22 de Julio de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Patrones de consumo del venezolano y enfermedades carenciales

Frecuentemente se utiliza el consumo de la población como indicador del estado nutricional de esa comunidad y ese consumo esté condicionado por factores socioeconómicos y culturales:
  • El precio de los alimentos y el poder adquisitivo de la familia.
  • Creencias y costumbres respecto de las relaciones y jerarquías interfamiliares: “adultos comen más que los niños”; “Papá como jefe de familia come primero más y mejor que el resto de la familia”.
  • Tradición y costumbres locales y nacionales; qué productos son más frecuentes en la cocina familiar; horario y frecuencia de las comidas; modos de preparación, etc.
  • La religión que prohíbe y permite usos y costumbres.
  • Las etnias indígenas así como las colonias nacionales residenciadas por largo tiempo en el país.
No obstante, las diferentes regiones venezolanas muestran pocas diferencias de hábitos alimentarios y los existentes dependen en gran medida del tipo de población, rural o urbana o de la posibilidad de alimentarse en el hogar (comida casera), o en los sitios o negocios que venden comida preparada. La población rural está más sujeta a la disponibilidad de productos propios del área de cultivo o producción, en tanto la población urbana tienen acceso a toda la variedad de productos nacionales o importados en las fuentes de acopio, supermercados y restaurantes varios, siendo su limitación las diferentes disponibilidades económicas según los estratos sociales a los cuales se pertenezca. El hecho de que algunos productos o comidas sean de costumbre nacional ha permitido su industrialización (“la Arepa”, pan hecho de harina precocida de maíz y la “Cachapa”, tortilla hecha con maíz tierno molido), facilitando a las mujeres que trabajan mantener estos productos en la mesa con menor esfuerzo.

En el interior del país aún quedan casas que mantienen la tradición de “pilar” el maíz. Una vez cocido, se amasa para hacer el pan o arepa. “Pilar” es una actividad que ya pertenece al folklore y consiste en triturar en un pilón, el maíz desgranado y cocido con golpes de mazo o hacerlo sobre una batea de piedra. Si el maíz es tierno, jojoto, no seco, no es necesario cocerlo. Al pilarlos se les desprende una concha o capa exterior con lo que se hace mazamorra y con la pulpa se hace el pan. El maíz es la base de una tercera comida venezolana que forma parte indispensable del menú navideño. Es la Hallaca, cuya confección tiene tantas variaciones como regiones hay en el país. Las variaciones son de los componentes del guiso o relleno cubierto por masa de maíz y que, envuelto en hojas de plátano, se cuecen en abundante agua. La población venezolana es muy aficionada a la repostería y las regiones dan muestras de la variedad de dulces: famosos son los “dulces abrillantados” de Táchira y Mérida, estados andinos, así como los “dulces de leche” de Falcón.

Así como con el dulce, la población tiene patrones de alto consumo de sal incidiendo este hábito en la hipertensión que afecta en Venezuela y en el mundo a un espectro muy amplio. Enriquecer la sal con yodo es una medida nacional con que se ataca el Bocio Endémico. En el estado Lara, así como en los estados andinos, se presentan altos índices en el grupo etario de niños de 1 a 15 años.

La presencia de Xeroftalmia, enfermedad del ojo ubicado en la córnea o en el tejido conjuntivo, se explica por ausencia de consumo de vitamina A, presente en productos animales como hígado, grasa de leche, huevos, y en forma de caroteno en alimentos vegetales tales como zanahorias, acelgas y en frutas abundantes en Venezuela como lo son el mango, la auyama o zapallo, el maíz amarillo, la lechosa o papaya y el plátano. Por esto último resulta difícil aceptar la presencia de esta enfermedad en Venezuela cuyas manifestaciones son asperezas y sequedad en las membranas oculares, inflamación de los párpados, mancha y ceguera nocturna.

La ausencia prolongada de vitamina A puede conducir a cambios en el tejido epitelial y atrofia en la mucosa gastrointestinal. Debido a la importancia del consumo de vitamina A y a su presencia abundante en el maíz amarillo, la industria de alimentos intentó cambiar el maíz blanco de la arepa, cuyo consumo es nacional, por el maíz amarillo. Esta experiencia de hace unos 15 años atrás fracasó rotundamente porque la población no aceptó su consumo.

