Colección: Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
3. Formación de un sub-género
Para Wellek y Warren (1974) la teoría moderna de los géneros no limita el
número de los posibles géneros ni dicta reglas a los autores; supone que los
géneros pueden mezclarse y producir un nuevo género, y ve que los géneros
pueden construirse sobre la base de la inclusividad, de la complejidad o riqueza
lo mismo que sobre la pureza. Además, que las obras literarias
influyen a otras obras que las imitan, parodian y transforman.
En suma, una obra literaria no es nunca pura, siempre está influida por otras
obras. A partir de esto podríamos decir también que un género no puede ser
puro, ya que ha sido influido por otros géneros. Pero además que los géneros
nuevos pueden formarse a partir de las influencias de unos géneros en otros.
El concepto de que los géneros literarios son rígidos y de que cada género
puede ser clasificado de una manera muy precisa, aparte de muy poco factible
no corresponde con el estudio de un órgano vivo y cambiante como es la literatura.
Como dice Tomachevski (1982, 214), es imposible facilitar una clasificación
lógica y duradera de los géneros. Su división es siempre histórica, es decir,
válida solamente durante un determinado período histórico Obviamente,
al ir cambiando las formas de expresión literaria, los géneros no pueden mantenerse
inmunes e incólumes. Es por eso que este mismo autor plantea que el estudio
de los géneros debe ser descriptivo. Por supuesto, esto también significa
que no hay géneros definidos, ni tampoco subgéneros ya que, demarcations
between modes of narrative, and between genres themselves are not firm
(Gerlach, 1989, 74).
Si tomamos la tesis de Victor Sklovsky (citado por Wellek y Warren, 1974)
y consideramos que las nuevas formas de arte son simplemente la canonización
de géneros inferiores y a eso le agregamos el concepto de la eliminación de
los géneros de Tomachevski (1982) en el sentido de que un género alto puede
desaparecer a partir de la infiltración en el género alto de los procedimientos
del género bajo, podríamos establecer, mediante algunas precisiones, ciertos
conceptos.
En lugar de hablar de géneros inferiores y superiores, altos y bajos, consideraremos
a los géneros como formas activas o como formas desaparecidas. Las desaparecidas
serían las que ya no se utilizan tal y como eran en su origen, por ejemplo
las formas arcaicas, simples y menores: fábulas, alegorías, parábolas, y otros,
mientras que al cuento, el ensayo y el poema que gozan de buena salud los
consideraremos formas activas.
A partir de Sklovsky y Tomachevsky es factible pensar que los nuevos géneros
y sub-géneros se pueden crear por la infiltración de formas activas o de formas
desaparecidas en otras formas activas. Esto no hace que desaparezca la forma
activa matriz sino que se cree una nueva, o quizás un nuevo género, o sub-género.
Esta nueva forma será distinta a las originales, pero al mismo tiempo conservará
rasgos de las nuevas. Por supuesto, esta infiltración de géneros no se da
con todas las formas activas y desaparecidas al mismo tiempo, sino, por lo
general, uno por vez.
De esta manera tenemos la forma activa cuento, a la que se unen, en distintas
ocasiones, la forma activa poesía, la forma activa ensayo, y varios tipos
de formas desaparecidas: la fábula, el aforismo, la alegoría, la parábola,
los proverbios. Es así como se va creando un nuevo tipo de cuento, que es
muy breve, porque estas formas suelen ser breves (aunque también se podría
pensar que las adopta precisamente porque al ser breves convienen mejor a
su índole particular) y que cumple en su constitución la teoría clásica de
la formación de nuevos géneros.
Podríamos pensar que el minicuento no es tan nuevo como para ser un género
en formación y que textos muy breves han existido desde los orígenes de la
literatura. Pero debemos estar claros que el minicuento no es simplemente
un tipo de cuento muy breve sino que es un cuento muy breve que se interrelaciona
paródica y humorísticamente con otros géneros y que utiliza estas interrelaciones
genéricas como estrategias narrativas. Estas características lo desvinculan
de la narrativa simplemente muy breve y se dan solamente en los minicuentos
de este siglo, especialmente de los 20 en adelante.
El minicuento, entonces, resulta tan extraño, tan poco clasificable, tan alejado
de lo tradicional porque es un nuevo género, o sub-género, se está formando
otra forma narrativa. Como dice Fawcett (1991): Existe un movimiento
claramente orientado hacia la creación de nuevos géneros, al menos de manera
parcial, a través de la fusión de los elementos más relevantes de los viejos
géneros. Y como anota Koch (1981, 123), refiriéndose ya específicamente
al minicuento: Las rupturas de las normas literarias tradicionales y
su subsiguiente incidencia crean los nuevos géneros y subgéneros en que luego
se divide la literatura para poder estudiarla.
Hasta ahora, hemos visto que el carácter proteico del minicuento tiene dos
vertientes. Por un lado, su vinculación al cuento, que tanto en sus orígenes
como en su desarrollo, ha estado relacionado con otras formas narrativas y
literarias. Esta conexión viene dada por el carácter particular que poseen
los nacimientos de nuevos géneros, que habitualmente se dan por la fagocitación.
Ahora bien, existe un tercer factor importante en el carácter proteico del
minicuento que se debe a su carácter de narración brevísima.

