17 de Octubre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Representación etnográfica, ética y reconocimiento

La investigación etnográfica es una actividad relacionada a producir conocimiento que no solamente da cuenta de la perspectiva del investigador sobre su objeto y de la objetividad científica, sino que también tiene en cuenta el punto de vista de los otros. Si el 20% de los niños de la ciudad de Humahuaca están en situación de riesgo y la causa es la desnutrición y las madres rechazan la ayuda alimentaria,13 como sugiere Sheper-Hugues en su análisis sobre la mortalidad por desnutrición y deshidratación infantil en Brasil, el científico tiene la obligación profesional y moral de obtener datos precisos que den cuenta de esta situación. Sin embargo, siguiendo a esta autora, a la hora de interpretar los datos, el científico decide ignorar ciertos hechos y enfatizar otros, de este modo la comprensión etnográfica es necesariamente parcial. Asimismo, nos pone en contacto con experiencias, valores y conceptos no familiares cuya comprensión no es inmediata porque no remite a experiencias conocidas, sino a la diferencia cultural y a la desigualdad social visible en práctica cotidianas.14

La actividad científica no puede ser considerada como una actividad neutral, libre de valores, así como tampoco lo es la actividad de las personas que constituye el objeto de este análisis. La praxis humana y sus significados son aquello que nos liga a los otros a través de la intencionalidad, en este caso la de las madres a las de sus hijos, a las de sus vecinos, a las de quienes llevan adelante la intervención y quienes nos ocupamos de la labor científica. En su lucha cotidiana por hacer valer sus derechos y los derechos de sus hijos a la vida, a la salud y a la educación estas mujeres tienen que mostrarse motivadas a colaborar con los organismos estatales que tienen la responsabilidad de llevarles aquello que les corresponde, el acceso al sistema sanitario y educativo. El conocimiento producido en la investigación etnográfica no es algo que se destila de la entrevista relevada a un conjunto de informantes que cuentan sus experiencias como seres disociados de las mismas. En todo caso la disociación constituye uno de los objetos de análisis en términos de construcción de respuestas. El hecho de participar en actividades cotidianas y de entrar en un diálogo, da lugar a la emergencia de silencios, ausencias, actitudes de resignación, de sospecha y de rechazo, pero también da cuenta de la colaboración y del trabajo que ellos invierten. Esto nos hace partícipes de realidades que pueden resultarnos no familiares por aquello que nos muestran, pero no por aquello que producen en nosotros, es decir, el significado que ellos le imprimen en el momento de la interacción y de la reflexión que suponen tanto las conversaciones informales como posteriormente la escritura.15

Finalmente el problema del espacio y de las distancias remite también a la cuestión de la conección y del reconocimiento social. Las personas que viven en los Andes tienen escaso acceso a los medios de comunicación masivos y cuando lo tienen sus voces son igualmente interpretadas por traductores culturales quienes suelen mostrarlos como un residuo melancólico de una tradición cultural arcaica o como el producto marginal de la modernidad desigual. La cultura andina no es un mero resabio de un pasado precolonial ni un conjunto de ideas y actividades desenraizadas o semidestruidas, tampoco la modernidad andina puede ser entendida como un irremediable proceso hacia la desintegración y el individualismo. Por el contrario, el hecho de compartir comidas, pensamientos, actividades, valores y deseos con quienes buscan innovar a través de brindar a sus hijos la oportunidad de estudiar y de acceder a una atención sanitaria que permitan producir un futuro más previsible, los sitúa frente a la posibilidad de hacer algo para contestar y modificar las relaciones de poder social y una forma de intervención estatal que sistemáticamente los sitúa en el mundo de la desconección social, visible en el subdesarrollo, la pobreza y la brutalidad respecto de qué imaginan y quieren ellos para sus hijos y para su comunidad.