21 de Enero de 2018
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Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 2
Título: 1998

Las revistas culturales de la transición: Disidencia y consenso

La particular fracturación del campo intelectual producida por la dictadura militar hizo que en el campo de las revistas culturales y literarias la reflexión sobre los nuevos lugares de la política y la cultura se realizara bajo el signo de la separación —en el caso de los exiliados— y del aislamiento o, por lo menos, de la escasa comunicación entre las publicaciones del país y de éstas con las del exilio. Teniendo en cuenta este contexto, es posible reconstruir un itinerario con los principales núcleos significativos que se registran en las publicaciones culturales argentinas en torno a la problemática que estudiamos.

La censura y las condiciones represivas para el análisis crítico de la situación nacional retrasaron dentro del país un debate que en el exilio se tornó condición indispensable a la hora de elaborar una nueva agenda cultural. De allí que Controversia (1979-1981), desde México, comience abiertamente este análisis en su primer número albergando dentro de él tanto a los intelectuales y escritores provenientes de la izquierda como del peronismo. Este mismo debate es retomado en el país un tiempo después, aunque por separado, por Punto de Vista (1978-), Nova Arte (1978-80), El Ornitorrinco (1977-1987) y El Porteño (1982-1993) en la izquierda del campo, y que comparte con el sector nacional popular con las revistas Crear (1980-1984) y Unidos (1983-). Hasta la instauración del gobierno democrático estas son las revistas que concentran —con mayor o menor intensidad— los análisis previos y contemporáneos a la democratización.

La revista Controversia para el análisis de la realidad argentina editó 14 números entre 1979 y 1981 en la ciudad de México. Su director fue Jorge Tula y su Consejo de Redacción estuvo formado por José Aricó, Carlos Abalo, Sergio Bufano, Rubén Caletti, Nicolás Casullo, Ricardo Nudelman, Juan Carlos Portantiero, Héctor Schmucler y Oscar Terán. La convocatoria esta hecha tanto a intelectuales de la izquierda como peronistas que tenían algo en común: el reconocimiento de la derrota como punto de partida para una reflexión crítica.13 La recomposición pasa por la autocrítica no sólo del accionar sino de los instrumentos teóricos que sostuvieron ese accionar: “es necesario —afirma el editorial del Nº 1— discutir incluso aquellos supuestos que creímos adquiridos de una vez y para siempre para una teoría y práctica radicalmente transformadora de la sociedad”. Podría decirse que se está frente a un doble pasaje: en el momento en que la izquierda sufre una crisis de los modelos de transición al socialismo, los intelectuales argentinos provenientes de esa matriz ideológica deben pensar los modos de transición de un régimen dictatorial a uno democrático. Este doble juego sumultáneo es el que genera las discusiones sobre la crisis del marxismo, el análisis de la izquierda argentina y latinoamericana, la problemática del peronismo, la democratizacion y la redefinición del intelectual frente a ella, el exilio y la literatura, entre las principales.

A la luz de la crisis del marxismo y del análisis de la situación argentina, la mayoría de  los  escritores  de  la  izquierda  abandonan los  conceptos  nucleares del  marxismo-leninismo e indagan nuevas formas de relación entre socialismo y democracia, buscando una alternativa que se oponga al capitalismo pero que no obture la instancia democrática. En algunos casos, esta actitud sólo avanza hacia un reformismo de perfil socialdemócrata. En otras intervenciones, en cambio, se vislumbra una indagación más complejizada por el contexto latinoamericano y específicamente argentino. Cada vez más se consolida la idea de que el socialismo sólo se sostendrá en el futuro si, a través de un giro democratizador, incorpora la complejidad de la que está compuesta la sociedad actual.