La falta de un balance adecuado en la ingesta de carnes, huevos, verduras y frutas, provoca diferentes formas de anemias ocasionadas por carencias de vitamina B6, Ácido fólico, vitamina B12, hierro y la mediación de la vitamina C. El venezolano tiene en su tradición culinaria antecedentes de preparación con variedad nutricional altamente valorada. La presentación de una comida típica nacional llamada Pabellón, consiste en un plato mixto que combina arroz graneado, caraotas negras, carne mechada y complementa con “barandas” de plátano frito. Este plato era de consumo frecuente en las clases populares pero la situación económica actual lo ha convertido en una exquisitez de las reuniones familiares. Una porción de Pabellón aporta 800 calorías.

Los hábitos alimenticios venezolanos actualmente están marcados por la influencia de las colonias que tuieron presencia masiva en el país después de la segunda Guerra Mundial. Los italianos introdujeron las pastas con éxito en todo el mundo y comerlas, ahora, en Venezuela, es favorecida por una preferencia casi diaria. A las calorías que aporta un abundante plato de espaguetis se suma la ventaja de un bajo costo y la rapidez de su preparación.

Los restaurantes en cadena de comida rápida ofrecen las pizzas y las hamburguesas en los sectores medios y altos de la población, especialmente, los niños y los jóvenes quienes encuentran en estos lugares sitios de reuniones sociales importantes en su desarrollo etario.

Un cereal influyente en la mesa venezolana es el arroz. Se consume blanco o con vegetales, carnes o pollos y pescados.

Los granos también son de consumo frecuente en sopas, sofritos y guisados. Las carnes rojas están reservadas a niveles sociales de mayor disponibilidad al igual que los pescados y mariscos de precio mayor que la carne roja. El consumo de pollo es más frecuente y generalizado por sus costos menores.

Por falta de costumbre, el venezolano no consume suficientes verduras y hortalizas a pesar de que el clima favorece su cultivo, ni tampoco son aficionados a las frutas. Las elîtes y los extranjeros son identificados por este consumo abundante.

Se atribuye a la presencia mayoritaria de la población de origen africano el gusto por el consumo de frituras. El venezolano aprecia en su mesa sopas con alto contenido de grasas; para ello utiliza huesos de diferentes carnes: “hervidos mixtos”. Estos condumios se completan con tubérculos y raíces de gran variedad: apio, yuca, papas y batatas.

Si a la presencia copiosa de grasas y cereales se adiciona la cantidad de azúcares y sal que se consume diariamente se explica la incidencia de estos patrones de consumo en las enfermedades cardiovasculares de la población.

En relación con las bebidas el venezolano aprecia preparados que no son comunes en otras latitudes: gusta de bebidas de papelón con limón, chichas de arroz, maíz, avena o ajonjolí. Todas éstas confeccionadas con una textura espesa y con un sabor muy dulce, aún cuando sean batidos de frutas.

La desnutrición es la inadecuada provisión de nutrientes a las células y puede darse incluso en sectores con abundantes recursos económicos, debido a costumbres y hábitos familiares.

En Venezuela, en general, los niveles de desnutrición se están incrementando, no sólo por un proceso creciente de empobrecimiento el que ha sido conducido por las políticas populistas de todos los gobiernos, sino también por el crecimiento acelerado de la población en toda Latino América, agudizado en este país, que se convirtió en las últimas décadas, en referencia de estabilidad política y democrática, en medio de la convulsión social que vivían muchos países de la región. La renta petrolera de la década de los 70 creó también grandes expectativas en los habitantes de países vecinos que emigraron hacia Venezuela en grandes oleadas, generando desequilibrios en una sociedad de por sí muy vulnerable.

Un estudio relativamente reciente de 1997, hecho por el Instituto Universitario de Tecnología del estado Yaracuy, midió en los nueve municipios de este pequeño estado agropecuario el número de veces diarias que come la población encuestada.

Los parámetros fueron:
  • Comen menos de 2 veces diarias.
  • Comen dos veces diarias.
  • Comen tres veces diarias.
  • Comen más de tres veces diarias.
El tamaño de la muestra fue de 60 personas encuestadas por cada municipio: en tres de ellos el 100% reconoció comer sólo dos veces al día, en los otros seis municipios fue más alta la ponderación que marcó comer tres veces diarias; los extremos del parámetro no tienen presencia.(Ver gráfico #1)