22 de Enero de 2018
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Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1997
Sección: Artículos / Articles

1. Introducción

La vida, activismo y evaluación de la poesía e idiosincrasia de Nicanor Parra (1914-) aparecen frecuentemente comentados e interpretados en la prensa chilena de las últimas décadas. En su conjunto constituyen un corpus en que se presenta, analiza y cuestiona no sólo la historia literaria, social y política de Chile de la segunda mitad del siglo, sino también las ideas y acontecimientos más señeros y controversiales de ayer, ahora y entonces, a nivel continental y mundial.

Nicanor Parra con su vital, firme y enérgica participación en el mundo de las ideas y la palabra a través de unos cincuenta años ha logrado mantener vivos la polémica, la controversia y el diálogo en los círculos intelectuales y aquéllos que no lo son. La profundidad y ardor de su discurso oral y escrito exalta ánimos, enciende pasiones y obliga a adoptar plataformas. Los artículos de prensa centrados en Parra cuentan invariablemente con un grueso público que sigue y persigue con sonrisa divertida o ceño amargo sus piruetas de ermitaño, iconoclasta o payaso.

La palabra oral y escrita de Parra lo ha marcado como un individuo rebelde e irreverente y lo ha marginado “por decisión propia”, como él mismo ha dicho. Al mismo tiempo, ha revolucionado la lengua con un nuevo estilo poético: la antipoesía, en que la expresión en el verso es la del hombre corriente. El poeta es un antagonista consumado de la monotonía del pensamiento y del “cepilleo y barnizado de la lengua” — como diría Miguel de Unamuno —, lo que se observa en su discurso ya sea oral o escrito, invariablemente revestido de un tono filoso combativo, chispeante, claro y directo. El hombre común le escucha, comprende y entiende.

En los artículos sobre Parra seleccionados para nuestra evaluación y comentario, 2 se perfila un individuo vital, ciudadano de América y del mundo, un estudioso y observador tenaz de la vida y desarrollo de Chile y de los pueblos americanos. Su palabra invita a viajar y a analizar el pensamiento contemporáneo en torno a temas controversiales y revolucionarios en un marco interdisciplinario que él aborda con soltura. También esa palabra nos incita a enfrentarnos a los dilemas y problemas del hombre moderno a un nivel universal más que regional y a adoptar una plataforma, una posición en relación a ellos.

En su poesía y en otros tipos de discurso, Parra vive fiel a su estética literaria en la que la expresión debe reflejar el lenguaje corriente, aquél del que no lo escribe. Nunca ha abandonado esta estética en el curso de más de cuarenta años, lo que se muestra en un corpus poético que ha revolucionado la poesía hispana. Debemos mencionar, entre sus obras más conocidas, Poemas y antipoemas (1954); La cueca larga (1958); Obra gruesa (1969); Artefactos (1972); Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui (1977); Nuevos Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui (1981); Ecoepoemas (1982); Chistes para desorientar a la policía/poesía (1983); Discurso de Guadalajara (1992). Son sus poemarios más discutidos en la prensa chilena. Su primera publicación fue Cancionero sin nombre (1937) en que se muestra la influencia de Federico García Lorca. Entre esta obra y su segunda publicación, Poemas y antipoemas, existe un lapso de 17 años.

Nicanor Parra es una de las figuras más representativas de la poesía contemporánea en Latinoamérica y la conciencia y la voz del sin voz, del escritor y del intelectual en Latinoamérica. Así se le proyecta en los artículos de prensa seleccionados. Su presencia en diarios y revistas es continua y dinámica: anuncia excesos, repudia, analiza, vitupera; se pronuncia abierta y directamente sobre la noticia del día, el tema polémico o la figura de hoy, de ayer y de siempre. Como Violeta Parra — su hermana —, otra gran poeta y además folklorista, cantante, pintora, activista, etc., “rechaza la línea recta y ama los remolinos”, 3 es pantera y paloma, un camaleón, un artista rebelde y cambiante que resiste definiciones, a pesar de las innumerables entrevistas, estudios y análisis de su persona y obra, quizás debido a la diversidad de transformaciones en su arte y postulados filosóficos, sociales, políticos y culturales, sobre los que se pronuncia a menudo. Su humor corrosivo, su tendencia a fustigar, a contradecirse y a sostener su opinión por sobre todo, su sarcasmo y desacatos, le han granjeado enemigos irreconciliables. Se le tilda de vanidoso, soberbio, egoísta, actitud dictatorial, déspota, inseguro, insensible, repetitivo, descarado, sacrílego, efectista, “un vendido”, deshonesto, voluble, misógino insufrible, anti-feminista, etc. Pablo de Rokha, Gonzalo Rojas, Luis Droguett, el padre Salvatierra y Luis Merino Reyes son las figuras que sobresalen en cuanto a la virulencia de los ataques a Parra como poeta u hombre de letras. En un recital poético en el Poetry Center en Nueva York (1968), Parra cita y lee algunos de estos ataques. La audiencia lo aplaude entusiasmada. Es propio de Parra desafiar el formulismo y la convención oficial.

