23 de Enero de 2018
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Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1
Título: 1998

PUNTO DE VISTA, LA PERSISTENTE MIRADA INTELECTUAL

ROXANA PATIÑO
University of Maryland
College Park, Maryland, U.S.A.


El rico entramado que conforman las revistas literarias y culturales de América Latina durante el siglo XX  es una de las fuentes privilegiadas para recorrer las principales líneas de pensamiento del continente.  Con la vehemencia de las vanguardias o en la intimidad del cenáculo, los intelectuales y artistas expusieron en ellas los núcleos ideológico-estéticos que conforman la cultura latinoamericana del siglo XX y expresan sus principales tensiones.  El caso de la cultura argentina de las últimas décadas es tal vez uno de los más nítidos. En una sociedad  en la que política y cultura han tenido un entrelazamiento tan estrecho como traumático, y en la que los intelectuales han tenido una débil inserción en sus instituciones (estatales, académicas, etc.), las revistas han tenido un papel clave: la creación de un espacio independiente de enunciación de sus discursos. Un espacio irreductible a la censura y el autoritarismo durante los años de la dictadura; un espacio de generación de ideas y de debates sobre la relación de la cultura con el  nuevo orden democrático durante los años de la transición; un lugar de reflexión crítica durante estos últimos años de profundas transformaciones  en el mundo y en nuestro continente,  que indaga obsesivamente en  las problemáticas que desafían estos tiempos inciertos del fin de siglo.

Punto de Vista (1978-continúa), es seguramente la revista que puede dar cabal cuenta de este proceso de la cultura argentina en las últimas dos décadas.  Nacida en los tiempos más duros de la dictadura militar (1976-1983), subtitulada “Revista de cultura”, no es —nunca se propuso ser—  una revista vinculada a las instituciones. Fue desde sus difíciles inicios la expresión libre de un grupo o formación intelectual de izquierda que registró, junto con los cambios en la sociedad y cultura argentinas, sus propios procesos de transformación.  Podría decirse que los 61 números de la revista son la exposición de ese proceso. Dirigida por Beatriz Sarlo, la publicación cuenta con un Consejo de Dirección actual conformado por Carlos Altamirano, Adrián Gorelik, María Teresa Gramuglio, Hilda Sábato y Hugo Vezzeti. Edita tres números al año con una inusitada regularidad en el azaroso terreno de las publicaciones periódicas culturales.

Podrían diferenciarse tres etapas en Punto de Vista. La primera (entre 1978 y 1983)  la ubica en el entramado de las revistas culturales que surgen y se desarrollan como modo de oposición a la dictadura.  En esta etapa sus redactores esgrimieron las típicas estrategias de sobrevivencia: usaron velados sistemas de alusiones,  escribieron muchas veces con seudónimos y el primer editorial —aquél  que por primera vez refrendaba un “nosotros”— se publicó en el número 12 de 1981. Se constituía además un Consejo de Dirección compuesto por C. Altamirano, M.T. Gramuglio, R. Piglia, B. Sarlo y H. Vezzetti)  y se producía un cambio de dirección: de Jorge Sevilla a Beatriz Sarlo quien continuará hasta el presente.  Pero mientras el grueso de las revistas intentaba la denuncia, Punto de Vista “ hablaba de otra cosa”.  Fue la que con mayor coherencia y continuidad enfrentó el desafío de generar un discurso disidente que no se agotara en un mero discurso de resistencia.  La revista tuvo, en esos años de oscurantismo, un doble rol: por un lado posibilitó una vital continuidad cultural manteniendo los puentes de un campo intelectual fracturado por la represión y el exilio en el momento en que más dificultosa era esa tarea, y por el otro actuó como renovador e importador de discursos de zonas ideológicas ausentes en la cultura institucionalizada por el régimen. Punto de Vista no “tematizaba” la denuncia sino que ponía en circulación otros discursos —desde la crítica cultural y la teoría literaria hasta la reflexión sociológica e histórica —que en sí mismos implican una opción intelectual refractaria a los discursos autoritarios, no sólo  políticos sino propiamente culturales.

Con la derrota en la guerra de Malvinas (1982) y el acelerado proceso de transición a la democracia (1983) se inicia la segunda etapa de Punto de Vista que se extiende a lo largo de esa década. En ella se perciben claramente dos operaciones principales:  el proceso de reforma de la cultura de izquierda y, consecuentemente, la nueva relación de los intelectuales con la democracia;  y la recuperación de la tradición crítica para toda reflexión intelectual que pretendiera sustraerse al dogmatismo reinante en la mayor parte de la cultura argentina de entonces. En ese sentido, cabe destacar que el énfasis principal se coloca en la redefinición de las líneas de la tradición literaria argentina.

