19 de Enero de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1997
Sección: Artículos / Articles

II

El título de la novela de José Bianco corresponde, como ya sabemos, al verso de un soneto de Góngora: se cita en este caso el fragmento de un terceto cuyo contenido completo el lector conocerá a través del epígrafe.

“Varia imaginación...” (1584) pertenece, según la clasificación de Biruté Ciplijauskaité (1969), al grupo de los sonetos amorosos que Góngora escribió en su juventud recreando modelos italianos1 . El poema describe, desde el punto de vista del contenido, el tormento de un “yo” que, desvelado por el recuerdo negativo del amado o de la amada (no es posible realizar una determinación genérica), recibe una invitación por parte de otra “voz” para dormir y, así, mitigar su desconsuelo:

Varia imaginación que, en mil intentos,
a pesar gastas de tu triste dueño
la dulce munición del blando sueño,
alimentando vanos pensamientos,

pues traes los espíritus atentos
sólo a representarme el grave ceño
del rostro dulcemente zahareño
(gloriosa suspensión de mis tormentos),
el sueño (autor de representaciones),
en su teatro, sobre el viento armado,
sombras suele vestir de bulto bello.

Síguele; mostraráte el rostro amado,
y engañarán un rato tus pasiones
dos bienes, que serán dormir y vello.
Un análisis estructural del texto demuestra que el soneto se construye en función de una serie de oposiciones semánticas binarias. A través de los polos de imaginación (tema de los dos cuartetos) y sueño (tema de los dos tercetos), Góngora describe las dos formas a través de las cuales un amante recobra la figura amada.

Si tenemos en cuenta, por su parte, la observación de Joan Corominas (1987) en el sentido de que “bulto” no significa tan sólo “masa del cuerpo de una persona”, “masa cualquiera” o “estatua que figura en relieve el cuerpo de una persona”, sino que deriva del latín vultus, “rostro” (111), el soneto adquiere una resolución temática y formal todavía mucho más específica: la restitución etimológica evidencia que el autor trabaja contrastando dos series de adjetivos de un mismo referente. Góngora asocia así los términos “grave” y “zahareño” a la figura del rostro recuperado por medio de la imaginación y “blando” y dulce” al que será posible encontrar en el sueño.

La presentación del sueño como único estado a través del cual el amante logrará la conjunción total con el amor —aún siendo consciente de su condición de simulacro fugaz—, ratifica la observación de Robert Jammes (1987) quien, más allá de las habituales anotaciones filológicas de la tradicional crítica de las fuentes, ha remarcado el carácter idealista con el que Góngora desarrolla aquí estos temas.

[INDICE] [I] [II] [III] [IV] [V] [VI] [NOTAS] [BIBLIOGRAFIA]