25 de Abril de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1997
Sección: Artículos / Articles

INTRODUCCION

Junto a la actitud proyectiva de ejercitar el pensamiento filosófico se ha dado siempre la actitud retrospectiva de volver la mirada hacia las filosofías del pasado. El resultado ha sido la historia de la filosofía. Pero ésta, a su vez, tiene también su historia: la historia del modo en que se ha hecho, en diferentes momentos y por diferentes autores con sus peculiares enfoques, la historia de la filosofía. El proceso de esta segunda historia o historia refleja o historia de la historia es el tema de la historia de la historiografía filosófica, la cual, naturalmente, requiere de un cierto corpus previo de labor histórica al cual aplicarse. Y es el caso que en América Latina hay suficiente material acumulado sobre la historia de la filosofía latinoamericana como para realizar un examen retrospectivo de ese material. En el tiempo, y fuera de obras que importan para la historia de la cultura y realizadas en el siglo XVIII (la Biblioteca Mexicana de Eguiara y Eguren, por ejemplo), los estudios o comentarios de historia filosófica comienzan en la segunda parte del siglo XIX y se refieren a manifestaciones filosóficas locales o nacionales. No es sino entrado el siglo XX que se avanza hasta una primera visión de la totalidad del pasado filosófico hispanoamericano, con el artículo de Francisco García Calderón, “Les courantes philosophiques dans l’Amérique Latine” (1908), que había sido ponencia a un congreso filosófico en Heidelberg.1 Luego aparecen otras síntesis generales y, a partir de la década de los años 40, los trabajos sobre el pensamiento latinoamericano se multiplican extraordinariamente con respecto a etapas anteriores. Debe considerarse, por último, y esto es de particular importancia, que la historia de la historiografía filosófica no es sólo narración de lo acontecido en su campo: tiene también por tarea descubrir y analizar los métodos, criterios y enfoques interpretativos que han empleado los historiadores de la filosofía. Sospechamos que en el caso de América Latina esta operación puede poner en evidencia categorías interpretativas de las cuales no siempre hay clara conciencia.2 Esta tarea, sin embargo, está en gran parte por hacerse, si bien se han realizado algunos esfuerzos.3

Todo parece indicar que las primeras manifestaciones de historia filosófica nacional durante el siglo XIX se dan en Cuba. Afirmaciones de este tipo nunca deben hacerse en forma dogmática, porque son cuestiones de hecho que en cualquier momento pueden ser desmentidas por otros hechos. Lo importante es el significado: la que aquí trataremos, y no obstante su modestia, es anterior a las obras de Silvio Romero para Brasil y de Valverde Téllez para México, para citar dos ejemplos.4

Se recuerda en ese sentido el escrito de José Manuel Mestre y Domínguez, titulado De la filosofía en La Habana, aparecido en 1862. Sin embargo, fue precedido por un artículo de José Zacarías González del Valle, “Filosofía en La Habana”, publicado en la temprana fecha de 1839. Todavía antes podría recordarse la nota necrológica escrita por don José de la Luz y Caballero con motivo del fallecimiento de José Agustín Caballero, su tío, que se publicó en 1835, aunque ésta es más bien una apreciación general de la personalidad y la obra de Caballero en esa ocasión recordatoria.5 Corresponde, pues, comenzar por el escrito de José Zacarías González del Valle.6