19 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Los barrios periféricos

Como efecto del creciente acceso al ahorro desde la década del 50, quienes trabajaban en las minas, ingenios y empresas estatales, paulatinamente compraron terrenos y construyeron casas en la ciudad para poder enviar a sus hijos a la escuela secundaria local. Hoy viven en la ciudad más de 6000 habitantes, pero las autoridades creen que desde 1991, fecha del último censo nacional, el número ha aumentado a 10.000 como producto de los despidos.

Los hogares ubicados hacia la periferia de la ciudad, están habitados por pastores u horticultores y combinan estas actividades con puestos en las categorías “bajas” de la administración y los servicios estatales, con actividades comerciales y artesanales por cuenta propia, jubilados y “changuistas”20. Ellos son considerados “gente de trabajo” o “los trabajadores”. Viven en casas modestas y sus habitantes esperan tener dinero para terminar y agregar cuartos. Lograron nivel primario de educación o aprendieron a leer y a escribir a partir de planes de alfabetización, se acercan a los hospitales sin temor y los que tienen empleos estables tienen obra social y hacen aportes jubilatorios. Su situación económica y social está signada por la fragilidad, ya que sus vínculos con los mercados de trabajo o de productos del país y de la provincia está sometido a cambios constantes. Su inserción en los mercados de trabajo y de comercialización de productos requiere de su participación en los partidos políticos, sindicatos y organizaciones civiles o religiosas para garantizar la continuidad. Están habituados a hacer “sacrificios” permanentes para poder reproducir sus vidas y las de quienes están a su cargo. Constantemente deben demostrar corrección, voluntad y disposición para trabajar tanto para sí mismos como para aquellos que los rodean, sus familiares, vecinos y organizaciones de las que forman parte.

Don Valeriano es jubilado de la policía provincial. Fue jornalero rural y obrero de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en la provincia de Salta y posteriormente ingresó en la policía. Decidió acercarse a los hermanos bautistas cuando con su esposa y su hijo se instalaron en la ciudad de Humahuaca. Ambos buscaron un grupo de referencia con el cual intercambiar. La Iglesia católica era una estructura demasiado impersonal y por lo tanto no los atraía. Para asistir a los grupos que la iglesia organizaba había que “andar bien con los capos” o jefes litúrgicos locales, leer y escribir con soltura o simularlo, estar bien vestido. Todas estas exigencias no les permitían sentirse relajados y confiados. Por esa razón, decidieron acercarse a un grupo de hermanos bautistas. Se trataba de un pequeño grupo al que nadie los “obligaba” a asistir, sino que la participación estaba relacionada a la “propia voluntad” y allí no había necesidad de “aparentar”. Así tanto su hijo como ellos, comenzaron a estudiar la Biblia y posteriormente a predicarla en el campo, ocasiones que aprovechaban para realizar actividades de intercambio comercial. Ellos se consideraban personas “suertudas” porque no debían enviar a su hijo al comedor. Su “suerte” dependía de circuitos informales de comercialización y ayuda mutua, menos ligados a las estructuras estatales y comerciales formales.