20 de Julio de 2018
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Colección:
Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
EDITORIAL

En sus entrevistas y conferencias universitarias, William Faulkner solía decir que la finalidad última del escritor es reducir la esencia de la existencia humana a una simple oración. Este ejemplo es uno de los tantos que expresan la aspiración del hombre a través de los tiempos por alcanzar lo esencial por medio de la brevedad, la cohesión, la reducción o la síntesis expresiva. En la historia de la cultura, una curva única expresa un día lo que evocaban confusamente hasta entonces cien curvas embrolladas. La búsqueda de la simplicidad ha sido una conquista incesante que enfrenta emboscadas en todos los recodos del camino y que el artista ha debido arrancar de la suma inmensa y siempre renovada de lo desconocido.

El origen de este número especial de la RIB dedicado al microrrelato se debe al persistente entusiasmo de David Lagmanovich quien, desde inicios de la década de los ochenta, en sus vinculaciones con el entonces Programa Regional de Desarrollo Cultural, destacaba la presencia creciente de una forma de expresión literaria cuyas características eran unas estructuras narrativas mínimas con una extensión desde una línea hasta algo más de una página. El reconocido maestro Luis Leal había sido de los primeros en llamar la atención sobre estas formas narrativas al referirse a Confabulario Total de Juan José Arreola, señalando que algunas piezas: “ya apuntan hacia un nuevo género, el mini cuento, hoy de moda entre los jóvenes cuentistas” [Historia del cuento hispanoamericano, 2ª edición ampliada (México: de Andrea, 1971) 115]. Otros apelativos que se le han dado posteriormente son: cuento brevísimo, cuento corto, microrrelato o minificción y sus temas resaltan anécdotas, sátiras, fantasías, estados oníricos, junto con una fuerte corriente de recreación de motivos históricos, fabulosos, literarios o mitológicos. Para lograr estas composiciones mínimas, formas acabadas de imaginación y talento, algunos críticos señalan que este tipo de microrrelato exige el manejo de una avanzada competencia narrativa al igual que pericia lingüística para poder lograr la mayor concentración y economía verbal.

Sería ingenuo pensar que este anhelo por lograr impresiones artísticas a través de la reducción de sus componentes ha sido exclusiva de la literatura. En su variable temporal, la indagación en torno a sus orígenes nos lleva siempre a China, India, Japón y Persia donde se practicaba, acaso desde un remoto pasado, la búsqueda de formas que alcanzaran una alta concentración comunicativa y que confirieron a sus manifestaciones artísticas un acento tan decisivo, tan resuelto a separarse de la naturaleza material para crear una naturaleza espiritual, más resumida, más esencial, más expresiva y más cadenciosa que aquélla. Del Oriente desembocan en un rico caudal de narrativa popular en la Edad Media, a través de una fuerte tradición oral, para quedar plasmada en testimonios literarios diversos (apólogos, castigos, enxiemplos, estorias, fablas, fabliellas, fábulas, hazañas y proverbios) formas todas precursoras del “cuento” moderno. En lo referido a su ubicación espacial, estos microtextos han sido empleados por autores de latitudes diversas que los interpolan en cosmogonías, ensayos, novelas y todo tipo de obras narrativas como en el caso de Hesíodo, Platón, Rabelais, Boccacio, Cervantes, Tolstoi, Kafka, Faulkner, Ernest Hemingway, Italo Calvino, Jorge Luis Borges y Jorge Amado, además de la enorme colección de cuentos y relatos anónimos que han llegado hasta nosotros.

En la búsqueda de relación o parentesco de las formas narrativas breves con sus antecedentes orientales, se ha confundido muchas veces el fenómeno de la razón, que consiste en estirar la forma, con el fenómeno del instinto, que tiende a idealizarla. La idealización no deforma al objeto sino que lo endereza y lo completa para extraer su sentido humano más general, más puro y más rico en esperanza. La estilización lo adapta, sistematizando los caracteres casi constantemente presentados por la forma estudiada. El artista ha visto que todas las formas y todos los gestos y todas las arquitecturas conservan las dominantes que las definen en nuestro recuerdo y que, puestas en relieve por procedimientos esquemáticos, se aplican a la decoración con perfecta exactitud. Es justamente por su fuerza para estilizar el mundo que el arte oriental sigue siendo el más intelectual, si no el más filosófico, de nuestros lenguajes figurados.

El presente volumen tiene por finalidad explorar una serie de tópicos vinculados con esta modalidad narrativa en el ámbito  hispanoamericano. No en todos los países existe una avanzada tradición del microrrelato. Posiblemente en donde más se destaca esta forma sea en Argentina, Chile, Colombia, México y Venezuela,  llevando la estabilización del microrrelato al punto de constituir proyectos autónomos como es el caso de autores como Juan José Arreola, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Marco Denevi. El lector encontrará destacado en varios de los analísis que es posible establecer momentos y etapas distintas en esta forma literaria que desde su presencia en los autores antes citados, llegan a la perceptiva obra actual de Augusto Monterroso, la imaginación de Gabriel Jiménez Emán, los universos posibles de Luis Britto García y una creatividad que pareciera desconocer límites como es el caso en nuestros días de Ana María Shua, por citar sólo algunos ejemplos.

Por sugerencia del escritor Mempo Giardinelli, para coordinar los distintos trabajos que hoy presentamos a nuestro público lector pudimos contar con el invaluable apoyo del Profesor Juan Armando Epple como editor invitado. Razones de tiempo y espacio nos impidieron incluir la indexación bibliográfica de la casi utópica “revista” colombiana Ekuoreo que, al cierre de esta edición, re-descubrió para la RIB el entusiasmo de Francisca Noguerol y de la que generosamente sus editores (Guillermo Bustamente Zamudio y Harold Kremer) nos hicieron llegar un juego completo. Tampoco se llegó a concluir el relevamiento bibliográfico de la revista argentina Puro Cuento editada por M.Giardinelli y que comenzaron Graciela Tomassini y Stella Maris Colombo. Ambas tareas quedarán para un número futuro. Por ello, esta presentación no podría dejar de expresar aquí el reconocimiento de la RIB hacia todas aquellas personas que de una forma u otra pusieron desinteresadamente a nuestra disposición sus estudios, trabajos, investigaciones, obras y sugerencias. Para todos nuestro sincero agradecimiento.

Los Editores