Toda crónica, entrevista, reportaje, artículo o noticia sobre Parra goza de gran difusión comercial por lo que se la persigue. Se dice que su voz transmite lo que muchos quisieran decir y no pueden o no saben cómo. Todo lanzamiento de libro que cuente con su presencia tendrá éxito seguro. Los poemas de mayor popularidad en sus propios recitales son “La víbora”, “El hombre imaginario” y “Defensa de Violeta Parra”.5 La prensa anota sus paradojas, sus silencios, retrocesos y transformaciones y proyecta el “yo soy muchos” de este coloso singular y perpetuo. Entonces se perfila esporádicamente, a través de las décadas, al iconoclasta, al pensador, al filósofo, matemático y académico; al activista, profeta, visionario, artista, dramaturgo, ensayista, crítico literario, humorista, folklorista, poeta, profesor, mentor y traductor; al viajero incansable, al investigador, al lingüista, al científico, al erudito, al humanista; “al cachurero” — enamorado del objeto curioso y raro —, al representante o ganador de prestigiosos premios nacionales e internacionales, al violetófilo defensor y continuador de la obra de Violeta Parra; al conferenciante, al declamador de su propia poesía, al taoísta y el ecólogo. El núcleo familiar constituye el pilar más importante en su vida, lo que se advierte en muchos de sus poemas y se repite y comenta en la prensa.

En Obra gruesa (1969), resume 20 años de creación literaria — 1950-68. En esta obra el poeta atenta una definición de sí mismo: “Hijo y nieto de camborios, atleta en su juventud, y poeta desde siempre”. En burla permanente con el mundo circundante, en uno de los poemas finales en el texto, se despide del lector con un “me retracto de todo lo dicho” verso del poema del mismo nombre.6

Samuel  Silva lo perfila como “hombre astuto y candoroso, espontáneo y reflexivo, vanidoso y humilde, sólido y contradictorio, profundamente vivo”,7 reafirmando la dificultad a que se enfrentan los que tratan de encasillar la definición en términos precisos y claros. Orlando Cabrera en la década de los setenta defiende al poeta de un núcleo que le hostiga y lo acepta: “. . . hay gente que no tiene la menor idea de quién es  Parra. Jamás lo han leído  y si lo leyeran  no  lo entenderían.  Son los que nunca tomaron un libro y todavía viajan en carreta, o los que tienen una idea idílica de la poesía . . . los que aplauden a los hippies, los que compran pestañas postizas y pantalón sin marruecos”.8

Iván Carrasco, uno de los más destacados críticos de la obra de Parra ha afirmado en la prensa que el poeta es un individuo más escuchado que leído; más reconocido por informaciones periodísticas y aparición en medios de comunicación social que por la lectura y valorización de la antología propiamente tal.9

