25 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Introducción

El tema nutrición es uno de los parámetros a tener en cuenta cuando se profundiza en la evaluación de los aprendizajes significativos, más aún cuando se trata de alumnos provenientes de medios socio-económicos deprimidos. Ha sido abordado desde diversas formas y concepciones, dependiendo del enfoque, del perfil de los beneficiarios de las medidas compensatorias y del resultado de la instrumentación de esas políticas. Teniendo en cuenta que la educación formal es una necesidad de los pueblos, que la escuela es la herramienta más potente de socialización y el lugar donde se imparte el conocimiento, a la hora de la evaluación de los aprendizajes se plantea la eficacia de los Sistemas Educativos y su aporte socialmente válido.

Si se considera, como indicadores de éxito o fracaso de las políticas educativas, los índices de matrícula, asistencia y rendimiento escolar, es necesario considerar los factores endógenos y exógenos que definen estos valores.1 Uno de los factores endógenos a tener en cuenta en la evaluación de los niños y adolescentes, es el estado de nutrición antes y durante la etapa escolar, que, unido a otros factores, incide en la historia académica de los mismos.

Si bien la escuela es un lugar donde se enseña a aprender, el resultado de la escolaridad estará determinado también por los cuidados que se le brinde al niño, la situación familiar, la salud y las características emocionales que determinan los grados de independencia, motivación, autonomía, control de los impulsos y estabilidad afectiva.

Los factores exógenos se visualizan por la calidad en educación, la formación de los docentes, el curriculum, los materiales utilizados, textos e infraestructura en general, determinados por el presupuesto que los gobiernos destinan a los Sistemas Educativos.

Independientemente de las características de la sociedad a considerar, la influencia de la institución escolar en el hogar ha determinado el quantum de los cambios generacionales, ya que los niños y adolescentes son generadores y multiplicadores de actitudes y aptitudes, convirtiendo a la escuela en un instrumento de cambio social e individual. Si se acepta que las actitudes y aptitudes son moldeables, el resultado de la escolaridad estará determinado por el medio familiar y el sistema educativo vigente, responsable de la transmisión académica y de los valores que hacen a la sociedad. La marginalidad, la deserción y la multirepetición son factores desestabilizantes del aparato social y del nivel de eficacia del Estado.

Un factor de causalidad en el desaprovechamiento escolar, sería la dieta alimenticia que el niño y el adolescente reciben y el lugar que ocupan en la estructura familiar. Sin embargo, salvo malnutriciones puntuales como la anemia ferropénica, la carencia de yodo y algunas avitaminosis, esta causalidad del desaprovechamiento escolar no ha sido universalmente abordada como medida preventiva. Generalmente las malnutriciones se tratan cuando los síntomas se hacen evidentes.

En los países desarrollados los índices de malnutrición son sensiblemente menores que en los países en vías de desarrollo y estos últimos generalmente presentan un alto déficit de calorías y proteínas en las dietas de las franjas socio-económicas más deprimidas. Como consecuencia, los lactantes, los niños en edad pre-escolar y las madres en el embarazo y en el periodo de amamantamiento están expuestos a infecciones y al efecto de las enfermedades que las provocan. Los parámetros de peso y talla son menores a los correspondientes a la edad y las tasas de mortalidad infantil son altas. Es de suponer que niños provenientes de esos sectores sociales con esas características, tendrán dificultades en el rendimiento escolar.