21 de Junio de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Comentarios finales

Estos resultados globales vinculados al diseño nutricional de los programas ponen en evidencia que su utilidad en términos estrictamente nutricionales y de transferencia neta de ingresos a los hogares es relativa y por lo tanto el impacto esperable debe ser mínimo y concentrado en los sectores de ingresos nulos o muy bajos; más aún considerando que si bien según la Encuesta de Desarrollo Social14 los programas parecen estar adecuadamente focalizados  (más del 80% de las prestaciones, en promedio llega a los dos primeros quintiles de ingreso per cápita del hogar), la cobertura alcanzada no es suficiente.

En esos mismos quintiles de ingreso, la cobertura de programas de provisión de leche no supera el 36 % en niños y 25% en embarazadas, en comedores escolares reciben alimentos el 57% de los niños asistentes a escuelas públicas y el grupo de 2 a 5 años aparece como el más desprotegido, con un nivel de cobertura que apenas alcanza al 4%.15 Y por otra parte,  el perfil nutricional de los programas evidentemente no incorpora un visión apropiada de la problemática a la que se enfrentan los grupos más vulnerables.

En el cuadro siguiente se presenta un resumen del aporte y la calidad nutricional del conjunto de programas alimentarios, analizados según su aporte mensual efectivo que a la vez surge de la frecuencia de entrega o suministro.  Del análisis resulta la baja cobertura comparada con las necesidades energéticas y de nutrientes (como ejemplo no más del 20% del requerimiento energético) y la también la escasa complementariedad de la densidad nutricional de la dieta familiar, particularmente en el caso de familias que no son beneficiarias del ProHuerta. (Ver cuadro #8)

A manera de conclusión, indudablemente la problemática de los grupos pobres es multifacética; una de sus manifestaciones —no la única— es la que se refleja en la situación alimentario-nutricional. Superar la pobreza es un desafío que requiere múltiples estrategias provenientes de la política económica,  social y alimentaria; una de esas estrategias debe contemplar el diseño e implementación de intervenciones nutricionales con objetivos y metas claramente definidos y mecanismos de monitoreo y evaluación de resultados. En la actualidad, las intervenciones nutricionales se encuentran incluidas y en cierto grado confundidas en el conjunto de programas sociales.

El dato emergente de este documento es que el gran esfuerzo presupuestario y despliegue administrativo que implica el sostenimiento de los programas exige un profundo replanteo del rol de las intervenciones nutricionales en el marco de la política social, que permita ajustarlas y adecuarlas a objetivos y estrategias específicas permitiendo así que complementen otras explícitamente orientadas a combatir la pobreza y a mejorar el bienestar de los hogares, sin perder identidad y evitando diluir sus componentes nutricionales.