23 de Junio de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1997
Sección: Artículos / Articles

Un ecléctico en polémica con Don José de la Luz

El referido artículo de González del Valle se publicó en la revista Cartera Cubana en junio de 1839.7 Es parte menor de una producción que abarcó la creación literaria, el Derecho y la filosofía. Nuestro autor —que no debe confundirse con su hermano Manuel, activo participante en lo que se ha dado en llamar en Cuba la “Polémica Filosófica”— nació en 1820 y murió en 1851, a la temprana edad de 31 años, víctima de la tuberculosis. Adepto del eclecticismo de Cousin, tal vez su mayor gloria filosófica haya sido polemizar públicamente, antes de alcanzar los veinte años, con don José de la Luz y Caballero, para entonces un maestro reconocido.

De la vida y escritos de González del Valle nos detendremos solamente en lo que es relevante para nuestro tema. En 1834 egresa como Bachiller en Filosofía del Colegio de San Carlos. Fue un alumno distinguido en sus estudios, “sobre todo en las conclusiones públicas que sostuvo a la edad de trece años...”8 El Real Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, constituido sobre la base de un antiguo colegio jesuita tras la expulsión de la orden en 1767, se formalizó en 1773.9 La enseñanza del Colegio, según sus Constituciones, cubría: 1) la Gramática y la Retórica; y 2) la Filosofía. El estudio de esta última comprendía la Lógica, la Metafísica y la Física experimental.10 Al dejar el Colegio, González del Valle comenzó sus estudios de Derecho, obteniendo su Bachillerato en 1837 y, en Madrid, su título de abogado en 1842.11

En 1839 se presenta a las oposiciones para la cátedra de Texto Aristotélico en la Universidad de La Habana, que no ganó, pero que de todas maneras ejerció como catedrático sustituto.12 A raíz de ese acto recibió su título de Licenciado.13

Aparentemente la Cátedra de Texto Aristotélico era, en pleno siglo XIX, una supervivencia de la época en que la enseñanza de la Filosofía se hacía en base a la obra de Aristóteles. Aunque en el siglo XVI hay el antecedente del célebre Cardillo de Villalpando, “filósofo el más grande de Alcalá”, de quien dice Urriza: “creemos que regentó, fuera del ciclo de Artes [Filosofía] una cátedra de Aristóteles traducido y comentado”. La condición de institución remanente en Cuba parece confirmada por esta afirmación de Bachiller y Morales, referente al siglo XVIII: “Además, en los días no activos se concurría a la clase de texto aristotélico, si bien es verdad que semejante libro no sólo no se daba casi nunca, sino que los estudiantes de filosofía ni aun conocían el libro por el lomo”.14 González del Valle es consciente de los pasos dados en la superación de la escolástica y del criterio de autoridad, y concibe la labor de la cátedra como una oportunidad para estudiar desprejuiciadamente al filósofo griego. Así dice en una carta:

“No se si ya te habré notificado en mis anteriores como soy Catedrático sustituto del Texto Aristotélico en esta Universidad... Me preguntarás qué voy a enseñar y si ya me he vuelto loco para ponerme a defender la escolástica. Nada de eso; ni Aristóteles es la escolástica ni yo voy a levantar a Aristóteles como un ídolo a la adoración de la juventud. Mi idea es estudiar en su tratado de Anima a ese ingenio de la Grecia, pero estudiarlo con imparcialidad. El tampoco llegó nunca a las ridículas consecuencias que el tiempo se encargó de sacarle a sus doctrinas; y aun cuando hubiera llegado, Leibnitz asegura con mucho juicio que en el lodo de la escolástica hay mucho oro. La reacción con que obró la filosofía al conquistar la independencia de la razón contra el yugo de la autoridad, ha pasado y debe cesar porque ya no hay esperanza de que reviva este poder; por consiguiente rehabilitemos la antigüedad para estudiar en ella a los grandes hombres que dieron los primeros y gigantescos pasos en las ciencias intelectuales”.15

Este interés por la historia de la filosofía en sí misma no resulta extraño en un adherente al eclecticismo de Cousin.

