23 de Enero de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1997
Sección: Artículos / Articles

V

Sueño, deseo y poder configuran en Sombras suele vestir un campo semántico común, un sistema de alusiones múltiples cuya red permite la convivencia, como señalaba Borges a propósito de Las ratas, de dos lecturas paralelas, excluyentes, del mismo significante, “ambas contempladas por el autor, ambas definidas”3 . A través del texto, los sucesivos narradores van elaborando un personaje al que, como dijimos más arriba, otorgan una doble representación: un personaje en el que la frontera que separa la “vida” de su “espacio contiguo” parece irse borrando, un personaje que, por la acción del deseo de su “autor”, adquiere la consistencia de la madera de los sueños:

Jacinta sentía el cansancio apoderarse de ella, borrar los vestigios del hombre con quien estuvo dos horas antes en casa de María Reinoso, nublar el pasado inmediato con sus mil imágenes, sus gestos, sus olores, sus palabras, y empezaba a no distinguir la línea de demarcación entre ese cansancio al cual se entregaba un poco solemnemente y el descanso supremo. Entreabriendo los ojos, miró a sus dos queridos fantasmas en esa atmósfera gris ... Había entrado en un ámbito que la encargada del inquilinato no podía franquear. Y la paz se hacía por momentos más íntima, más aguda, más punzante. En plena beatitud, con la cabeza echada para atrás hasta tocar con la nuca en el respaldo, los ojos ausentes, las comisuras de los labios distendidas hacia arriba, Jacinta mostraba la expresión de un enfermo quemado, purificado por la fiebre, en el preciso instante en que la fiebre lo abandona y deja de sufrir (99-100).

Hay en la novela de Bianco un trabajo lingüístico muy preciso  que opera construyendo esta imagen inmaterial de Jacinta.  Los verbos “borrar”, “nublar”, “no distinguir”, circunscriben un efecto de desvanecimiento y no-claridad que actúa como estrategia narrativa capaz de situar al relato al margen del discurso realista, capaz de situar al personaje en el plano de las sombras. Y la imagen de la sombra conlleva en sí misma el problema de la representación: la sombra es proyección, es el espacio variable y oscuro producido por el efecto solar. Jacinta, como el rostro amado en Góngora, al ser soñada, esto es, al ser proyectada por Stocker, puede ser leída como una sombra, su sombra.

[INDICE] [I] [II] [III] [IV] [V] [VI] [NOTAS] [BIBLIOGRAFIA]