26 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Los programas alimentarios desde la visión de la Seguridad Alimentaria

La pregunta acerca de la importancia de los programas alimentarios en el mejoramiento de la seguridad alimentaria de los hogares puede responderse a través del análisis de su potencial efecto redistributivo. En este sentido, analizando el costo minorista de los alimentos que distribuyen los programas Prani, Promin y PMI, según sus propias pautas de frecuencia de entrega, resulta que el equivalente monetario varía entre $19 y $25 por hogar, según regiones,6 sumando los beneficios de los tres programas. Este valor representa no más del 9% del valor de la linea de indigencia o costo de la canasta básica de alimentos de cada región.7

Por otra parte, ese equivalente monetario representa apenas un 7,5% de los ingresos per cápita de los hogares del primer quintil de ingresos (los más pobres) según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH de agosto 1999). Debe aclararse que estos valores asumen condiciones de regularidad y adherencia que no son comúnes ni por parte de los programas ni de la población beneficiaria respectivamente.

A manera de síntesis, al menos en el caso de los programas analizados, el valor monetario de los alimentos distribuidos permitiría superar la linea de indigencia solo a los hogares con un ingreso per cápita superior a $40, prácticamente la mitad del grupo de indigentes. (Ver cuadro #2)

Desde la concepción de las estrategias de transferencia de ingresos, el pensamiento que subyace aunque implícito en los programas, es que las familias puedan utilizar el ingreso adicional (que supone la participación en los programas) para sustituir alimentos que habitualmente compra, por otros bienes necesarios, entre ellos otros alimentos y que la dieta final resultante mejore en cantidad y variedad.

Este escenario será más sostenible en la medida en que los programas aporten cantidades significativas y regulares de alimentos y que se mantenga cierta estabilidad o disminución de los precios relativos de los alimentos que no son distribuidos por los programas. Si ambas condiciones se dan, los hogares efectivamente podrían reorientar sus gastos y optimizar su dieta. En la medida en que los programas no aporten cantidades significativas ni regulares de alimentos, la lógica de la economía alimentaria de los hogares es continuar sin mayores cambios su estructura de consumo habitual, sin producir un efecto sustitución tal  que mejore la calidad de la dieta.

Bajo esta lógica, no debería sorprender que el resultado final se refleje en más cantidad del mismo perfil de dieta habitual, hecho que de comprobarse empíricamente configuraría un efecto regresivo de los programas en tanto ofrezcan una prestación alimentaria de perfil similar a la que subyace en la problemática del retraso crónico de crecimiento, el sobrepeso y la deficiencia de micronutrientes.

En un ejercicio orientado a verificar un escenario de esa naturaleza, en el siguiente cuadro se intentó reflejar la contribución de tres de los principales programas (Prani, Promin y PMI) en relación al consumo hogareño relevado por la última Encuesta de Gasto de Hogares (Engho)8 en las seis regiones en que tradicionalmente se divide el país, tanto como porcentaje del consumo real de cada grupo de alimentos aportado por la sumatoria de los tres programas como en relación con el consumo global del hogar. Así, aún recibiendo regularmente los beneficios de los tres programas, los mismos no alcanzarían a representar, en ninguna región, más del 8% del consumo alimentario global. (Ver cuadro #3)

Por otra parte, el escenario de precios al que se enfrentaron los hogares en los últimos años y en el marco del cual debieron intentar sustituir alimentos, no ha sido el más favorable; si bien los precios relativos de alimentos (precios de alimentos en relación al conjunto de precios de la canasta familiar) aumentaron hasta 1995 para luego disminuir, al interior de la canasta alimentaria han aumentado y en algunos casos significativamente los precios relativos de productos básicos como el pan, huevos, quesos, aceites, hortalizas, pescados, soda.10

En ese escenario, el margen que tienen los hogares para sustituir alimentos, complementando lo que reciben de los programas (en cantidades insuficientes con excepción de la leche en polvo) y de esta forma variar y mejorar la calidad de su dieta es muy estrecho.