Para los escritores peronistas de Controversia, el tema no es menos sencillo. Implica repensar, en principio, la relación democracia-movimiento popular. Para Nicolás Casullo, por ejemplo, el movimiento popular se presenta desde su inicio en un eje de enfrentamiento, a contrapelo de la “institucionalidad” democrática, pero al mismo tiempo inscribe “una nueva configuración política para la democracia”. Las masas peronistas desde el momento mismo de su constitución como fuerza política tienen conciencia de que las formas democráticas que emanan de ellas (el gremialismo, unidades básicas, congresos estudiantiles, asambleas de fábrica, etc.) no se generaron ni desarrollaron en el “juego democrático” propio de la democracia liberal, de allí su persistente relativización. Recíprocamente, el sistema político rechaza y deslegitimiza a estas formas de lo democrático popular.14 La tarea que se plantean los intelectuales peronistas de Controversia es pensar y reivindicar el peronismo como movimiento popular democrático sin pasar por el modelo político formal pero, al mismo tiempo, sin considerar a la democracia como instancia sorteable, como lo propuso el peronismo revolucionario. La tarea de reflexión intelectual de Controversia en este punto gira en torno a la reformulación democrática del peronismo.

El esfuerzo de la revista por revisar las relaciones que la democracia tuvo con el liberalismo, con el movimiento nacional popular y con el socialismo en Argentina, está en estrecha relación con la intención de reubicar la función intelectual dentro de esta redefinición. Controversia dejó de publicarse en 1981. Peronistas y socialistas, comenzada la transición, alinearon sus problemáticas en sus ámbitos más específicos y hasta opuestos. Por entonces, se atisbaban los primeros intentos de debate de la misma problemática en el periodismo cultural escrito en el país.

En el entramado de revistas culturales que constituyeron la zona de disidencia intelectual a la dictadura militar dentro del país, Punto de Vista se destaca como su eje principal. Este protagonismo le permitió cumplir con una doble función: por un lado posibilitó una continuidad cultural vital en un contexto interno de incomunicación y censura y, por el otro, funcionó como un importador cultural que reprocesa zonas ideológicas ausentes de la cultura institucionalizada por el régimen, como un renovador de discursos teóricos, literarios, históricos, sociológicos, cuya sóla presencia en la revista significaban una clara intervención político-ideológica.

Los doce primeros números —hasta 1981— pueden pensarse según esta estrategia. Al producirse el aflojamiento progresivo de la censura, la revista estuvo en condiciones de expandir esta función y conectarse con las discusiones de las revistas del exilio, principalmente con Controversia. Pero hay algo que diferencia a Punto de Vista tanto de aquélla como de las revistas culturales publicadas en el país durante el período. Mientras las otras priorizan el análisis estrictamente político y cultural, hacen encuestas a escritores, etc., Punto de Vista, “habla de otra cosa”. Su intención no se dirige a tematizar estos aspectos —que, sin embargo, no están lejos de sus preocupaciones— sino a poner en circulación otros discursos, desde la crítica cultural y la teoría literaria a la reflexión sociológica y la historia cultural, que en sí mismos impliquen una opción intelectual refractaria a los discursos autoritarios, no sólo políticos sino propiamente culturales. Campea por la revista la idea de que hay que volver a depositar en los discursos intelectuales la confianza que durante el proceso de politización de la cultura de los años 60-70 se les había arrebatado en nombre de consignas antiintelectualistas. Se torna posible, entonces, tener una intervención política progresista y de resistencia en la esfera pública desde este tipo de discurso, no fuera de ellos.

La revista que dirije Beatriz Sarlo inicia una segunda etapa a partir de 1981 en coincidencia con la apertura política.15 Como a Contorno, a Punto de Vista la mueve el propósito  de   revisar  la   tradición cultural argentina según nuevas claves ideológico-estéticas; podría afirmarse que Punto de Vista completa el ciclo de Contorno, incorporando para la cultura de izquierda aquellas zonas de la literatura que Contorno no leyó: Borges, principalmente, la vanguardia, la revista Sur, entre otras. Construido sobre la base de un fuerte cuestionamiento al canon realista, una revalorización de los discursos intelectuales y del lenguaje literario como lugar en donde sí se dirime el valor de la literatura, el sistema de intervenciones de Punto de Vista se ampliará a vastas zonas de la cultura argentina que la izquierda había confrontado, obviado o interpretado dogmáticamente hasta entonces.

