16 de Enero de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
Sección: Reseñas Criticas / Critical Reviews

Emma SEPÚLVEDA y Joy LOGAN (Eds.). El testimonio femenino como escritura contestataria. Santiago de Chile: Asterión, 1995, 276 págs.

El título de esta reseña, que debería ser “La otra voz”,  encierra una intertextualidad: en él cito el título de uno de los ensayos de la colección1. Al hacerlo, pretendo hacer hincapié en la doble vertiente de esta novísima colección, cuyo objeto de estudio es tanto la urgencia de comunicación (el acto—y el arte—de testimoniar) cuanto la “otredad” o “diferencia”, si se quiere, de dicha comunicación en el testimonio femenino en Latinoamérica.

En la Introducción, rigurosamente actualizada en cuanto a planteamientos teóricos, las editoras Sepúlveda y Logan apuntan hacia el cambio en la caracterización de las letras hispanoamericanas, “marcad[a],” afirman, “en las tres últimas décadas [por] la producción del testimonio” (11). A continuación trazan el desarrollo de la conceptualización del testimonio, de acuerdo con varias perspectivas en cuanto a su funcionalidad. A partir del Premio Nobel de la Paz, otorgado a Rigoberta Menchú en 1992, el testimonio se ha concebido primordialmente como “discurso de resistencia”. También, sin embargo, en cuanto a su “relación inestable” con las divisiones genéricas tradicionales revela ciertas propiedades “proscritas,” (“outlaw”) que, según la crítica Caren Kaplan permiten “a deconstruction of the ‘master’ genres, revealing the power dynamics embedded in literary production, distribution, and reception” (12). El enfocarse en estas cualidades “proscritas” y describir minuciosamente su funcionamiento respecto a los géneros literios tradicionales (particularmente la autobiografía) hace que el estudio de Sepúlveda y Logan se inserte decisivamente en el discurso de la posmodernidad latinoamericana, junto con otros estudios recientes. Sepúlveda y Logan siguiendo a Doris Sommer, distinguen entre la autobiografía y el testimonio en base a la subjetividad diferente, o lo que llama Sommer “the plural self” manifiesta en éste (l3). Además, subrayan otra pluralidad, “la complicidad feminista” característica particularmente del testimonio femenino, o sea, la participación activa en cuanto a apoyo editorial y la colaboración directa en la producción de textos testimoniales. Y sin embargo, hay que subrayar como hacen las editoras, que la relación entre interlocutor(a)/productor del texto oral (la voz) testimonial es una de poder, y de franco desequilibrio. No obstante, afirman las editoras que el estudio del testimonio femenino puede servir de “punto importante para articular un nuevo feminismo transnacional que podría comprometer a mujeres del Primer y tercer Mundo de una forma no-tradicional, no-esencialista y no-jerárquica” (17).

Los 12 ensayos comprenden una gran variedad de acercamientos teóricos así como representan distintas tradiciones nacionales y de género. Entre los ensayos más notables se destaca el de Florence Moorhead, “Escuchando las voces de los márgenes: Hasta no verte, Jesús mío, de Elena Poniatowska”. Moorhead subraya, a partir de su título, el aspecto de oralidad (pero también el de “marginalidad” u otredad) que se traza cual hilo conductor por toda esta colección. Según Moorhead, Poniatowska rompe con “la historia tradicional de representaciones de la mujer en la literatura mexicana” (58), al hacer que Jesusa sea “protagonista, narradora y foco principal” de Hasta no verte (59). Moorhead señala con singular agudeza le “diferente” versión del acto sexual, narrada por Jesusa, comparada con la tradicional descripción “epifánica” en el discurso narrativo masculino: “las experiencias [sexuales] de Jesusa son una sombra pálida, un fantasma....que cuestiona a la vez lo maravilloso y el carácter de....culminación que la experiencia sexual siempre ha representado para la mujer en la mayor parte de la literatura escrita por hombres” (59 60). Esta “re-visión” que hace Jesusa es parte de la (según Moorhead—de acuerdo con la tradición del feminismo anglo-americano—necesaria) movida del silencio a la voz y, más importante quizás, de “voz a autoridad” (64). Pero, cierra Moorhead su valioso estudio amonestando al lector a escuchar la voz de Jesusa—más ambigua que heroica, quizás, en fin de cuentas— “con cuidado”, es decir: no deificarla como “un ideal más en el panteón literario de imágenes femeninas” (64).

“De la puerta de Ibsen a la Plaza de Mayo: la historización transtextual de lo femenino” de Bruce Williams es un estudio teóricamente sofisticado de la “paratextualidad” en la filmación de la película argentina “La historia oficial” (1985). Cabe preguntar—y lo hace Williams—¿hasta qué punto conviene asociar una película determinada—y su paratexto—con el testimonio femenino? (91)

De acuerdo con la definición del testimonio de uno de sus máximos estudiosos, John Beverley, Williams determina que “La historia oficial’ bien pudiera funcionar como una de estas formas híbridas [descritas por Beverley]” (93). Williams señala que aunque ciertas concesiones a las normas de producción internacionales (léase Hollywood), se han hecho, esto “no le quita importancia al aspecto testimonial de la contribución femenina de tales artistas como Aída Bortnik y Norma Aleandro. Y tal contribución se documenta en el paratexto del film” (93). Y es esto—” lo inoficial de la voz femenina”—que forma el núcleo de la lectura transgresiva de lo paratextual que emprende Williams en su provocador ensayo.

De otra índole es el conmovedor ensayo de Emma Sepúlveda, “Arte social como testimonio político: historia de las arpilleristas chilenas”. Como se indica en su título, el “género” que describe y explica la autora es, precisamente, la “arpillera” (burlap). Su ensayo cae, de forma posmoderna pero a la vez altamente politizada, en los intersticios del género: su inclusión en una colección para consumo académico nos sugiere determinado modo de leer (intelectual, crítico, etc.) pero a la vez salta inevitablemente a la vista el alto grado de emotividad, compromiso personal y poeticidad del discurso de Sepúlveda. Su ensayo es, en fin de cuentas, en sí un testimonio: “quiero repetir”, nos dice, “las historias de un grupo de mujeres chilenas que han luchado por anos para defender los derechos humanos” (222). Texto híbrido: parte discurso memorialístico (la crítica nos entrega detalles personales de su propia historia: la muerte de su madre, su exilio de más de 20 anos, su pasión por la fotografía y por la justicia social), parte testimonio de un testimonio (narra la historia del significado simbólico y político de las arpilleras chilenas de la época de Pinochet), el ensayo de Sepúlveda busca transmitir al lector la “verdadera historia de las llamadas Arpilleras” (223). Sepúlveda intenta entender y comunicar, con palabras y con su fotografía, el “silencio con que se escribía diariamente la historia de [su] aniquilado país” (223).

En conclusión, me parece que el lector interesado en literatura testimonial, literatura femenina, o feminismo (preferentemente un ente híbrido, amante de estos tres géneros íntimamente ligados) encontrará que la valiosa Introducción, estos tres y otros varios de los doce ensayos hacen que la colección cumpla magistralmente con su meta: “dar un paso inicial al largo camino que queda por seguir en el estudio del testimonio latinoamericano escrito por mujeres” (22).

Pomona College
SUSANA CHÁVEZ-SILVERMAN
Claremont, California, U.S.A.