26 de Abril de 2018
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Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996

EL AZAR DE LA GENÉTICA*


Hernán Lavín Cerda


Metabólicamente hablando, somos tránsfugas a partir del orígen; diríase que hay un deslizamiento genético: las células experimentan un cambio, sin fin, en la información que las instruye o condiciona. no todo es inalterable en este campo; turistas de nuestra idiosincracia, vamos de un punto a otro sin mucha precisión: el viaje constituye una mayor experiencia celular, así como un envejecimiento inevitable. No conocemos a nadie que se mantenga fiel al modelo cromosomático del primer día, a pesar de que los genetistas afirman lo contrario. El mendelismo es verificable, sin duda, pero puede haber un margen de error en su despliegue; no hay cadenas incólumes y Mendel también podría convertirse en un personaje simbólico, una ficción cinética. Si oímos nuestra respiración, apreciamos que de pronto algo se transforma; posiblemente se trata de una metamorfosis invisible: las células más antiguas, que pertenecen al simulacro respiratorio, se cansan de seguir siempre en lo mismo y es el instante de las interrupciones o las lúdicas intermitencias. Respirar, en esos casos, se vuelve juego sin límites porque celularmente hay una dinámica que no se rige por leyes unívocas y, de ese modo, entramos en el espacio de la función poética donde el acto de inspiración o espiración es una metáfora múltiple.

Los signos de la herencia se modifican de manera imperceptible con el transcurso de los años, como sucede en el amor, esa bioquímica de sensibilidad peligrosa. Existe la sospecha de que el amor no es materia ni espíritu, aunque parece depender del azar hereditario; el amor es especulación y a veces se hunde en lo abstracto, pero se ve, lo vimos, es figura palpable con los ojos y los dedos al teclear sobre la máquina de escribir. También el amor se respira como la sangre: oxígeno entre células o presión arterial que nos hace reir como a San Francisco junto a sus animales. Al fin y al cabo, el soplo de la célula desaparece y, como el amor, la genética se tranquiliza.

 

* Juan Armando Epple, Brevísima relación del cuento breve de Chile (Santiago: LAR, 1989): 59.