertadamente declaró sobre las imágenes de Lituma en La casa verde, se puede aplicar a las recurrencias de este mismo personaje a través de la obra de Vargas Llosa. Para que existan contrastes, tiene que haber contacto verdadero entre las imágenes. Tienen que “reflejarse mutuamente en algún momento y de alguna manera” (458). Sin embargo, esto no ocurre porque, según Harss, Lituma es “un personaje compuesto enteramente de superficies, sin un centro de gravedad. Lituma es un lugar, no una persona” (458).

Como conclusión, se puede decir que la técnica de los “vasos comunicantes”, o sea, en este caso, de los personajes recurrentes, no es innovadora ni de gran consecuencia. No es que las obras en su totalidad sufran significativamente por las recurrencias de Lituma, sino que el uso de esta técnica tampoco realza su valor literario. Lituma no es, ni más ni menos, que un instrumento conveniente que Vargas Llosa utiliza no solamente para entrelazar gran parte de su mundo narrativo, sino para presentar a través de un portavoz conocido, la decadencia y la violencia que ha existido y que aún existe en la realidad histórica, política y social del Perú. Lituma en los Andes es la última pieza que hasta ahora tenemos del mundo ficticio de Lituma, según hemos visto en las obras “Un visitante”, La casa verde, La tía Julia y el escribidor, Historia de Mayta, La Chunga, y ¿Quién mató a Palomino Molero? Es difícil saber si Vargas Llosa ha exorcizado todos los demonios que lo han atormentado en cuanto a este personaje o si con esta última novela ha agotado ese mundo narrativo que se propuso crear al entrelazar los personajes de novela en novela. Sin embargo, lo que sí se hace evidente con la publicación de Los cuadernos de don Rigoberto (1997), es que Vargas Llosa continúa su exploración y experimentación con la técnica de los personajes recurrentes. Esta reciente novela es un nuevo capítulo en la vida de don Rigoberto, doña Lucrecia y Fonchito —ya conocidos en Elogio de la madrastra (1988).

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