La prensa chilena se concentra especialmente en Parra cuando éste resulta ganador de premios prestigiosos — nacionales y extranjeros —, cuando publica un nuevo libro o cuando es objeto de distinciones especiales ya sea becas, invitaciones a dictar clases en universidades extranjeras o a ser parte de un jurado de un concurso literario de monta. En 1983 se le expulsa — desde Cuba de un jurado en que iba a participar para determinar los premios literarios de Casa de las Américas. El cargo es “haberse tomado una taza de té con la Sra. Nixon en la Casa Blanca” — en una de sus frecuentes visitas a Nueva York — “mientras continúa la guerra en Vietnam”. Se enfatiza la taza de té y la guerra de Vietnam en los titulares o artículos que aparecen en los diarios chilenos comentado el escándalo. La polémica que esta visita suscita logra resonancia en los círculos intelectuales de todo el mundo hispano. Luis Merino Reyes, presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), condena a Parra en una carta abierta publicada en los principales periódicos de la época. Parra contesta con el estilo que le caracteriza cuando se enfada: uno impregnado con el tono del pueblo; es decir se defiende “a patada y combo” y “a gargajo al ojo”, lenguaje figurado que la prensa goza citando. Aron Alterman, escritor y miembro de la SECH declara en una carta abierta que la Casa de las Américas es una entidad “corrupta, política y sectaria”. 10 Parra ha recibido la misma o mayor atención cuando se le concedió el Premio Nacional de Literatura y un doctorado Honoris Causa en la Universidad de Brown en Estados Unidos (1991) y cuando se le otorga el Premio Juan Rulfo de Literatura 1991 en México. Este premio es el equivalente del Nobel en el mundo hispano y consiste de 100.000 dólares. Desde 1990, Parra está siendo nominado al premio Nobel por un grupo destacado de intelectuales, académicos y escritores que a nivel internacional entusiastamente endorsan su candidatura.

En las numerosas entrevistas, los temas que más interesan a los periodistas en relación al poeta son su vida privada, su filosofía taoísta, sus matrimonios y relaciones amorosas, sus comentarios con respecto a la ecología como movimiento socio-económico, sus reminiscencias de Violeta Parra — obra, vida y suicidio —, su obra, sus observaciones sobre la poesía y el lenguaje popular y referencias a la antipoesía.

Parra afirma que con el taoísmo alcanzó madurez emocional. Al abrazar esta filosofía, empezó a interesarse por la problemática ecológica. Manifesta cierta reticencia a explayarse sobre su vida amorosa. No se considera un poeta del amor. A Hernán Miranda le confiesa: “Soy un poeta de la desconfianza, de la ambigüedad, de la confusión, y el amor es la poesía de la entrega, es poesía monocotiledónea. . . ”11

En las entrevistas, a menudo manifiesta su orgullo y cariño por Violeta Parra. Alude al estímulo constante que le proporcionó a ésta en una entrevista a Patricia Bravo: “Yo saqué a la Violeta de la marginalidad y la llevé a la escuela, la de la calle”.12

Algunos de sus versos, juicios y dictados sobre mujeres divierten y antagonizan. Versos que cita en la prensa al respecto son del tipo: “la mujer se define con las piernas”, “nunca he tenido el honor de ser viudo”, en el amor no hay conquistas, sólo hay derrotas,13 “imposible librarse de los cuernos el único requisito es ser casado”,14 “la muerte es una puta caliente”. 15 El periodista Hernán Miranda transcribe su poema “Mujeres”,16 en que se caricaturizan diversos tipos de mujeres como la virgen, la intocable, la solterona, la fácil, la perversa, la farsante, la comediante, la degenerada, la solitaria, la fea y la vieja sin compañero. Parra termina su poema manifestando una mezcla de tedio y rechazo a la falsa respetabilidad femenina: Todas estas walkirias/ todas estas matronas respetables/ con sus labios mayores y menores/ terminarán sacándome de quicio.

El crítico literario de El Mercurio Ignacio Valente (Miguel Ibáñez-Langlois) es el mejor paladín de la poesía de Parra. Es autor de numerosas y elocuentes reseñas e introducciones a sus publicaciones.

Los temas de la poesía de Parra que de preferencia aborda la prensa son el amor, la soledad, el desengaño, el desamparo del hombre, la incomunicación, el acoso a los seres marginales, o sea — agrega José Promis — la realidad cotidiana reflejada en la lengua “con que el pueblo suele hablar a su vecino”. Así escribía también Gonzalo de Berceo (1195-1264?), por allá en la Edad Media. Además, prosigue Promis, Parra representa una tendencia desacralizadora en la lírica contemporánea en que lo común se hace único; lo simple, complejo; lo vulgar digno de admiración.17

