18 de Agosto de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)<<Revista Interamericana de Bibliografía (RIB) 1996, No. 1-4<<Artículo

Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
NOTAS

1. Recopilado por Aristizábal, p. 215. Este epígrafe nos permite sugerir las intersecciones entre lo popular (el refrán, el graffiti) y lo culto (el proverbio), así como las complejidades de lo breve, que son motivo de reflexión en el presente trabajo.
2. En su “Ronda por el cuento breve”, Edmundo Valadés parte “de la base tentativa de considerar minificción al texto narrativo que no exceda de tres cuartos de cuartilla” (29). Allí mismo se resumen algunos indicadores de la práctica y consumo generalizados del microcuento, tales como la reproducción constante en periódicos y revistas así como en recopilaciones y libros, y la aparición de revistas especializadas en recogerlos, como Puro cuento (Argentina), Eureka (Colombia) y El cuento (México), entre otras. También Juan Armando Epple, en su Brevísima relación, comenta la amplitud de autores que han incursionado en el género, así como la variedad de tendencias y estilos dentro del mismo, observando además la maestría que requiere el cultivo del minicuento para ir más allá de lo anecdótico. Este es otro sentido de nuestro epígrafe, que insinúa la larga experiencia escondida detrás de la brevedad.
3. El término de heterogeneidad multitemporal es empleado por Néstor García Canclini en su obra Culturas híbridas, para referirse a la diversidad cultural y a la convivencia de modos de producción en América Latina, esos “cruces socioculturales en que lo tradicional y lo moderno se mezclan” (14-15), sobre los que volveremos al final de este ensayo.
4. Utilizamos aquí el concepto de género en su sentido más empírico, como un conjunto de textos que comparten determinadas características formales, sin pretender encasillar la amplitud creativa de los cuentos breves, sino más bien empleando la categoría como una convención que interactúa con una cierta receptividad (la produce y responde a ella), en una época y geografía específicas. Para un resumen de la crítica del género, véase la Teoría de los géneros de Paul Hernadi, que concluye proponiendo hacer énfasis “en el orden de la literatura y no en los límites entre los géneros literarios” (144).
5. Dice Calvino: “Whenever humanity seems condemned to heaviness, I think I should fly like Perseus into a different space. I don’t mean escaping into dreams or into the irrational. I mean that I have to change my approach, look at the world from a different perspective, with a different logic and with fresh methods of cognition and verification” (7). Aunque en este punto el texto parece reformular las tesis “defamiliarizadoras” del formalismo ruso de comienzos de siglo, Calvino, a diferencia de los formalistas, no pretende definir la ‘esencia de lo literario’, sino sus relaciones con la recepción contemporánea.
6. En este aspecto, como en muchos de los aquí discutidos, el microcuento y el cuento ‘a secas’ (cuya clasificación genérica sigue en disputa), se mantienen en un terreno común sólo diferenciable, quizás, en términos de grados. Para un recorrido crítico por las teorizaciones sobre el cuento, véase En torno al cuento: De la teoría general y de su práctica en Hispanoamérica, de Gabriela Mora, que comienza por preguntarse por la condición misma del cuento como género, y comenta sobre el relativo olvido de la crítica hacia el voluminoso corpus del cuento contemporáneo (11-12).
7. Apareció por primera vez entre los “Cuentos para cerebros detenidos”, en la revista Plural 157 (1984):44.
8. Aparecido en Luisa Valenzuela. Aquí pasan cosas raras. Buenos Aires: La Flor, 1975,  91.
9. Tanto éste como los cuentos anteriormente transcriptos escenifican además el diálogo entre grupos sociales, e interactúan con diversas manifestaciones de lo ‘popular’ en conflicto con lo ‘culto’: el refrán en el caso del primer cuento, la reunión en un café de barrio en el segundo, y esta charla de sordos del último cuento citado hasta aquí, que se nutre tanto de la literatura clásica como de las dificultades para acceder a ella por parte de la gente común. Hacia el final de este estudio se retomarán estos aspectos de la producción/recepción del minicuento, que no se han ampliado en este lugar para favorecer la continuidad en el desarrollo de los Memos de Calvino.
