21 de Enero de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Depleción cerebral de hierro

De todas las enfermedades por insuficiencia de micronutrientes, la carencia de hierro es la más común. Los internistas y los hematólogos se preocupan especialmente por la anemia que provoca. Los especialistas en nutrición, en cambio, le dan importancia a la cantidad de hierro que se encuentra en los diferentes órganos. Si hay menos hierro en músculo habrá menos miohemoglobina y menor capacidad para la actividad muscular. Pero en el tema de esta revisión, el órgano que más influye en el rendimiento escolar es el cerebro. El cerebro crece desde el último trimestre del embarazo hasta los dos años de edad. En ese lapso necesita captar hierro. Si el hierro no ingresa al cerebro durante ese lapso ya no podrá ser captado por el órgano (Finch 1989).

El hierro es cofactor de enzimas críticas par el metabolismo oxidativo, para la síntesis de ADN, de neurotransmisores y para el catabolismo. Las enzimas ferrodependientes pueden afectarse antes de que aparezca anemia. Responden a la ferroterapia muy rápidamente, cuando es suministrada en el período mencionado. Y mejoran la escala de su desarrollo mental (Walter, et al. 1983).

También aporta hierro para el cerebro la ingesta de alimentos. Antes creíamos que el huevo era el alimento protector de hierro. Pero el hierro de la yema no puede ser bien absorbido cuando se  incorpora huevo entero, porque las proteínas extracelulares de la clara dificultan la absorción. El hierro que más protege es el de las carnes. La carne bovina tiene el doble de hierro que la de ave y ésta contiene el doble que la de pescado. Pero el hierro de todas las carnes es hierro hémico, que tiene un porcentaje fijo de absorción y se absorbe intacto, junto con la porfirina. Además el hierro de la carne ayuda a absorber hierro de otras fuentes; esto es denominado efecto cárneo. Los restantes alimentos tienen hierro no hémico, cuya absorción puede ser favorecida por ácido ascórbico y otros ácidos orgánicos; pero hay muchos motivos por los cuales es difícil establecer cuánto hierro no hémico se absorbe: el hierro en la leche se encuentra con las proteínas extracelulares de los lácteos e interfiere la absorción. El agregado de café, té o mate a la leche disminuye la absorción de hierro debido a su contenido en tanino (Monson 1988; Lönnerdal).

La tradición ha permitido creer al público que muchos alimentos con hierro no hémico son grandes fuentes del mineral. Pero la espinaca, por ejemplo, es más lo que interfiere que lo que ayuda a absorber hierro. El creciente uso de fibras alimentarias disminuye el aprovechamiento del hierro (Bothwell, et al. 1989). Las legumbres contienen mucho hierro no hémico, pero como está envuelto en capas de fibras es de biodisponibilidad incierta.

El hígado como alimento contiene mucho hierro. Este hierro se halla unido a la ferritina. Como es una menudencia y tiene hemosiderina, puede creerse que se trata de un hierro hémico; no es así. El hierro no se halla envuelto en porfirina. Sufre los vaivenes de la biodisponibilidad por interacción con otros componentes de los alimentos.

Hay alimentos con hierro muy biodisponible. Entre las frutas, el limón, la naranja y el tomate; contienen poco pero sus ácidos orgánicos ayudan a al absorción de hierro no hémico. Entre las verduras: brócoli, repollo, coliflor y nabo. Grandes dosis de ácido ascórbico en comidas mejora el balance de hierro en carenciados pero no en normales (Cook, et al. 1984).

Cinco estudios han demostrado que niños con anemia tienen deficiencia en los tests de desarrollo mental (Lozoff, et al. 1982; Walter, et al. 1983; Grindulis 1986). La anemia sideropénica puede ser corregida suministrando hierro a cualquier edad. Pero las fallas en el desarrollo cerebral por depleción de hierro sólo pueden ser tratadas mientras el hierro puede ser captado, es decir hasta los dos años de vida. A 191 niños de Costa Rica se les corrigió la anemia pero persistieron las dificultades en el rendimiento escolar. Por lo tanto, lo mejor es prevenir esta situación suministrando hierro en el momento oportuno, cuando todavía el cerebro se está desarrollando (Walter, et al. 1989).

Para casos en que es difícil suministrar carne vacuna o de ave o de pescado, puede recurrirse a alimentos fortificados. La leche fluida no favorece la incorporación de hierro, ya que sus proteínas inhiben la absorción. Pero puede utilizarse la leche en polvo, con 15 mg de hierro (como sulfato ferroso) y 100 mg de ácido ascórbico cada 100 gramos. A esta leche fortificada no puede añadirse café ni té ni mate porque el hierro se tornará inestable (Calvo 1989: Secretaría de Salud 1989).

También pueden fortificarse con hierro las harinas.