26 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

La vida en la ciudad16

La ciudad de Humahuaca17 está ubicada sobre el Río Grande a 3000 msnm. Humahuaca constituye el límite entre el Altiplano o Puna y la Quebrada de Humahuaca, un largo desfiladero ubicado entre dos cordones montañosos formado por varios picos que llegan a más de 6000 ms nm. La ciudad está conectada con Villazón, Bolivia (200 Km), con la capital provincial, San Salvador de Jujuy (160 Km) y con la capital del país, Buenos Aires (1600 Km), desde comienzos de este siglo por el ferrocarril y por la Ruta Nacional Nr. 9. El tren dejó de funcionar en 1992 y desde entonces los pobladores sólo cuentan con autobuses para trasladarse.

La ciudad de Humahuaca fue uno de los centros de expansión del poder colonial en el espacio que hoy constituye los Andes argentinos. A través de la ocupación territorial y de las misiones civilizatorias emprendidas por los conquistadores y por los misioneros radicados en Humahuaca, la organización de la vida social indígena se vio modificada de una forma específica. De una vida social caracterizada por la multiplicidad de centros de poder, ubicados tanto en los hogares, como en las cimas y en las profundidades de los cerros, los habitantes indígenas fueron paulatinamente impulsados (obligados) a migrar al pequeño pueblo de Humahuaca y a otras regiones de los Andes donde se erigían centros urbanos con sus agentes y estructuras de administración centralizada. De esta forma, la región fue incorporada al mundo colonial a través de un sentido diferente de distribución del territorio, ya no en relación al cerro y a una dinámica agrícola basada en la complementariedad y en la rivalidad, sino a la urbanización y una administración de los recursos naturales y humanos centralizada en las metrópolis. Porteriormente, las luchas militares en favor de la conformación de un estado y de una cultura nacional independientes, ocuparon el territorio también y dieron continuidad a la política de centralización de la gestión y de los recursos materiales y humanos ya no directamente desde las metrópolis europea, sino desde las capitales provinciales y desde la capital federal ubicada en el centro-este del país, Buenos Aires.18

En la actualidad el dinamismo local de la ciudad está centrado en la plaza y en un conjunto de edificios que la rodean: la Parroquia, la Municipalidad, comercios, almacenes, panaderías, hoteles, el mercado municipal, varios restaurantes, la vieja estación de tren convertida en mercado de artesanías de objetos manufacturados en el sudeste asiático, Brasil y en Buenos Aires. Sobre las calles laterales de la plaza se encuentran 2 escuelas primarias y 2 escuelas secundarias que por las noches ofrecen profesorados, especialmente popular es el profesorado de bellas artes. En la década del 50 los habitantes de la ciudad y del campo conformaron grupos de estudios bíblicos que llevan adelante acaloradas discusiones sobre metafísica, historia de las religiones y ética. La ciudad cuenta con el viejo hospital de San Roque, que de ser un hospital de mediana complejidad, en la última década fue convertido en una sala de Primeros Auxilios. La actividad cultural continúa siendo algo que moviliza a los humahuaqueños, quienes cuentan con dos museos de pintura, un museo arqueológico y dos bibliotecas públicas. Asimismo la ciudad tiene su oficia de correos y de teléfonos.19

Hasta comienzos de la década del 70 la ciudad estaba poblada por funcionarios estatales (abogados, médicos, profesores y maestros de las escuelas) empleados administrativos municipales y nacionales (vialidad y registro civil), comerciantes y artesanos (modistas, sastres, alfareros, tejedores, zapateros y carpinteros). Ellos viven en casas sobrias y confortables en el mismo centro o en “barrios” especialmente construidos para ellos a través de planes de vivienda de la Nación y de la Provincia. Tienen electricidad, calefacción, agua corriente, teléfono, cloacas y poseen títulos de propiedad sobre el terreno y la vivienda, estas familias cuentan además con uno o más vehículos.

Esta población es conocida como población “criolla”; descendiente de los conquistadores españoles que llegaron al continente hace varios siglos, de inmigrantes europeos y árabes que llegaron a la región a comienzos de este siglo. Algunos de los vecinos del centro reivindican su herencia “Koya” o “indígena”. Suelen contar con orgullo que la ciudad “conserva” una arquitectura colonial, tradiciones prehispánicas y sobre todo que está rodeada de paisajes atractivos. Consideran que es obligación de las autoridades municipales, provinciales y nacionales mantener y renovar la infraestructura urbana para conservar el patrimonio histórico. Recuerdan a sus antepasados como héroes valientes que pelearon contra los colonizadores o como pioneros de la actividad docente y comercial local, merecedores de tierra y de fortuna por su ahínco y por su valor. Aunque algunos reconocen que han sido bastante “pícaros” o que han hecho “pactos” con el demonio y por ello están rodeados de riqueza en un contexto de pobreza.

Cuando ven niños cantando y recitando coplas en las calles, reflexionan sobre los procesos históricos recientes. Por un lado, la afluencia de turistas resulta atractiva para los adultos y para los chicos, porque permite intercambiar. Estas prácticas de intercambio, producen tensiones y ambigüedades. Los habitantes maduros de la ciudad, visualizan las actividades comerciales de los niños, como una muestra de la falta de amor y de cuidados maternales, las madres indígenas que en lugar de cuidar y de trabajar ellas, envían a los niños a “mendigar”. Con ello no sólamente dan cuenta que no se interesan por la crianza y la educación de sus hijos, sino que fundamentalmente plantean una competencia desleal con los comerciantes, quienes deben pagar impuestos. Existen otras versiones que remarcan que la afluencia de mendigos a la plaza, está ciertamente menos asociada a la bohemia adulta y a la explotación del trabajo de los niños y que en la práctica se relaciona con la migración que recientemente llegó a la ciudad expulsada de las minas, de los ingenios y de las empresas privatizadas. Con ellos llegaron también los desocupados, las bandas juveniles, el alcoholismo y los niños desnutridos.

Este grupo de habitantes del centro de la ciudad, es reconocido como gente que “está bien” o “los patrones”. Se trata de hogares sostenidos a partir de ingresos estables que les permiten acceder al consumo de bienes como la vivienda confortable, la educación, la salud y el vehículo. Tanto los comerciantes como los funcionarios suelen “dar” trabajo a la gente de otros grupos por un jornal y además los “ayudan” con mercadería. Estos actos de “ayuda” son vistos por los miembros de este grupo como una muestra de su “bondad” pero también de su “conciencia” de vivir en una sociedad, en la cual, el acceso al consumo no es igualitario; pero también como una muestra de su poder de generar riquezas en forma de cargos estatales, eclesiales o privados y de distribuirlos.