18 de Enero de 2018
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Revista Interamericana de Bibliografía (RIB)
Número: 1-4
Título: 1996
EL SUEÑO DEL FORASTERO*
Iván Égüez
(Ecuador)


Después de trocar prendas con mendigos y sirvientes, el Rey logró salir disfrazado de palacio. Escapó en busca del alivio que no pudieron darle los médicos reales. Deambuló por extramuros y arrabales en busca de un curandero que lo sanara de su dolencia: la de no poder soñar como el resto de los mortales. Tropezó con un carnicero al que confió sus afanes: Tengo todas las joyas del Rey para quien logre librarme del impedimento de soñar, dijo al carnicero mientras le enseñaba la alforja llena de alhajas. El matarife lo hizo pasar a la trastienda, lo hizo sentar en una silla de piedra, lo amarró y le pidió que no abriera los ojos hasta que regresara. El Rey escuchó unos ruidos metálicos y no pudo precisar si era el simple roce de cacharros o el afilar de la cuchillería. Oyó crujir una puerta, luego unos pasos lentos, pesados, de alquien que se acercaba. Era el carnicero portando un balde de agua fría; lo zampó al rostro del forastero; éste, al abrir los ojos asustado, se vio bajo el árbol donde se había puesto a descansar junto a su alforja de trufas y bellotas.

 

* Iván Égüez, Historias leves (Quito: Abrapalabra, 1994): 13.