Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
INTRODUCCION
Los tres autores, cuyas obras se analizan en este trabajo, son todos contemporáneos,
aunque de los tres sólo Luis Britto García por haber sido seleccionado
dos veces para el premio Casa de las Américas ha logrado
reconocimiento fuera de Venezuela. Actualmente, ese país es uno de los más
prolíficos en cuanto al cuento breve y, de los numerosos escritores que lo
practican, Gabriel Jiménez Emán, Eduardo Liendo, y Luis Britto García se destacan
por su continua e interesante tradición artística dentro del subgénero.
El cocodrilo rojo de Liendo (1987), Los dientes de Raquel, (1973)
y Los 1.001 cuentos de 1 línea (1981) ambos de Jiménez Emán, y La
orgía imaginaria (1984) de Britto García, son cada uno colecciones de
textos únicos de alta calidad, y comparten semejanzas temáticas y estilísticas.
Cada uno de estos autores demuestra una predilección por la creación de mundos
imaginativos y por insertar elementos fantásticos e inquietantes en una realidad
familiar y cómoda. De esta manera, el lector se ve forzado a emplear su imaginación
al ingresar a la lectura y tiene que ser rápido y flexible para poder asimilar
estos mundos nuevos y extraños y poder trabajarlos antes de que termine el
texto. Debido a la desfamiliarización de la realidad presentada en la obra
se crea una distancia que se mantiene a lo largo de toda la lectura del cuento,
ensanchando el abismo entre texto y lector y dejando a este último con mayor
potencial para una doble experiencia interpretativa e interactiva.
Otra característica común a estas cuatro colecciones de cuentos breves es
el final sorpresivo o con un giro insólito, o poco agradable, o la revelación
repentina de algún hecho o idea que clarifica un aspecto diferente sobre los
eventos narrados. Por eso, con frecuencia los finales de los textos parecen
inconclusos; ya sea porque la nueva información es desconcertante y no parece
llevar a la anécdota a una solución obvia, o porque sirve para lanzar una
dirección totalmente nueva por la cual el cuento podría continuar desarrollándose.
En ambos casos, se exige claramente una contribución creativa por parte del
lector. Nuestra inclinación más fuerte es, de alguna manera, el descubrir
una conexión entre estos finales discordantes y enigmáticos, y el resto del
texto, porque nuestra experiencia como lectores nos ha condicionado a esperar
que un texto de ficción en prosa es una figura geométrica cerrada en la cual
las situaciones que se desarrollan durante el proceso de la narración logran,
ya para el final, algún nivel de solución. Los cuentos de misterio son, por
supuesto, por su género, los que están en el extremo de la escala, y que siempre
exigen una solución final. Aún en la literatura más experimental y no tradicional,
donde los finales pueden ser más ambiguos e indefinidos, las preguntas que
surgen en la narrativa tienden a ser retomadas y resueltas al concluir. Es
por eso que el lector de los cuentos breves de Jiménez Emán, Liendo, y Britto
García estarán esperando que las redes echadas en el transcurso del cuento
sean recogidas y que el lector haga el esfuerzo por desmitificar los finales
perplejos para obtener una comprensión más hermética del texto.
Finalmente, la otra área en común entre los cuatro libros aquí nombrados son
sus estilos y estrategias narrativas especialmente en el nivel formal. En
el cuento breve moderno latinoamericano los recursos formales son de gran
importancia debido a la influencia que pueden ejercer en la interacción del
lector con el texto y por eso se los examina con más detalle.

