19 de Septiembre de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)<<Revista Interamericana de Bibliografía (RIB) 1996, No. 1-4<<Artículo

Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996

INTRODUCCION

El presente estudio parte de la pregunta sobre la creciente difusión en el siglo veinte —pensando particularmente en Hispanoamérica—, de un género ‘menor’ y aparentemente diletante como el microcuento. En el intercambio comunicativo entre escritores y público o, si se quiere, en las complejas estructuras que rigen la producción y el consumo cultural, el cuento brevísimo —que se distingue de otros géneros de ficción sobre todo por la base material de su extensión limitada a una página o menos— se ha ido generalizando como práctica, como lectura de placer y, en los últimos años, como objeto de historia, recopilación y estudio académico2 .

El interés de la pregunta no radica en la obtención de alguna respuesta unívoca sobre las características del género, sino en las posibilidades que ofrece para una reflexión sobre las prácticas culturales contemporáneas, y sobre el papel de la literatura en dichas prácticas. En otras palabras, la pregunta se traslada desde el minicuento como objeto de estudio, hacia éste como fuente de problemas para la institución literaria y cultural: ¿de qué manera la práctica generalizada del microcuento plantea y responde a nuevos retos para la producción cultural contemporánea? ¿cuáles son sus relaciones con el horizonte de expectativas a finales del siglo veinte? ¿cómo se inserta en el complejo de tradiciones, innovaciones e intercambios de la “heterogeneidad multitemporal” de América Latina?3

Lo primero que se constata al acometer estas preguntas sobre el microcuento, es la tremenda diversidad del género —ya arbitrariamente definido en su materialidad—, cuya lúdica textual lo emparenta con toda clase de modalidades discursivas dentro y fuera de la literatura, desde la sentencia y la fábula hasta la ciencia ficción y la parodia, desde el chisme hasta la crónica policial, desde la poesía y la historieta hasta el ensayo y el graffiti. Por ello ha sido preciso, en aras de la identificación de una base común a la mayoría de los textos, seleccionar modelos de análisis tan plurales y sugerentes como el género mismo4 .

Como punto de partida para iniciar la exploración de las expectativas y retos para la literatura contemporánea —una exploración siempre inconclusa, claro está—, resultan particularmente apropiadas las Seis propuestas para el próximo milenio que Italo Calvino, él mismo un maestro del cuento breve, dejó inconclusas antes de morir. En este magnífico texto, el escritor italiano hace un recorrido por expresiones estéticas de variadas épocas y latitudes, recogiendo los “valores literarios” que él considera más preciados para dialogar con las realidades contemporáneas. Cada uno de estos valores se manifiesta con peculiar plenitud en el microcuento, lo cual demuestra su aptitud para responder a los retos que enfrenta la institución literaria en nuestra época.

Calvino comienza por la exaltación de la levedad como un imprescindible modo de contrarrestar el peso, la inercia y el carácter sombrío de las instituciones sociales, la “lenta petrificación” de la cotidianidad y el pensamiento. La levedad proviene de un cambio de perspectiva en la manera de mirar el mundo, con una lógica y métodos frescos de exploración5 . Esta disposición, manifiesta en las tendencias más recientes de la ciencia y la técnica —las ingrávidas entidades del DNA, las neuronas, la cuántica, los computadores—, recoge una antigua tradición poética, desde Las metamorfosis de Ovidio hasta la poesía de Leopardi y las novelas de Milán Kundera, y abarca tres sentidos o niveles: una textura verbal que aspira a la ingravidez, un estilo narrativo-descriptivo que implica un alto grado de abstracción, y la producción de imágenes con ligereza visual, mundos sutiles como las “pompas de jabón” de Antonio Machado.

El microcuento es un género emanado de este impulso hacia la levedad, en su constante depuración del lenguaje y la abstracción alada que implica la magia narrativa reducida al mínimo espacio. A diferencia de otros géneros como la novela o el ensayo, que requieren un ajuste particular de su tendencia a la gravedad acumulativa para lograr su ligereza, el microcuento tiene la levedad en la misma raíz de su constitución genérica, razón por la cual se ha considerado literatura liviana, o una mezcla entre ficción y poesía6 .