Otros estudiosos y críticos de renombre que se concentran en la obra de Parra, fuera de Ignacio Valente e Iván Carrasco, son Hugo Montes, Antonio Skármeta, Jaime Quezada, Cedomic Goic, Fernando Alegría, Leonidas Morales, Tomás Lago, Efraín Szmulewicz, Andrés Piña, Pedro Lastra, Enrique Lafourcade, Mario Rodríguez, María Nieves Alonso, María de la Luz Hurtado, Emir Rodríguez Monegal, Ricardo Yamal y Fidel Sepúlveda, citando aquéllos que hacen oír su voz con mayor frecuencia — directa o indirectamente — en los diarios chilenos en lo que se refiere al poeta. Coinciden en afirmar la extraordinaria contribución de la antipoesía de Parra a las letras hispanas con sus innovaciones y proyección de la lengua del pueblo como medio de expresión. El efectivo sarcasmo con que Parra ridiculiza al escritor esotérico, elitista y efectista ha conseguido elevar su propia poesía, dicen algunos. Otros elogian al poeta por su especial sensibilidad ante la belleza; por escribir esa poesía simple y profunda entendida por todos; por su continuo activismo en procura de un mundo mejor; por su lucha a favor de los derechos humanos. Se le admira por haberse autoeducado con su esfuerzo propio y por haber cruzado obstáculos insalvables para ser reconocido como uno de los poetas más innovadores y profundos que ha producido el siglo XX.

Nicanor Parra dicta clases de matemáticas y Física en la Universidad de Chile y dirige talleres literarios. Cuando recibe el premio Juan Rulfo 1991 en Guadalajara, México, a los 77 años declara que tal vez ahora podrá dejar de trabajar y así dedicar más tiempo a la poesía, estudios, reflexiones y traducciones. “Yo debiera estar jubilado podando mis rosas”, le dice a María de la Luz Hurtado, Directora de la revista de teatro de la Universidad Católica Apuntes que lo entrevista pues se acaba de estrenar El rey Lear de Shakespeare traducido por Parra con elogiosas críticas de prensa. En la misma entrevista Parra le confiesa a Hurtado que vive “en un estado de ansiedad intelectual permanente”.18 Estudio y poesía son los ejes que mueven su vida. En 1969 declara al New York Times: “Hago física para ganarme la vida y poesía para mantenerme vivo”,19 versos de un antipoema. La docencia no parece ser trabajo para Parra. Sigue enseñando y escribiendo poesía. Ser maestro, parece también le ayuda a mantenerse vivo.

Parra es profesor de Matemáticas y Física. En 1948 fue Decano de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Como estudiante, académico o poeta ha sido invitado a Oxford, Cambridge, Yale y otras universidades en Estados Unidos e Hispanoamérica y ha viajado extensamente por el Oriente y Europa occidental y oriental. Con su memoria prodigiosa anota y conserva los hechos más nimios de estas experiencias.

Las raíces de Nicanor Parra son humildes, de un medio rural sureño. Defiende su antipoesía que nace de esas raíces: “Nosotros somos parte de los suburbios, patipelados, descamisados, nada más que con un instinto fuerte de supervivencia . . . la gran obra requiere manejar los dos idiomas, el de los suburbios y el de la universidad, el yin y el yen”, le declara a Patricia Bravo. 20A José Donoso en 1960 le confiesa detalles más íntimos sobre su niñez y juventud. Pasó su niñez a pie pelado. Su padre, profesor primario, era aficionado al vino, las mujeres y el canto. Todos sus hermanos fueron antisociales. Heredan del padre la afición a la poesía y la música. Su madre, con doce hijos a cuesta, y el padre cesante o enfermo tuvo una vida difícil. Se desempeñaba como modista. Fue por su propio esfuerzo que obtuvo una beca y estudió mecánica avanzada en la Universidad de Brown en Rhode Island (1943-46). Luego, becado en Oxford, Inglaterra (1949-51), estudia cosmología con E. A. Millner. 21En 1972 obtiene otra beca: una Guggenhein.

Parra recalca que trabaja su poesía con el rigor de un hombre de ciencias. De allí sus silencios y tal vez la razón por la cual su producción es exigua. Últimamente pronuncia: “la producción de Juan Rulfo es también escasa”.