La primera operación es consecuencia del reprocesamiento crítico de los paradigmas del marxismo que una franja de los intelectuales de izquierda (que abarca  pero que excede a los miembros de Punto de Vista) realiza por esos años. El paso al posmarxismo posibilta la reflexión sobre las relaciones entre socialismo y democracia, así como la nueva identidad y función  del intelectual dentro de ese reordenamiento. La mayor parte de los artículos de esa década sobre estos temas exiben las indagaciones, los debates y las tensiones que tal viraje representó. Ya  sea desde una perspectiva histórica, analítica o propositiva, los trabajos trasuntan un mismo objetivo: producir un relevo teórico a la crisis de la izquierda que genere nuevas alternativas para pensar el cambio político como operación cultural.  Este acercamiento al paradigma democrático proveyó en algunos instrumentos teóricos y procedimentales que conformaron la base de la propuesta del gobierno de Raúl Alfonsín. Esto coincide con la incorporación de José Aricó y Juan Carlos Portantiero al Consejo de Dirección y con la creación en 1984 del Club de Cultura Socialista, cuyo principal objetivo era reflexionar sobre “la cuestión democrática”.

La segunda tarea constituye uno de los más importantes aportes a la cultura argentina de los últimos años. Si la revista se había propuesto una renovación del pensamiento crítico (en sus inflexiones políticas, históricas, y específicamente literarias) que le permitiera revisar los lineamientos anteriores, su consecuencia es un nuevo sistema interpretativo basado en una relación diferente entre política, genealogías culturales y literatura.  No hay núcleo importante de la literatura nacional que quede fuera de la “relectura”de Punto de Vista: Sarmiento, José Hernández y Martín Fierro, la generación del ‘80, el nacionalismo cultural del ‘900, las vanguardias del ‘20,  las principales revistas culturales —de Sur a Contorno—, Martínez Estrada y, principalmente, la profunda indagación sobre Borges que recupera para la izquierda del campo literario un autor clave que las generaciones anteriores —dogmatismo mediante— no habían conseguido incorporar. Los artículos de esta etapa exponen esta empresa de rearmado de un sistema de lectura a partir de nuevas claves ideológico-estéticas.

La tercera etapa de Punto de Vista arranca a fines de los ochenta y se extiende hasta el presente. Las problemáticas anteriores dan paso a un abanico temático de una  densa amplitud. Valga el contraste para decir que se amplía el marco de preocupaciones pero que al mismo tiempo se profundiza la complejidad del análisis. Los debates sobre modernidad/posmodernidad y su inflexión en América Latina, el avance de los estudios culturales, los estudios de la ciudad —particularmente Buenos Aires, que se transforma en un objeto privilegiado de indagación—, la massmediatización de la cultura y  el surgimiento de nuevas figuras del intelectual (el técnico, el mediático, etc.),  las nuevas voces literarias, el cine, el psicoanálisis, son los tópicos permanentes a lo largo de los números de los noventa.  Un viraje en relación a la política es notorio en estos años: la asunción de Menem al gobierno en 1989 clausura la etapa en la que los intelectuales de Punto de Vista proveyeron reflexiones para pensar un nuevo orden político democrático e inicia, desde una clara postura de oposición, una línea de aguda crítica al menemismo y a las consecuencias que su estilo político y su programa económico inauguran.

Por encima de las diferencias de estas etapas, una coincidencia las recorre: la persistencia en encontrar para el intelectual crítico aquella mirada que supieron obturar los autoritarismos y diluir las esferas públicas mediatizadas. Un espacio que no es nostálgico ni  utópico sino que se constituye sobre la lúcida conciencia de un presente que requiere de un análisis agudo, creativo y, sobretodo, modernamente esperanzado en su capacidad de contribución a una sociedad más libre y justa.  En el índice que se presenta a continuación, además de la guía útil para sus búsquedas, encontrará el lector la puerta para entrar a unos de los pensamientos más interesantes que ha dado América Latina en  los últimos años.
 
    Nota Editorial: El índice de contenidos al igual que los datos editoriales de Punto de Vista fueron elaborados por el equipo de dicha revista bajo la dirección de Beatriz Sarlo y Adrián Gorelik. A todos ellos nuestro agradecimiento.