10. Costa Lima retoma la crítica contemporánea al presupuesto de la objetividad (todo depende del punto de vista del observador), para afirmar que la historia es también un discurso ficcional. La especificidad de la literatura como formación discursiva consistiría entonces en la textualización de esa dialéctica entre ficción y realidad, tendiendo a la multiplicación o relativización de los puntos de vista. Al retomar esta vertiente ficcional no pretendemos para nada descalificar el valor estético ni político del testimonio, sino resaltar su dinámica oposición dialéctica con el minicuento.
11. Sobre la “teoría del caos”, una de cuyas principales exponentes es Ylya Prigogine, puede encontrarse un compendio de posiciones encontradas en el coloquio convocado por Jorge Wagensberg, titulado Proceso al azar (Barcelona: Tusquets, 1986).
12. El adjetivo ‘corriente’ es, claro, una homogeneización que habría que puntualizar: gente de clase media, con un nivel de escolarización y cierta variedad de intereses. Sin embargo, lo sugerente de esta observación, por desarrollar en futuros estudios, consiste en la participación del microcuento como clase textual en la trayectoria de democratización de la producción estética ‘culta’, de la que hicieran consigna de lucha algunos movimientos vanguardistas de comienzos de siglo. García Canclini en la obra ya mencionada resume este esfuerzo en América Latina, desde los movimientos de los sesenta empeñados en abolir la distancia entre artistas y espectadores, y la promoción de arte callejero y talleres de creatividad popular en los setenta, hasta la tendencia de los últimos años a restaurar la profesionalización artística y el trabajo individual (no necesariamente individualista, aclara García), considerando más bien la producción de obras más accesibles a todas las clases (véase Culturas híbridas 130-32). El microcuento es una forma de hacer llegar la literatura a un público más amplio, por su fácil inclusión en revistas y suplementos literarios, y en formas menos convencionales de arte ‘callejero’.
13. La mención de los nuevos medios electrónicos y masivos no implica necesariamente una “crisis del libro”, o una pérdida de razón de ser para la literatura. De hecho, las últimas décadas —y los noventa no son hasta ahora una excepción— han visto un crecimiento de la industria y mercadeo editoriales, que ya no se limitan a las librerías, sino que ofrecen sus productos en puestos de revistas y ventas callejeras. Nunca antes los escritores latinoamericanos habían tenido tanto público nacional e internacional, ni habían existido tantas revistas literarias en cada ciudad (ya no sólo en las capitales de los países), difundiendo los trabajos locales. Todas estas observaciones son relativas, si se compara en términos económicos la “popularidad” de las historietas, por ejemplo, con las modestas utilidades de muchos libros cultos; pero no nos interesa aquí poner en competencia a los diversos medios con la institución literaria, sino constatar sus intersecciones.
14. La oposición entre los “grandes relatos”, esas protonarrativas centralizadas que homogeneizan la Historia y llevan a cabo una nomenclatura unívoca de la realidad, y la “pequeña historia” de tentativas aleatorias que ofrecen perspectivas parciales y contrahegemónicas de la experiencia (anti-narrativas), caracterizadas por la fragmentación y el carácter efímero de lo narrado, es desarrollada por Lyotard desde sus primeras teorizaciones sobre la posmodernidad (véase La condition postmoderne: Rapport sur le savoir. Paris: Les Editions de Minuit, 1979). En el presente estudio se ha evitado el término ‘posmoderno’, en atención al parecer de muchos críticos, que lo consideran un concepto inadecuado para lidiar con los procesos sociales latinoamericanos. Una excelente recopilación de las discusiones más recientes sobre el tema en el contexto latinoamericano, se encuentra en la edición especial de la revista Boundary 2, titulada “The Postmodern Debate in Latin America”, y preparada por John Beverley y José Oviedo, quienes en la introducción hacen un buen resumen histórico del debate.
15. Para una teorización e historia del graffiti en Europa, Estados Unidos y, sobre todo, en Latinoamérica, consúltese las obras de Armando Silva: Punto de vista ciudadano: Focalización visual y puesta en escena del graffiti (Bogotá: Caro y Cuervo, 1987), y Graffiti: Una ciudad imaginada (Bogotá: Tercer Mundo, 1988). En esta última obra, Silva recuerda los procesos de institucionalización del graffiti en exposiciones de arte y convocatorias de concursos, y explora sus relaciones con la publicidad desde el punto de vista de la recepción por parte de los habitantes de la ciudad.