En medio de esta empresa, la revista decide abrir un considerable espacio a artículos sobre la relación del intelectual con la política y, en particular, con el proceso democratizador. El número posterior a la guerra de Malvinas inicia una serie de artículos que, desde la historia o la teoría política, rondan esta problemática “precisamente porque, como afirma Carlos Altamirano en nombre del Consejo de Dirección: “la cuestión nacional” está actualmente ligada a la “cuestión democrática” de modo que “ninguna puede resolverse verdaderamente sin la otra”.16 La apertura democrática será también el tema de dos editoriales de 1983. El primero, preelectoral, advierte sobre la necesidad de transformar la cultura política argentina y democratizarla. En un gesto similar al de Controversia la revista abandona la idea instrumental de la democracia: “Hoy, en la Argentina, la democratización es una meta”, afirman. Hay, además, una conciencia de que el cambio implica para la izquierda una operación de “democratización” de los modos, en muchos casos intolerantes, con los cuales hasta no hace mucho la izquierda intelectual condujo sus discusiones.17 En el segundo editorial, posterior a las elecciones, la reconstrucción de la cultura argentina en clave democrática es tomada como una tarea prioritaria para los escritores de Punto de Vista. En otro aspecto que también la acerca a Controversia, la revista plantea que tal reconstrucción es posible sólo a través del análisis crítico y autocrítico del pasado inmediato, “condición indispensable para la producción de una izquierda que no sucumba a la doble y deformante tensión hacia el populismo y el dogmatismo”.18

En virtud de esta ubicación Punto de Vista se tensionará tanto con las revistas de la izquierda que aún sostienen sus posiciones desde el marxismo leninismo, como con las publicaciones del peronismo que todavía mantienen las posturas del viejo populismo de los 70. Si bien no existe una “polémica” en el sentido formal del término, la tensión es evidente. La revista se unirá, en cambio, a los miembros de Controversia y en 1984 formarán el Club de Cultura Socialista que durante los años de la transición se transformó en el lugar de debate de esta problemática dentro de la izquierda.

A diferencia de la izquierda —que enfrenta su crisis en los momentos preliminares de la transición—, la zona de la cultura vinculada al peronismo retrasa la actualización de sus problemáticas y hay que esperar a la autocrítica generada a partir de la derrota del partido justicialista en las elecciones generales de 1983 para encontrar planteos que no remitan solamente a los moldeados por la línea nacional hasta 1976. La misma actitud de resistencia al régimen contribuyó a que los tópicos propios del campo nacional hegemonizado por el peronismo se endurecieran en torno a consignas que a partir de 1984 algunos intelectuales peronistas propondrán discutir.

Quisiéramos ejemplificar este pasaje, esta transición, con dos revistas: Crear (1980-1984)19 y Unidos (1983-). Crear surge con los primeros signos de flexibilización del gobierno militar como una de las tantas revistas culturales que buscaban generar espacios de difusión de zonas de la cultura marginada. Esta dirigida por Oscar Castellucci, y tiene un equipo de colaboradores diferentes de número a número. La definición de la revista como un “proyecto militante de cultura nacional y popular” es puesta de manifiesto tanto en la temática de los artículos y los artistas seleccionados como en el contenido de los editoriales. Crear no es una revista de discusión intelectual del modo en que lo son Punto de Vista y Controversia; es más bien una publicación que opera sobre la coyuntura con el intento de evaluarla desde la perspectiva de un nacionalismo cultural que no ha renovado aún sus planteos y cuyos esfuerzos se dirigen más a oponerse desde un esencialismo cultural a todo tipo de enajenación del “pensamiento nacional” que a bucear en las complejidades que este pensamiento supondría.20

El discurso de Crear —representativo de toda la zona del populismo— es claramente un discurso de resistencia que el contexto de la dictadura contribuyó a sustentar como articulación opositora. Pero su consistencia de bloque de ideas ya cristalizadas no generó instrumentos teóricos para procesar los profundos cambios operados en la sociedad y, por tanto, tampoco produjo un debate dentro de su propio campo. Hacer la revista es parte de una militancia en la difusión y mantenimiento de un elenco de ideas, no en su cuestionamiento. Comenzada la transición, este discurso dualista, epifánico, propio del nacionalismo cultural a ultranza, entra en crisis. Tampoco se verifica en él ningún tipo de revisión con respecto a la ubicación del intelectual sino que conserva la polarización tradicional del peronismo, fuertemente anclado en las ideas de Jauretche y Hernández Arregui. Crear adscribe y propone una idea del intelectual militante “nacional y popular”, con fuerte carga de antiintelectualismo, en un momento en que gran cantidad de intelectuales estaban verificando el fracaso de esta idea. A medida que se acerca la salida institucional, el enfrentamiento de Crear hace un arco desde la derecha a la izquierda que, para sus redactores, son dos variantes del mismo pensamiento “liberal”.

