26 de Abril de 2018
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Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
POLVO SERÁS*
Alicia Sánchez
(Chile)


Las amigas que llegan puntualmente los viernes en la tarde a la casa de doña Fidelia, para el tradicional partido de Chiflota, no pueden evitar mirar de soslayo el ánfora depositada en la mesita de bacarat del living. De admirar en silencio ese altar a la memoria del difunto. Cuando la anfitriona se ausenta para preparar el te, una de ellas de apresura a explicar: mal que mal, se amaron y se acompañaron por casi treinta años. Y ha decidido conservar las cenizas para que todo el mundo sepa que él sigue presente en esta casa, justifica rotundamente otra. Sobre el amor no hay nada escrito, suspira la que había empezado barajar las cartas.

Cuando las invitadas se van, la viuda mira por costumbre su reloj, aunque sabe que han pasado ya la medianoche, se acerca a la chimenea y atiza morosamente los restos de las brasas. Luego camina hasta el ánfora, la abre y hurga con las tenazas el fondo hasta extraer un par de terroncitos óseos. Los observa un momento, como buscando reconocer algún detalle especial, y con un gesto de dulce rencor los deposita en el rescoldo renovado del fuego.

— Me prometiste que siempre estarías a mi lado, para quererme, Eulogio. Me gustaba recostarme en tu hombro y preguntarte qué va a pasar si uno de los dos muere primero, para sentir ese estertor saludable de tu risa y oirte recitarme luego huesos que han dulcemente ardido, ¿así era el poema?, polvo serán, mas polvo enamorado. Pero ya a poco de casados te dio por empezar a salir de noche, dizque con los amigos. A nadie le he dicho nunca que te ibas los viernes por la tarde, y yo me quedaba junto a este fuego esperando a que por lo menos regresaras el domingo. Al final, más por cansancio que por esperanzas, tuve que darte ese remedio, ver modo de que te cremaran a la rápida, antes de que se enteren, y traerte en esta ánfora a la casa, para que empieces a cumplirme.

 

* Inédito