Hay dos indicios de que tomó esta cátedra en serio. El primero, que se preocupó porque hubiera en ella actos de conclusiones. Al mismo amigo le dice en carta del 9 de agosto de 1839: Mi clase de Texto da conclusiones ¡cosa inaudita en la Universidad! El día 22 si Dios quiere: cinco son los sustentantes que vienen diariamente a repasar conmigo: las proposiciones nueve nada más, pero en ellas está la quintaesencia de la nueva y vieja filosofía”.16 El segundo, que en 1840 publicó un conciso texto de estudio sobre el tema: Breves explicaciones sobre Aristóteles.17

En 1847 obtuvo en propiedad, también en la Universidad, la cátedra de Física, para la cual publicó unas Lecciones de Meteorología en 1849. Otros escritos de González del Valle relacionados con la filosofía son: Lecciones de Filosofía (La Habana: Imprenta Boloña, 1839)18 y Rasgos históricos de la filosofía (La Habana, Imprenta de Boloña, 1840).19 También escribió una Memoria sobre Educación (1838), a solicitud de la Sociedad Patriótica.20 Si se agrega a esto su producción literaria, se está ante una obra de cierta extensión para alguien que apenas vivió tres décadas. Pero donde su actividad filosófica adquiere mayor resonancia es en sus discusiones con Don José de la Luz que, junto con otras, se han recogido en la publicación de lo que se ha llamado la Polémica Filosófica.

‘Polémica Filosófica’ no es sino el nombre dado a la recopilación de una serie de artículos de tema filosófico publicados en la prensa periódica cubana entre 1838 y 1840, y publicada un siglo después. Aunque los participantes son varios, en gran medida es parte de la obra de José de la Luz y Caballero, por la frecuente intervención de éste. Así se reconoció al considerar los cinco tomos que contienen la Polémica como el volumen III de las obras de don José de la Luz.21 La naturaleza de estos escritos es en efecto polémica, porque con frecuencia se trata de réplicas y contrarréplicas originadas por ciertas afirmaciones. Tal vez lo más importante desde el punto de vista de la vida filosófica cubana sea que asuntos como: cuál puede ser la mejor base para la enseñanza de la filosofía; la diferencia entre la moral religiosa y la utilitaria; o el valor de corrientes como la ideología y el eclecticismo pudieran debatirse reitereradamente en periódicos y revistas por un lapso de más de dos años. Con razón pudo decir González del Valle en una de sus cartas (setiembre de 1839): “Hay ahora aquí tal movimiento por la Filosofía que pone espanto”.22

La Polémica Filosófica es, por supuesto, tema obligado de la historia del pensamiento cubano en el siglo XIX, y como tal ha sido atendido. Aquí nos interesa solamente para continuar con nuestra narrativa historiográfica. José Zacarías González del Valle no tiene en esta polémica una participación tan intensa como su hermano Manuel, pero no fue ajeno a ella.

En 1838, con el pseudónimo de El Ecléctico, el joven José Zacarías discute con Manuel Costales sobre la importancia de la ideología (en el sentido de la ciencia de las ideas) para la literatura (Costales había escrito un artículo sobre el tema); pero la discusión deriva luego a las bondades o errores del sensualismo. González del Valle encuentra que esta última escuela ha provocado funestas consecuencias. En esta argumentación tercia Luz y Caballero, como “Anónimo”, que arremete contra El Ecléctico, a quien niega la condición de verdadero ecléctico y califica de “sistemático, acérrimo defensor del espiritualismo”.23 González del Valle interviene también en otra discusión, en 1839, que se desarrollaba entre su hermano Manuel y el Presbítero Francisco Ruiz. Este último enseñaba en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio y pudo ser profesor de José Zacarías. Ruiz defiende el utilitarismo. Nuestro González del Valle, con el pseudónimo de Otro, no acepta las tesis de esa escuela y sostiene que “la moral exige un principio absoluto”.24 Hay sobre este asunto un intenso intercambio, en el cual también interviene Luz, con una carta a Manuel González del Valle.