Con el último número de 1983, la revista acusa recibo de la derrota electoral del peronismo, llama a la autocrítica y exige la renuncia de la cúpula y la reorganización democrática del partido. Al mismo tiempo, inicia una nueva etapa en la que se propone como prioridad reforzar los postulados doctrinarios del “Proyecto Nacional” de Perón. Esto corresponde a un significativo cambio de subtítulo de la revista, que pasará a llamarse desde ese número 16, Crear para el proyecto nacional, con la misma Dirección y un Consejo de Redacción formado por Domingo Arcomano, Alejandro Guetti, Eduardo Romano y Oscar Sbarra Mitre. Precisamente en ese número, un artículo de Nicolás Casullo abre a la revista a los temas de debate de la transición. Es significativo que sea la única intervención del autor en la revista la que introduzca planteos que años antes habían circulado en Controversia, de la cual formó parte. Casullo postula en “Debate en el peronismo: ¿Una política para la cultura o un planteo cultural de la política nacional?” pensar una nueva forma de relacionar política y cultura que permita romper con dos ideas: la que desde la política confiere un lugar específico a la cultura (y desde allí elabora “políticas culturales” para ese sector restringido), y la que se conforma con “politizar la cultura, sin entender que lo que le viene desde la política a esa esfera cultural es la máxima manifestación de la cultura”.21 Para Casullo es clave elaborar una nueva relación entre estos dos términos porque de ello depende que en el debate cultural del momento entren temas que, como el de la transición democrática, permitan pensar la política como una operación cultural. El reclamo que Casullo dirige al peronismo se basa en que éste, por sus características de Movimiento Nacional, es el único que puede, una vez actualizados los nuevos reacomodamientos de las tendencias que hoy definen la crisis mundial, “asumir una concepción cultural del proyecto político democrático transformador de la Argentina”. Aquí se halla una diferencia importante de Casullo con la revista: para el primero, en el proceso de reformulación de las tradiciones políticas que está produciéndose durante la transición, la redefinición del peronismo es central. Esta idea encontrará una mayor inserción en Unidos, donde el autor colaborará asiduamente.

Crear entra en 1984 en su último año de edición. La revista dedica la mayoría de los artículos del año al análisis de la crisis del peronismo, a la exigencia de la renuncia de su cúpula y a la demanda de una democratización interna. Estos temas comparten el espacio con la crítica al alfonsinismo, especialmente a su consideración de la democracia.22 En los últimos números, Crear se opone frontalmente a dos zonas: por un lado, a las posiciones de la izquierda intelectual reformista que acabamos de caracterizar y, por otro, al sector del peronismo que se acerca a ellos. Domingo Arcomano no sólo critica al sector de intelectuales socialistas (vinculados a “la fritanga socialdemócrata que se destila desde Punto de Vista”) sino también a los peronistas (José Pablo Feinmann, por ejemplo) que acercaron su pensamiento al marxismo y que hoy lo reemplazan por un “sarampión democrático”.23 Crear dejará trunco su debate. Su desaparición hasta 1987 en que reaparece en otro momento del pensamiento peronista, le impidió formar parte de las discusiones que precisamente se abrirían a partir de 1984. Otra publicación del peronismo sintonizará la problemática y la hará suya: habiendo comenzado tímidamente con un número en 1983, Unidos será, sin embargo, una revista del período de la consolidación democrática.

[INDICE] [INTRODUCCION] [LAS REVISTAS CULTURALES DE LA TRANSICIÓN: DISIDENCIA Y CONSENSO] [LAS REVISTAS CULTURALES DURANTE LA CONSOLIDACIÓN DEMOCRÁTICA: TENSIONES Y RECOLOCACIONES] [NOTAS]