16 de Octubre de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1997
Sección: Rescate Bibliográfico/ Bibliographic Treasure

II

¿Qué es lo que hace que la verdad parezca una leyenda? O, desde otra perspectiva, ¿cómo se construye una leyenda a partir de la verdad? La leyenda es la bisagra que le permite a Lugones pasar de la épica al cuento de hadas, y en este pasaje la india ya puede ser tratada como objeto exótico.

Así, Lokomá parece tan extranjera como la princesa árabe de los cuentos de Darío, lo cual la jerarquiza sólo en la medida en que es tan valiosa en Europa como otras imágenes de lo exótico. Porque, desde ya, la india tehuelche puede funcionar como objeto exótico hacia afuera pero no hacia el interior de las fronteras, aunque Lugones la empariente alternativamente con los araucanos “fornidos como gigantes” o con las “primeras familias” de Francia. De hecho, la insistencia en la genealogía araucana de Lokomá apunta a legitimar sus orígenes en un pasado épico —que se lee en cada una de las citas de la epopeya de Alonso de Ercilla— para aproximar a los indios del desierto argentino a aquellos otros indios que ya habían ingresado al imaginario modernista. “Si hay poesía en nuestra América, ella está en las cosas viejas: en Palenke y Utatlán, en el indio legendario y el inca sensual y fino, y en el gran Moctezuma de la silla de oro...”, había escrito Darío  en las “Palabras liminares” de Prosas profanas en 1897, avalando así la incorporación de lo nativo-exótico a la temática modernista.6

Sin embargo, la asimilación a lo legendario corta los lazos referenciales que el relato establece con la verdad, porque fija el cuerpo del indio en el pasado épico o en la espacialidad remota de los cuentos de hadas. La legitimación, por lo tanto, tiene un perfil engañoso: por medio de lo estético se relega la problemática social que subyace a la historia de Lokomá, y se reduce la verdad histórica a un caso “original”. Entonces, no es que toda verdad “parece una leyenda” sino que la única verdad de la “conquista” de Roca que Lugones puede narrar tiene que revestirse de connotaciones de leyenda.

Para garantizar la eficacia de esta estrategia, Lugones construye un lugar de enunciación fuerte que tiene como condición el silenciamiento de la india. Al concluir que “la señorita Lokomá ha sido más fuerte que su raza, valiendo su destino por el más bello cuento de hadas”, da por supuesta la aceptación pasiva del cautiverio. Lokomá es un cuerpo que calla y que no sufre. El tono prescriptivo que adopta Lugones para describir la conducta de Lokomá tiene la misma finalidad: “no va a lamentar en suelo extraño una especie de cautiverio galante, para morir de muerte romántica, escribiendo epístolas melancólicas. Un Castillo y un nombre ilustre la aguardan”. Diferente a la leyenda romántica —de la que la prosa modernista quiere distinguirse—, la historia de Lokomá también es diferente a la de su compatriota tehuelche, la india Valeska, que después de ser tomada prisionera y trasladada al Regimiento de Artillería de Retiro en 1883, murió “víctima de la nostalgia” porque “no podía olvidar sus lares de la fría Patagonia”.7 Frente a la exhibición de sentimientos de Valeska, cuya expresión última es la muerte entendida como resistencia al cautiverio, el destino de Lokomá está circunscripto al campo de la contemplación.

Pero, así como Lugones debió sumar primero atributos positivos del lado de los vencidos, para diferenciar a Lokomá de su raza necesita también practicar una operación de resta. Escrita entre la épica y la leyenda modernista, la crónica de frontera es la zona donde Lugones elige colocar aquellos atributos que justifican la “guerra ofensiva”. Cuando resume el relato de las crónicas en “las invasiones; los miles de lanzas cercando el horizonte; el pillaje de las posesiones cristianas, los incendios y los cautiverios”, lo convierte en la contracara de lo que no se cuenta: la persecución, las prisiones y matanzas de indios. Digamos que, del otro lado del triunfo de Lokomá en Francia, están las indias que eran tomadas prisioneras en las tolderías, trasladadas a Buenos Aires y regaladas a las familias porteñas para trabajar en el servicio doméstico.8 Demasiado cerca del naturalismo o del testimonio, Lugones debe contar un destino que opaque a todos los demás: gracias al general Roca, Lokomá se reencontró en Francia con su pasado nobiliario, convirtiendo la estirpe araucana a la nobleza europea. En esa secuencia, se produce en el texto el pasaje de la épica al cuento de hadas.

Ahora bien, así como Lokomá sirve para encubrir la situación real de los indios vencidos —y por eso Lugones puede elegir ese lado para narrar—, así también encubre la mayor ganancia del triunfo militar, que se entrevé en algunas frases: “el bregar de largos años contra ese inquebrantable muro de barbarie, hasta la expedición definitiva que conquistó para la civilización las tierras australes. Aquel límite con los vecinos salvajes, constituía una vergüenza para el cristiano. Lo suprimió la victoria, siendo de ésta el más precioso trofeo, seguramente, la señorita Lokomá”.

Por un lado, la india es un trofeo sólo a partir de su conversión en “señorita”; por otro, es el complemento simbólico del premio material que el texto elude mencionar: las tierras expropiadas a los indios. Considerando la doble funcionalidad de la figura de Lokomá para Lugones (política y literaria), se puede pensar que los “trofeos” se constituyen en el valor de cambio y no en el valor de uso; o mejor, en la transformación de lo dado en lo producido. Así, la naturaleza es negada para ser convertida en un producto comerciable en el mercado de bienes: simbólico, la tehuelche que se casa con un francés; material, las tierras cuyo producto se exporta a Inglaterra.

[INDICE] [I] [II] [III] [IV] [NOTAS]