18 de Enero de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)<<Revista Interamericana de Bibliografía (RIB) 1996, No. 1-4<<Artículo

Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996

El cuento ultracorto: una mirada bajo el microscopio

Lo que aquí llamo cuento ultracorto tiene una extensión que no rebasa las doscientas palabras. Esta escritura ha recibido diversos nombres, entre ellos, microcuento o minicuento, cuento brevísimo y, más recientemente, ficción urgente o de tarjeta postal (I. Zahava, 3 vols.).

La investigadora venezolana Violeta Rojo propone llamar minicuento a la narrativa que tiene las siguientes características:

a) brevedad extrema (menos de 200 palabras);

b) economía de lenguaje y juegos de palabras;

c) representación de situaciones estereotipadas que exigen la participación del lector, y

d) carácter proteico, es decir, hibridación con otros géneros literarios o extraliterarios, en cuyo caso la dimensión narrativa es la dominante; o bien hibridación con géneros arcaicos o desaparecidos (fábula, aforismo, alegoría, parábola y proverbios, y habría que añadir mitos), con los cuales se establece una relación paródica (V. Rojo, 566-7).

El ejemplo paradigmático de minicuento es “El dinosaurio” (1959) de Augusto Monterroso.

Por su parte, Andrea Bell, en su investigación sobre lo que ella llama cuento breve incluye el muy corto y el ultracorto, es decir, hasta un límite de 1000 palabras.

Retomando lo señalado en el apartado anterior, en el estudio de estos minicuentos es necesario considerar, además de la brevedad extrema, los siguientes elementos característicos:

a) Diversas estrategias de intertextualidad (hibridación genérica, silepsis, alusión, citación y parodia);

b) Diversas clases de metaficción (en el plano narrativo: construcción en abismo, metalepsis, diálogo con el lector; (en el plano lingüístico: juegos de lenguaje como lipogramas, tautogramas o repeticiones lúdicas);

c) Diversas clases de ambigüedad semántica (final sorpresivo o enigmático);

d) Diversas formas de humor (intertextual) y de ironía (necesariamente inestable).

Todos los estudiosos del cuento ultracorto señalan que el elemento básico y dominante debe ser la naturaleza narrativa del relato. De otra manera, nos encontramos ante lo que algunos autores han llamado un minitexto, pero no ante un minicuento; es decir un texto ultracorto, pero no un cuento ultracorto.

Sin embargo, el elemento propiamente literario —tanto en los minitextos como en los minicuentos— es la ambigüedad semántica, producida, fundamentalmente, por la presencia de un final sorpresivo o enigmático, pues ello exige la participación activa del lector para completar el sentido del texto desde su propio contexto de lectura.

La intensidad de la presencia de los elementos estructurales indicados hacen del cuento ultracorto una forma de narrativa mucho más exigente para su lectura que la novela realista o el cuento de extensión convencional.

Antes de 1956, fecha de publicación de la Breve historia del cuento mexicano de Luis Leal, entre los principales cultivadores del cuento muy breve en México se encontraban Carlos Díaz Dufoo II, Julio Torri, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Mariano Silva y Aceves, Genaro Estrada, Juan José Arreola, Juan Rulfo y algunos otros, cuya tradición continúa hasta hoy. Habría que añadir que de todos estos escritores sólo Paz y Reyes llegaron a conocer directamente la tradición del haiku en México (T. Hadman, 7, 20-21).

La actual popularidad del género se puede deber, tal vez, al crecimiento editorial y al incremento de estudios y talleres dedicados al cuento, a la crisis de la sociedad civil (con la consiguiente multiplicación de voces públicas) y sin duda a la creación del Concurso de “Cuento Breve” de la revista El Cuento.