22 de Abril de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 2
Título: 1998

NOTAS

1. El corpus narrativo observado es el siguiente: Sergio Bizio, Infierno albino (1992); Martín Caparrós, Ansay o los infortunios de la gloria (1984); La noche anterior (1990) y El tercer cuerpo (1990); Sergio Chefjec, Moral (1990) y El aire (1992); Carlos Eduardo Feiling, El agua electrizada (1992) y Un poeta nacional (1993); Juan Forn, Nadar de noche (1991); Rodrigo Fresán, Historia Argentina (1991) y Vida de santos (1993); Daniel Guebel, La perla del emperador (1990) y Los elementales (1992); Jorge Lanata, Polaroids (1992); Alan Pauls, El pudor del pornógrafo y El coloquio; Guillermo Saccomanno, Bajo Bandera (1991) y Animales domésticos (1994).
2. Me refiero principalmente a la Editorial Sudamericana, colección Narrativas Argentinas, Planeta, colección Biblioteca del Sur y Emecé, colección Escritores Argentinos, y otras menores como Juan Genovese Editor o Beatriz Viterbo. Las dos primeras editoriales se hallan asociadas estratégicamente a dos de los principales suplementos literarios capitalinos, respectivamente al Suplemento Cultura y Nación del diario Clarín, bajo la dirección de Marcelo Pichón Riviere y Primer Plano de Pagina/12 que comienza a publicarse en 1991, bajo la dirección de Tomás Eloy Martínez.
3. Tomemos en consideración algunos ejemplos. Luis Chitarroni como asesor de la editorial Sudamericana, crítico del suplemento literario Primer Plano de Pagina/12 y divulgador de algunos escritores amigos, integrantes de la ex revista de crítica de libros Babel (1988-1990) y del ex grupo autodenominado “Shangai” (Caparrós, Guebel, Pauls entre otros); Guillermo Saavedra, asesor de la colección Alfaguaras Literaturas y crítico de la columna “El mirador” del suplemento cultural del Clarín; Juan Forn, escritor perteneciente al otro grupo literario en disputa y editor de la Editorial Planeta; su amigo el escritor Rodrigo Fresán, columnista de Primer Plano y del Suplemento Joven de Página/12. También me refiero entre otras a las fundaciones culturales pertenenecientes a algunos de los principales grupos económicos del país. Como la fundación Antorchas del grupo económico Bunge Born, la fundación del Banco Patricios de Buenos Aires o la regenteada por la prominente empresaria del cemento de Loma Negra, Provincia de Buenos Aires, Amalita Lacroze de Fortabat.
4. También las preferencias ingresan a la Universidad. Guebel, Pauls y Feiling son invitados en 1991 a debatir con los alumnos de la cátedra de Literatura Argentina de la Universidad Nacional de Buenos Aires.
5. Ver a modo ejemplo, los debates y polémicas entabladas entre la anterior promoción de escritores (Abelardo Castillo, Ricardo Piglia, Luís Guzmán, Juan Carlos Martini, Eduardo Belgrano Rawson, Ana María Shúa, Héctor Libertella) con algunos de los representantes de la llamada “joven” narrativa (Martín Caparrós, Matilde Sanchez, Sergio Bizzio, Daniel Guebel, Sylvia Iparraguirre) en una reunión de escritores desarrollada en la ciudad de Pinamar y reproducida en: Gabriela Saidón, ed. Encuentro del bosque. La Argentina como escenario. Primera Reunión de narradores Argentinos en el Hotel del Bosque de Pinamar (Buenos Aires: Sudamericana, 1993).
6. Cuando estaba revisando estas mínimas líneas, hallé un interesante análisis sobre la cuestión de la incidencia del mercado, tanto en la configuración artística como en el destino de la circulación social de las producciones estéticas en la actualidad. Para una mejor comprensión del fenómeno véase Beatríz Sarlo: “El relativismo absoluto o cómo el mercado y la sociología reflexionan sobre estética”, Punto de vista 48 (Abril de 1994): 27-31.
7. Nicolás Rosa aporta algunas reflexiones sobre estos nuevos modos de lectura. Sobre la cultura del zapping nos dice: “Frente a la consola y el microprocesador, frente al televisor computarizado, aparece una verdadera fiesta, un shopping cultural, donde se le ofrecen al lector nuevos recorridos, itinerarios inquietantes para que transite a través del control remoto, una verdadera hecatombe de fragmentos, una lógica del disloque, un texto trozado de piezas provenientes de imaginarios diferentes, una descomposición de géneros: el zapping como lectura, como una verdadera lectura delincuente. Hoy se lee poco pero se lee más vorazmente, más encarnizadamente”. Véase Nicolás Rosa, Artefacto (Rosario: Beatríz Viterbo, 1992). 35 y ss. Habría que estudiar por ejemplo, las relaciones entre la sintaxis que produce la llamada cultura del zapping y la sintaxis narrativa presente en los textos de Rodrigo Fresán.
8. Véase el excelente libro sobre la vanguardia de Peter Bürger (1987); y también, un reciente artículo del autor, donde retoma ciertas reflexiones sobre la crisis de las llamadas vanguardias históricos pero en el contexto del actual debate de la Modernidad/Posmodernidad. V. Bürger (1993: 40-48).
9. Véase J. L. Borges (1974) y Macedonio Fernández (1975 y 1988).

[INDICE] [I] [II] [III] [IV] [NOTAS] [BIBLIOGRAFÍA]