Iván Carrasco ha intentado definir la antipoesía de Parra en términos académicos y determinar su impacto. Así, decide que esta poesía de Parra consigue expresar los problemas y dilemas de cualquier sujeto del siglo XX. Posee una calidad y dimensión universal. Poemas y antipoemas rompe con la poesía solemne, sacral, cósmica, ascética, sensorial, patética y en busca del Absoluto que rige hasta esta fecha, para proclamar una actitud escéptica, desconfiada y llena de violencia contra el establishment y la propia poesía; es una escritura que busca transgredir las normas ya estereotipadas de la tradición y darle una nueva vitalidad a la expresión literaria . . . Parra desea representar la vida misma, la realidad, con un lenguaje nuevo a fuerza de ser antiguo, el de la calle, la oralidad, el uso doméstico, el del periódico, el de la radio, la clase, la conferencia, la fiesta. Ya en 1948 Parra declara su afán en búsqueda de una poesía a base de hechos y no de combinaciones o figuras literarias y su rechazo de la forma afectado del lenguaje tradicional poético.22

Mario Rodríguez, otro crítico que se ha concentrado en la obra de Parra, está de acuerdo en que la obra del poeta es tan escasa como la de Rulfo, el mexicano que dio el nombre al premio literario más prestigioso del mundo hispano. Sin embargo, afirma, “esa obra poética ha dado y da que hablar y ha marcado un nuevo rumbo en la poesía hispana . . . Su influencia se ha hecho sentir en toda Latinoamérica . . . La voz de Parra es la voz más revolucionaria de la poesía castellana actual”.23

Esta voz revolucionaria también se vislumbra en su traducción de Lear de Shakespeare. María de la Luz Hurtado al evaluar esta traducción recalca que la expresión corresponde a la tradición oral: giros lingüísticos, frases hechas, refranes, canciones, chistes y poca puntuación, pues Parra dice que cuando hablamos no usamos puntuación. Así los espectadores de Lear escucharon expresiones del castellano chileno usual como “sangre de horchata”, “hijo de su mamá”, “cachuchazos”, “ser gallina”, “viejo chocho”, etc. Hurtado agrega que en esta traducción Parra baja de tono la obra de Shakespeare y “macera el texto como se hace con la cebolla en los campos chilenos”.24

Parra ha realizado otras incursiones en el teatro cuando sus versos han sido la base de obras teatrales exitosas como “Hojas de Parra” (1977), publicado como poemario en 1985, poemas de 1969-1985; “Todas las colorinas tienen pecas” (1971) y “Parricidio” (1991). También ha contribuido a la filmación de documentales sobre él mismo: “Nicanor Parra en Nueva York” de Jaime Barrios (1968) y “Nicanor Parra” de Guillermo Cahn (1982). Esta labor es evaluada en la prensa chilena en términos fluctuantes.

Desde que Parra abrazó el taoísmo hacia fines de 1970, Parra dispensa consejos para vivir mejor: A Gloria Pérez y a Hernán Miranda les dicta su dieta para la salud del cuerpo y del alma, y del planeta: “cerrar hospitales; cuidar la dieta y decirle adiós a los aceites, grasas, azúcar, alcohol, miel, café y cigarrillos: . . . no escribir con el dedo levantado, cuidar la salud del alma, evitar el amor — pasión que conduce a la anulación y destrucción del individuo”. Se alegra de la reinvindicación de “las imposiciones de mano” y de los curanderos.25

Su filosofía taoísta condena el exceso y apoya la ecología espiritual. El amor ocasiona cataclismos en el espíritu si es el pasional. A Mili Rodríguez le enumera la progresión emocional del amor: “. . . primero es amistad, luego es amor, pasión, celos, venganza y apocalipsis”. Hay que quedarse en la amistad “para no ser barrido . . . no hay que subirse al chorro”. En su filosofía propugna un contento interior que nace del anonimato: “el hombre más grande no es nadie . . . el monje taoísta se pone a la cola”.26En otras instancias, Parra expone los demonios de los tiempos modernos: la abulia, el consumismo, la pereza, la cultura audiovisual, el desperdicio, la despersonalización, producto del avance tecnológico. No pierde ocasión de manifestar su orgullo por sus excelentes condiciones físicas y mentales y por haber mantenido su misma poética por más de cuarenta años. Camina y duerme siesta todos los días: “. . . no me puedo estrujar el seso como una teta de vaca”. El principio de economía, agrega, dice que “hay que ahorrar energía mental”.27

