21 de Julio de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1
Título: 1998

NOTAS

1. Esta es la fecha en que se celebró en la Ciudad de México un coloquio de importantes figuras del mundo intelectual y político. Paz exigió que se le invitara, pero luego de haber sido invitado, acusó al gobierno de apoyar un evento claramente político (i.e. de izquierda). En esta ocasión, Paz da fin a su amistad de cuatro décadas con Carlos Fuentes; también rompe su relación con José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska. En una conferencia sobre literatura mexicana celebrada en la Universidad de Pennsylvania el mes de noviembre de 1992, éstos últimos se negaron rotundamente a hablar sobre lo acontecido en el coloquio. Sobre la influencia de Octavio Paz en el mundo literario y político de México en los últimos años, consúltese la reseña de Williams.
2. En su artículo sobre los dictámenes críticos de Octavio Paz acerca de la poesía mexicana, lo escrito por Phillips bien pudiera aplicarse a casi toda la crítica literaria paciana: “Paz has never proposed arranging Mexican poetry in a systematic or systemized history” (54). Ello no significa, sin embargo, que no pueda estudiarse su producción crítico-literaria de forma sistemática. Dicho estudio es posible y hasta necesario dada su importancia en el mundo de las letras hispanoamericanas.
3. Novedades (9 de junio de 1943), 4.
4. “Poesía e historia Laurel y nosotros”, ensayo que aparece en la primera parte de Sombras de obras, Paz ofrece una interesante visión retrospectiva de la composición de Laurel: antología de la poesía moderna en lengua española. En él sigue vigente su admiración por esta antología. Según Paz, Laurel “contiene algunos de los mejores poemas de los mejores poetas de nuestra lengua” (56). Al respecto, véase asimismo Xavier Villaurrutia en persona y en obra, 16.
5. Decir que Paz prefiere el “crítico total” al “crítico especializado”, como quiere Alejandro Paternain, no explica suficientemente el asunto (Paternain 629).
6. “El teatro de Xavier Villaurrutia” (Primeras letras 228-29).
7. Entre éstas se encuentran algunos de los siguientes ensayos: “Pablo Neruda en el corazón” (Primeras letras 143-52), “El mar (Elegía y esperanza)” (Primeras letras 163-67, sobre la poesía de León Felipe), y “Sabor eterno” (Primeras letras 179-80, reseña de un libro de poemas de Emilio Ballagas). Sorprende que Paz no le preste atención a otros autores latinoamericanos del momento. Efectivamente, pasarán algunos años antes de que aluda a Borges, Vallejo, Huidrobo, y otros poetas conocidos.
8. Al respecto véase también “Octavio Paz y la literatura nacional”, de Luis Leal, publicado meses antes que Phillips publicara su artículo. Para una visión general de la crítica de Octavio Paz en el campo de las letras, consúltese la tesis inédita de Mary Farakos. \
9. Ello se hace patente esencialmente en su primer ensayo, “Ética del artista”, escrito en 1931 y publicado en Barandal, tomo 2, número 5 (1-5). Al respecto véase el libro de Ojeda (97).
10. Anthony Stanton ofrece un lúcido estudio sobre la estética paciana de estos años; para ello toma en cuenta varios de los ensayos y reseñas que aparecen en Primeras letras; en particular, presta atención a las Vigilias: diario de un soñador.
11. Véase Needleman (11).
12. Bernard afirma lo siguiente respecto al idearium paciano de estos años: “Paz ...enthusiastically adopted the liberal ideas current in Mexico and professed a Marxism which was more a Romantic humanitarianism than a political position.” Al contrario de Neruda y Vallejo, Paz no se hizo nunca miembro del partido comunista.
13. Sobre la relación Paz-Taller, consúltese la tesis inédita de Gordon Stillman, “Octavio Paz y la generación de Taller”. Paz mismo se refiere a la generación de Taller en su ensayo “Antevíspera: Taller (1938-1941)”, incluido en la primera parte de Sombras de obras.
14. La reseña lleva por título “Pablo Neruda en el corazón” (Primeras letras 143-52). José Mancisidor, un conocido crítico de la época, responde negativamente a la reseña de Paz; lo acusa de ofrecer un cuadro demasiado pesimista de lo que estaba ocurriendo en España (44-46). Paz se refiere a las desaveniencias entre él y Neruda en “Poesía e historia Laurel y nosotros” [Sombras de obras 51-56]).
