21 de Junio de 2018
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Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
LA VIDA ES UNA CAJA DE CURIOSIDADES*
Miguel Angel Asturias
(Guatemala)

Desengañada, después de todo, había logrado olvidar a Don Juan. Después de todo, como es natural, de llorarle mucho, de mucho desearle, de soñarle mucho, de esperarle mucho. Desengañada había dado en el basurero romántico de su familia —un armario viejo- con los paquetes de cartas y las flores sin color, trofeos ganados en los días de emancipación. Después de todo, se reconvenía ella sola, forzoso es saber que amando se emancipa, se emancipa una de sí misma, de la monotonía que es una, de la vida que sin amor es un monólogo dicho por un fonógrafo al que se le está concluyendo la cuerda. Sin piedad ni pena. Desengañada, bajo el peso de las cartas viejas y las flores secas, enterró el retrato de su amante, un retrato de cuerpo entero, un pedacito de uña y un mechón de cabellos negros como la tempestad.

Aparte de las cosas materiales, Desengañada se había desprendido de los recuerdos espirituales en un olvido sano y bondadoso, en un qué se ha de hacer. Y todo yacía olvidado, como se dice en estos casos, cuando, en el lugar menos apropiado, inesperadamente, Desengañada recordó a Don Juan. ¿Fue en el teatro al oír el choque de dos espadas rivales, al escuchar la música de una serenata de mandolinas; o al ver caer la nieve? ¿Fue en la estación de ferrocarril donde los rieles parecen las miradas de dos ojos que se van quedando atrás? ¿Fue en el cine donde entre cuadro y cuadro hay a veces besos que no concluyen nunca? No, la vida es una caja de curiosidades. Desengañada recordó a su amante en la iglesia. Jamás estuvo con él en la santa casa del señor y sin embargo...y sin embargo ¿qué?...en ella lo recordó.

Lo recordó por necesidad de confesión. El sacerdote preguntóle sus culpas y ella principió a deshacerse de sus pecados de colegiales: mentiras, murmuraciones, malos pensamientos, robos insignificantes. En el oído del sacerdote por virtud del sacramento se borraban los pecados. De improviso Desengañada sintió el corazón en los labios. Intencionalmente había olvidado su más grande culpa para decirla el último. El confesor la llamó al orden porque tartamudeaba...Desengañada se repuso y la dijo.

Concluída la confesión, el sacerdote, abundante en citas catequísticas, la absolvió, ordenándole larga penitencia y mucha caridad, pero Desengañada no pudo comulgar: en aquel sitio había recordado a Don Juan de tal manera que le parecía más pecado el recuerdo que el hecho mismo, con ser que según el confesor, por el hecho se había rebajado a bestezuela vil y miserable.

Y esa fue la última vez que Desengañada recordó a Don Juan y la primera que acusó el tercer pecado capital.

 

* Miguel Angel Asturias, Viajes, ensayos y fantasías (Buenos Aires: Losada, 1981): 316-17.