Con la publicación de Artefactos (1972) — unas 230 tarjetas postales —, otra vez Parra marca una ruptura con el texto convencional. El texto de las tarjetas es breve, antipoético y con impresos. Son del tipo: “Cuba, sí; yanquis también”. “USA donde la Libertad es una estatua”. Miguel Arteche define los artefactos como “tarjetas explosivas en estuches de bombones envenenados” y cita: “Censúrome Padre de que en un abrir y cerrar de ojos inoculé muchachas resplandecientes”; “La piedra más horrible es superior a la estatua más bella”.28

Las unidades aparecen inconexas y se pueden leer en cualquier orden. Iván Carrasco se refiere al chiste político, la crítica ecológica, el comentario mordaz, el amor a la clandestinidad que se muestra en estas unidades.29

Los antecedentes de estos artefactos son el epigrama y el grafitti.

Sermones del Cristo de Elqui (1977) se desarrolla en torno a la vida y andanzas de Domingo Zárate (1897-1971) un sujeto que predicaba y se proclamaba Cristo y que a su muerte empezó a ser parte de la tradición y la leyenda. Zárate, “un ayatollah de barrio”, como lo llama Parra, o “un farsante o un loco” como lo trata la prensa, también fue milagrero y vendedor de guitarras. Nació en el valle de Elqui y Parra estuvo estudiando sus prédicas y escritos desde que era inspector en el Internado Barros Arana, allá por 1937. Estos Sermones han sido traducidos a varias lenguas incluyendo una versión al inglés — bilingüe — de Sandra Reyes (1984) reseñada por la crítica chilena. Parra continúa relatando las peregrinaciones de Zárate en Nuevos Sermones del Cristo de Elqui (1979).

Federico Schopf, otro estudioso de monta de Parra y de su obra, afirma que su poesía está atenta a los grandes y nuevos problemas de la época: “degradación del medio ambiente y su consecuente amenaza ecológica, la amenaza nuclear, la amenaza de la degradación corporal (SIDA) y la degradación moral de una sociedad que sólo aspira al consumo”.30M.S., crítico literario de El Mercurio, se concentra en su anticlericalismo, y desacralización del yo poético y establece que en Parra convergen “la exaltación del lenguaje oral de Brecht y el humor kafkiano y absurdista; el coloquio  festivo y  la confesión clínica”.31

El individualismo e independencia de pensamiento y espíritu de Parra se muestra en el terreno político y religioso, además del personal y artístico. En el político, repite que no pertenece a ningún partido político. En el religioso se pronuncia ora ateo, ora católico, ora budista. Le preocupa la muerte.

Concluyendo, las múltiples, singulares y complejas facetas del individuo y del artista contribuyen a que la prensa chilena no sea siempre benigna o entusiasta en relación al poeta. En 1991 se manifiesta esta actitud ambivalente de la prensa chilena en relación a Parra, incluso en un matutino tan prestigioso como El Mercurio, diario que frecuentemente lo endiosa. Se le llama mentiroso, oportunista, demagogo, hombre difícil a quien nadie puede aproximarse en términos de igualdad.32

Parra se mantiene incólume ante la ambivalente y múltiple polémica y los fluctuantes juicios sobre su persona. Como don Miguel de Unamuno, se divierte inquietando, transformando, renovando y contradiciéndose y parece decir con él: “no vendo pan sino levadura”. Así se proyecta como un perenne curioso de la vida y el conocimiento, en continua búsqueda de la Verdad y los Absolutos que le eluden, un enamorado de la perfección que lo obsesiona, un iconoclasta que goza derribando, un sujeto tal vez repetitivo pero en cuya repetición se asienta una nueva creación o renovación, un solitario a quien su verso salva del abismo. Su ateísmo, afirma Promis, es a veces desolador. Puede ser un ateo agresivo o un católico profundo.33 Es esta desolación profunda e interna, que pretende esconder con su sarcasmo, humor negro y escepticismo la que le permite al poeta penetrar con sutileza, hondura y clarividencia en los pliegues más escondidos del ser humano. Su intuición y percepción se afina en la lucha constante que sostiene y en la búsqueda infructuosa de respuestas a eternos dilemas. M.C.G., en un ensayo sobre el poeta, alude a una especial facultad de Parra que le permite exponer “la figura humana en su precariedad extrema, en su vulnerabilidad lastimosa si no grotesca”.34