15. Interesante a este respecto es lo que escribiera en Vigilias I, publicado en Taller en 1938. En estas líneas queda bastante clara su fe en el lenguaje: “Mañana nadie escribirá poemas, ni soñará músicas, porque nuestros actos, nuestro ser, en libertad, serán como poemas” (Primeras letras 70).
16. También se toca el tema en “Poesía y mitología. Novela y mito” (1942 [Primeras letras 282-90]), “Realismo y poesía” (Primeras letras 327-29]) y “El corazón de la poesía” (1943 [Primeras letras 352-54]).
17. Este estudio analiza solamente algunos ensayos de la crítica literaria. No obstante, el joven crítico también escribió artículos relacionados con la cultura, la política y la historia. Entre los más significativos para un estudio de los primeros pasos del crítico de la cultura, se encuentran los siguientes: “Americanidad en España” (1943 [Primeras letras 153-56]), “El vacilón” (1943 [Primeras letras 307-309]), “Don nadie y Ninguno” (1943 [Primeras letras 310-11]), “El arte de vestir pulgas” (1943 [Primeras letras 318-20]), “Los caballeros águilas (1943 [Primeras letras 321-23]), y “Sobre la moral” (1943 [Primeras letras 359-61]).
18. El primer ensayo consagrado única y exclusivamente a López Velarde, es “El lenguaje de López Velarde”, publicado primero en la revista Novedades (el 5 de marzo de 1950) y reproducido posteriormente en la primera parte de Las peras del olmo. Su más lúcido estudio sobre la obra del poeta, empero, es “El camino de la pasión”, uno de los cuatro ensayos de Cuadrivio (1965) que aparece por vez primera en la Revista Mexicana de Literatura en 1963.
19. En el transcurso de su carrera, Paz se ha expresado en términos laudatorios sobre la importancia de esta generación. Consúltense las entrevistas de Rodolfo Alcaraz (30) y Claude Fell (171-89) al respecto. No existe, que yo sepa, un estudio dedicado específicamente a la relación Paz-Contemporáneos. Sobre los que reprochaban el carácter “apolítico” de los de Contemporáneos, consúltese el texto de E. J. Mullen (16, 25-26, 28). Véanse asimismo el estudio de Frank Dauster (5) y el más reciente de Sergio Fernández.
20. Se titula “Cultura de la muerte” y aparece en el número 47 de la revista Sur (1938), 81-85.
21. Uno de éstos es Manuel José Othón, a cuya obra se refiere en más de una ocasión. Véase, por ejemplo, “Manuel José Othón, Breve antología lírica”, incluido en Primeras letras (222-23).
22. Pero no es el último. En Las peras del olmo aparece “La poesía de Carlos Pellicer” (75-83).
23. En Las peras del olmo publica Paz uno de los más lúcidos ensayos sobre el libro de poemas más conocido de Gorostiza (84-91).
24. Estos aparecen originalmente en las siguientes revistas: “Invitación a la novela” Taller 6 (1939), 66-68; “Mundo de perdición”, Taller 11 (1940), 65-69; y “Una nueva novela mexicana”, Sur 105 (1943), 93-96. Sobre la relación Paz-novela mexicana, consúltese el ensayo de Luis Leal “Octavio Paz y la novela mexicana”. La mayor parte de este artículo está dedicada a las aseveraciones críticas concernientes a los novelistas posrevolucionarios (Fuentes, Yáñez, Elizondo, etc).
25. En 1962 sus opiniones sobre la novela de la Revolución seguían siendo negativas. Claude Couffon le preguntó ese año: “¿Cuál es ... la importancia de los llamados novelistas de la Revolución? Pienso concretamente en Martín Luis Guzmán, en Mariano Azuela y, aún más joven, en Rafael Felipe Muñoz”. Paz respondió así: “No niego la importancia histórica, por decirlo así, de estos novelistas; pero, en el fondo, no me interesan. Martín Luis Guzmán, Azuela y Muñoz son novelistas naturalistas que describieron, en calidad de testigos, con gran maestría, la sociedad mejicana enfrentada con la revolución. A título de documentos, sus obras tienen una importancia capital. Pero para los escritores de mi generación, para mí, no abren ningún camino” (Couffon 75).