Más directo es el enfrentamiento entre José Zacarías y Luz y Caballero cuando se discute sobre el eclecticismo. Con el pseudónimo de Tulio, el joven González del Valle había publicado en Noticioso y Lucero, en setiembre de 1839, algunos párrafos, en traducción española, de la Advertencia de Cousin a sus Fragmentos filosóficos. Luz comenta esta publicación críticamente. En su opinión, el eclecticismo no es solamente un sistema falso, sino imposible. Para Luz no hay inconveniente en aceptar el procedimiento ecléctico en tanto discriminación entre lo acertado y lo erróneo, o para recoger libre y críticamente afirmaciones y métodos que enriquezcan la propia posición (con lo cual no hacía sino continuar una tradición del siglo XVIII y de la cual participó Agustín Caballero, como veremos más adelante). Da ejemplos de grandes filósofos que, en su opinión, han sido eclécticos (o “escogedores”) en ese sentido, entre ellos Bacon; pero cuando se trata de Cousin ve únicamente el elemento espiritualista de la doctrina. La sana escogencia “ecléctica” la ve asimismo como un símbolo de libertad, porque es lo contrario de guiarse por el criterio de autoridad, afirmación que en Cuba tenía importancia debido a la prolongación de la escolástica y sus consecuencias institucionales. Tulio (González del Valle), en otra intervención, da razones para justificar su publicación inicial (la del texto de Cousin) y defiende la función del eclecticismo, que une “verdades diversas, no contrarias” y destruye los sistemas “en sus exageraciones”. Considera correcta la posición de Cousin en el sentido de que “no hay sistema enteramente falso, ... que todos encierran cierta verdad a cuya sombra cunden sus extravagancias”.25 A esto siguen tres intervenciones (o “refutaciones”) de Luz y Caballero, extensas, acaloradas, más útiles para conocer su propio pensamiento filosófico que para continuar una argumentación desigual con su joven contrincante, que ya a estas alturas dejó de intervenir. Se extiende Luz sobre Cousin, Lerminier y Jouffroy, y se identifica con el pensamiento de Locke. El detalle de la respuesta se hace excesivo en proporción al documento que dio origen a la discusión y a la breve defensa por parte de González del Valle, pero es evidente que Luz y Caballero estaba aprovechando la ocasión para reforzar posiciones que estimaba importantes más allá de la específica polémica.

A pesar de los pseudónimos, cada uno de los contendientes saben bien quién es el otro. En un determinado momento dice don José de la Luz, con enfadado paternalismo: “Ea, pues, amiguito mío (que bien puedo dar a V. ese título, porque nadie primero que yo, apenas empezó V. a despuntar, en reconocer sus precoces talentos, y en animarlo a cultivarlos)...”.26 Luz y Caballero es muy tajante en sus afirmaciones (muy español, en tiempos en que Cuba era una extensión de España), pero su superioridad en conocimiento y en habilidad dialéctica es obvia. González del Valle, entretanto, sin dejar de expresar algunas opiniones razonables, de hecho resultó ganancioso de la extendida atención que le prestara tan destacado intelectual como era su opositor. Por eso Luz y Caballero pudo decirle, en la misma ocasión que citamos renglones más arriba: “V. aunque pierda, gana; y yo ganando me quedo lo mismo”.

En las cartas a su amigo Suárez, José Zacarías comenta estas discusiones, pero lo hace con gran respeto hacia el maestro consagrado. Narra que a invitación de Luz se ha reunido periódicamente con él para discutir esos temas, con la mayor cordialidad; pero dice también que aun sabiéndose “pequeño y nulo delante de aquel hombre”, nunca cambió su alto concepto de la filosofía de Cousin.27 Es de los mismos días de esta polémica el escrito de González del Valle sobre la filosofía en La Habana, al que nos referimos anteriormente y es objeto del presente trabajo.