Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
1. De taxonomía literaria
Como es bien sabido, la relación entre el significante y el referente es arbitraria.
Cuando a la clase de texto de la que vamos a hablar la llamamos minicuento
estamos intentando que el significante no sea arbitrario para tratar (no más
que eso) de encontrar un nombre definido y, ojalá, definitivo.
En la literatura crítica sobre el tema podemos encontrar una multitud de expresiones,
intentos taxonómicos frustrados: arte conciso, brevicuento, caso (los de Anderson-Imbert),
cuento breve, cuento brevísimo, cuento corto, cuento cortísimo, cuento diminuto,
cuento en miniatura, cuento escuálido, cuento instantáneo, cuento más corto,
cuento rápido, fábula, ficción de un minuto, ficción rápida, ficción
súbita, microcuento, microficción, micro-relato, minicuento, minificción,
minitexto, relato corto, relato microscópico, rompenormas, texto ultrabrevísimo,
ultracorto, varia invención (los de Juan José Arreola) y textículos.
Esta multitud de nombres indica varias cosas. Por una parte que, evidentemente,
su característica más resaltante es la brevedad; por otra, que los límites
de la narración muy breves no están bien definidos y por tanto no se sabe
qué son esas narraciones tan cortas o a qué género pertenecen. Esta indecisión
puede deberse a que no hay seguridad de que los minicuentos sean verdaderamente
cuentos, ya que tienen características de otros géneros, sub-géneros como
todas las variaciones posibles de las llamadas formas simples
y también de escritos no literarios. El minicuento, por esta razón, da la
impresión de ser un tipo de texto des-generado.

