22 de Abril de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 2
Título: 1998

I
Hoy, la censura es el mercado.
—George Steiner

Me propongo a partir de estas notas críticas, trazar un mapa de lectura y un primer diagrama cognitivo sobre la producción narrativa de los escritores argentinos que hoy rondan entre los 30 y 45 años, examinando algunos ejes problemáticos relevantes.1

La competencia entre algunas casas editoriales en alianza con algunos suplementos culturales capitalinos ha desatado un peculiar enfrentamiento por la legitimidad, el prestigio cultural y la conquista de espacios en la llamada “industria cultural”.2 A su vez, equipos de editores, periodistas y críticos de ciertas revistas culturales desarrollan una atención especial por los libros de autores amigos o del mismo grupo de pertenencia intelectual, por la difusión de los productos culturales puestos en circulación por las casas editoriales a las que se hallan vinculados contractualmente o por la difusión de las preferencias literarias de los mismos escritores. También, subsidios de fundaciones culturales y becas internacionales apoyan y financian a los “nuevos” escritores.3

En una sociedad del espectáculo, dominada por la ratio coyuntural y el auge del acontecimiento, el prestigio se calibra muchas veces por sus efectos: por el éxito en el mercado o por la presencia en los principales medios de divulgación masiva. Los medios y el mercado para estos jóvenes narradores se convierten en los escenarios privilegiados de la polémica y la legitimación cultural. Estas nuevas “tribus” o microsociedades de “autobombo” han desplazado la política a las relaciones que mantienen con el mercado, a las tácticas de ingreso en la máquina omnívora de la industria cultural o a la colaboración en los suplementos culturales hoy en disputa. Lucha de intereses a la que no son ajenos los editores y asesores editoriales, los llamados “periodistas culturales”, jóvenes críticos o mediadores de lectura y las instituciones del saber literario —universidades, escuelas y otras “academias”.4 Asimismo, estas “sociedades de autobombo” (ver Schuking 1960, 44-6) muchas veces son artífices privilegiadas del diseño y de la configuración de los espacios del debate cultural en la coyuntura e inciden deliberadamente en la división del mercado de bienes simbólicos. En este sentido, los debates y polémicas que recorren los encuentros de escritores, organizados por fundaciones culturales o por las casas editoriales dominantes en la actualidad y difundidas por el llamado “periodismo cultural” dan cuenta del estado actual de la relación de los escritores con el mercado, la industria cultural y los virtuales receptores. En muchos casos, los debates literarios tienen más que ver con aquello que Roland Barthes (1987, 135-139) denominó como goce histérico: una forma de teatralización de show de réplicas y agresiones, de doxas y contradoxas para la consagración cultural o el éxito en el mercado.5

Retomo. La solidaridad e interacción dinámica de los diversos agentes del campo cultural, la relación entre escritores, críticos y periodistas culturales, organiza y construye los nuevos grupos o “tribus” literarias. Mejor aún, de “novedades” que el mercado necesita para el consumo. En este sentido, las poéticas narrativas actuales muchas veces se definen por su relación con el mercado; o mejor aún, el mercado diseña una cartografía de opciones y enfrentamientos. Pero también, las prácticas literarias son formas de lucha, políticas de legitimación dentro del campo cultural.

Sabemos con Pierre Bordieu (1971, 135-182) que desde que el editor reemplazó en el siglo XVIII al mecenas, la autonomía del arte es siempre relativa a las demandas del mercado.6 Los escritores son colocados a partir de la Modernidad en situación de competencia y la antigua diferencia entre valor literario y valor mercantil se hace cada vez más estrecha.

Entonces ¿nuevos en qué sentido? ¿novedad para la capilla de editores, asesores editoriales y amigos? ¿nuevas poéticas o poéticas del efecto? Nuevo o novedad, en el sentido que le da a esta palabra el Marketing, se liga a la etiqueta que el mercado ofrece a los virtuales consumidores. Pero, si la categoría de lo nuevo se asocia a aquellas producciones estéticas que producen un verdadero corte y ruptura con la tradición literaria, a “lo históricamente necesario”, me temo que la categoría cae por deflación o por primeriza.

[INDICE] [I] [II] [III] [IV] [NOTAS] [BIBLIOGRAFÍA]