En estos últimos años, se observa más que nunca en los planteamientos filosóficos de Parra la influencia de los acontecimientos políticos a nivel continental y mundial. Su taoísmo se ha acentuado como también su escepticismo sobre la cultura contemporánea. Su gran meta en la vida sigue siendo búsqueda, creación, transformación y renovación. La crítica continúa interpretándolo, sobreinterpretándolo y subinterpretándolo, en broma o en serio, como él mismo lo hace. Su estética literaria es la misma a la que se ha mantenido fiel por más de cuarenta años, la de la antipoesía que se inspira en la realidad cotidiana, especialmente en lo absurdo y grotesco de la misma. Con ella y a través de ella, desmitifica, desacraliza, ilumina o exalta. Con el humor corrosivo de su antipoesía intenta vincular la poesía a la realidad cotidiana del hombre común. La crítica subraya que su poesía plebeya es la misma celebrada por François Villon (1431-1463?), John Gay (1685-1732), Bertolt Brecht (1898-1956) y José Hernández (1834-1886), el poeta argentino, autor de Martín Fierro (1872 y 1879), epopeya gauchesca reverenciada por Parra. La cueca larga (1958) es un elogio de Parra al hombre de la tierra.

La obra, activismo e impacto del discurso de Parra prosiguen siendo un foco permanente de atención y estudio para la prensa y el lector chileno; para el crítico y el sociólogo; el filósofo y el divulgador de la cultura; el lingüista y el académico. En círculos universitarios americanos, europeos, mundiales se le estudia a nivel interdisciplinario. Enfrentarse a Parra significa no sólo entablar un diálogo en torno al misterio, magia y belleza del pensamiento y la palabra sino también reflexionar y analizar los dilemas y problemas del hombre contemporáneo ya sea a nivel político, social, histórico, filosófico u ecólógico. La angustia, la pasión, la desesperación de la palabra que satura la antipoesía de Parra, como también sus otros tipos de discurso, tienen la virtud de comunicar con claridad, inquietar e impactarnos a todos pues esta palabra nace de experiencias comunes en el mundo circundante y se expresa en el lenguaje de todos. Su premonición angustiada y apocalíptica del mundo futuro en que el individuo desaparece en aras del progreso tecnológico y despersonalizador confunde, prepara y obliga a reevaluarnos dentro de parámetros en que el yo se diluye o desaparece.

Nicanor Parra en sus continuas rupturas con su propio mundo, el mundo exterior y el del pensamiento impulsa a activismo de ideas y de acción. Parra no es pan, es levadura, es revolución. La prensa chilena lo proyecta como un paladín revolucionario de la lengua y de la idea, y ya dijo don Miguel de Unamuno: “revolucionar la lengua es la más honda revolución que puede hacerse; sin ella, la revolución en las ideas no es más que aparente”. Nicanor Parra ha gestado y activado esa “honda revolución” de la que habla Unamuno con su singular y transcendente estética literaria reflejada en su poesía, en su antipoesía. Con esta antipoesía y sus otras formas de discurso mantiene vigentes la polémica, la controversia y el diálogo sobre los problemas e inquietudes del hombre contemporáneo a nivel continental y mundial en los círculos intelectuales y académicos y también en los dominios del hombre corriente, agitando y hermanando, al mismo tiempo. Este artista y activista, mezcla de vinagre y aceite, ángel y bestia — como él mismo se ha definido —, este individuo de innumerables máscaras y disfraces, en la perenne convulsión de su palabra y espíritu y con su palabra candente y combativa desencadena Caos con el fin de producir levadura orientada hacia el Orden. Nicanor Parra, siempre con Dios y con el Diablo. Se le ama y se le odia. No hay términos medios. Sin embargo, invariablemente se admira su genio e incluso se le respeta, aunque no se quiera. ¿Quién puede no querer a Nicanor Parra?, exclamamos con Enrique Lafourcade.35

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
— Todo esto bañado —
Por una luz entre irónica y pérfida
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y de aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!
(“Epitafio”)36