Esta levedad, que antagoniza inevitablemente con los proyectos hegemónicos cuya estrategia consiste en consolidarse mediante el peso de sus instituciones, no surge exclusivamente de la brevedad, sino que fluye a través de la lúdica expresiva y los cambios bruscos de nivel que generan la incongruencia (esa lógica alterna a la que alude Calvino). A esto se refiere el manifiesto de Laurián Puerta (citado por Valadés, 28), cuando afirma que el minicuento “tiene un final de puñalada”, sea en la vertiente del humor (enternecedor o satírico), de lo insólito, o de la magia.

Aunque la necesidad de sustentar la levedad del género en casos concretos es casi superflua, vale la pena ejemplificar el rasgo formal esbozado, citando, entre los muchos posibles, el cuento “No es oro todo lo que reluce”, de la chilena Raquel Jodorowsky y que recoge Juan Armando Epple, 76:7

En los tiempos de antes, el Elefante era una flor masculina. Un día, los pétalos comenzaron a pensar en su tamaño. Al cielo no le pareció nada bien que un floro razonara por su cuenta. Y lo castigó convirtiéndolo en carne para siempre.
Lo que confiere levedad a este relato no es sólo la producción de la imagen, que alivia la pesadez del elefante al asociarla con la sutileza de la flor, ni la implícita referencia a la gravidez de la carne como una condena. Es también la lógica de la narración, que reconoce en la pesadez un modo de razonar (“comenzaron a pensar en su tamaño”), y que opone a ella un lenguaje ligero, una narración ágil de frases breves, y una distribución oxigenada por el espacio libre de los apartes. Con estos recursos se logra transformar el hábito que concibe al elefante como la síntesis de lo gravoso, al tiempo que se invierte el sentido del refrán popular aludido en el título, mostrando que hay oro en aquello que no reluce (un pequeño relato), así como hay ligereza en aquello que parece más pesado (el elefante, la literatura). De este modo, el cuento breve confiere levedad a la literatura y al mundo representado, aligerando su lenguaje, sus procesos lógicos y sus imágenes, al dar vuelo a lo petrificado con precisión e ingenio, como insinuara Paul Valéry: “Il faut être comme l’oiseau, et non comme la plume” (citado por Calvino, 16).

El segundo valor literario que aborda Calvino es el de la rapidez derivada de la levedad: no en vano en español el adjetivo ligero abarca los dos significados. La rapidez se refiere, sobre todo, a la agilidad del pensamiento, a la voluntad de producir en la trama textual la emoción de la simultaneidad, la conexión inmediata e imprevisible con todo lo existente o imaginable, a través de un estilo elíptico y un ritmo fluido que revelen la maleabilidad del tiempo. Esta agilidad verbal se propone como respuesta y contrapunto a la era de la velocidad y las telecomunicaciones, con su tendencia hacia la homogeneidad de los sentidos para fines prácticos, y aboga por la agudización de las diferencias, por la celebración de los pliegues semánticos del lenguaje escrito.

Se trata de una rapidez que no excluye el placer de la dilación ni la profundidad contemplativa sino que, por el contrario, las rescata en una configuración formal que acepte los desafíos de la vertiginosidad electrónica y el magnetismo de los medios masivos. El microcuento ofrece este tipo de configuración textual que permite expresar concisamente los frutos de una larga contemplación, para decirlo en los términos del graffiti citado en nuestro epígrafe. Como el haikú japonés, el microcuento tiene además el efecto de moderar la avidez del consumo, al exigir una pausa reflexiva para asimilar la rapidez de la narración, requiriendo con frecuencia su relectura.

El siguiente cuento de la argentina Luisa Valenzuela, que es preciso transcribir con su título, textualiza esta dialéctica entre calma contemplativa y agilidad discursiva características del microcuento:8