24 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Cretinismo

Ochocientos millones de personas viven en áreas pobres en yodo en todo el mundo. Esta situación induce bocio, cretinismo y, sobre todo, deterioro mental. Por eso se estableció en 1986 el Consejo Internacional para Control de Desórdenes por Deficiencia de Yodo (ICCIDD) en Katmandú, Nepal. Dicho país está muy afectado por el problema. Sus propósitos son: a) Monitorear la prevalencia y la severidad de deficiencia; b) Facilitar programas de comedores; c) Movilizar apoyo internacional; d) Monitorear el progreso y efectuar un informe annual.

En Yaounde (Camerún) se  recomendó comenzar con programas que consisten en fortificar la sal y el aceite con yodo (Hetzel 1987). En América ya había bocio en la zona de la cordillera andina desde la época precolombina. Los cronistas de la conquista llamaron la atención sobre la existencia de gran número de enfermos  de bocio y sordomudos. La manifestación clínica más severa de la deficiencia de yodo es el cretinismo endémico. Se presenta con retraso del desarrollo mental y retraso del crecimiento y desarrollo. Hay dos tipos de cretinismo, el neurológico y el mixedematoso (McCarrison 1908).

Durante el desarrollo intrauterino puede haber hipotiroxinemia fetal en ciertos momentos clave en el cerebro y eso ocasiona alteraciones neurológicas. En la forma mixedematosa se forman anticuerpos luego del nacimiento, que inhiben la síntesis de tirotrofina inducida por ADN; pero en esa forma la causa no es la deficiencia de yodo sino la predisposición genética para la autoinmunidad, y pueden intervenir la deficiencia de selenio y algunas infecciones como las provocadas por Yersinia (Boyages 1989).

En nuestro país, la zona carente de yodo abarca las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Mendoza, San Juan y Neuquén. En una encuesta de 1924, Lewis encontró que el 54,54% de los alumnos en Salta tenía bocio. Mantegazza atribuyó un importante papel en la causa de la deficiencia de yodo a la composición del agua de los ríos. De Moussy conoció un francés cuyo bocio aparecía y desaparecía según viviese en Salta o viviera en otras partes. Allí había una cantidad de personas de talla baja, rostro grotesco y escaso nivel intelectual, a los que la población de nominaba “opas o cretinos”. En el siglo XVII el gobernador Mestre de esa provincia decidió repartir a los mudos u opas entre los vecinos para que los dediquen a guardar  rebaños de ovejas, cuidar sementeras y otros trabajos compatibles con los defectos del habla. Las mujeres en estas mismas condiciones debían destinarse a hilar, cocinar y otras tareas domésticas (Caro Figueroa, et al. 1998).

En un informe de Houssay a la Comisión de Higiene y Asistencia Social del Senado de la República Argentina escribió: “El problema no reside sólo en la deformación estética o en los posibles accidentes de compresión respiratoria, circulatoria o nerviosa sino que, fundamentalmente, la endemia bociocretínica ejerce una influencia degenerativa sobre el organismo íntegro, tanto en lo físico como en lo psíquico” (...) “Las consecuencias del estado de degeneración se manifiestan, primero, en el crecimiento menor, enanismo, retardos psíquicos, sordomudez endémica, idiocia, malformaciones congénitas, afecciones nerviosas, que traen como consecuencia que los asilos tengan gran cantidad de infelices imposibilitados completamente...”

Boussingault propuso hace dos siglos prevenir el bocio con sal yodada. El pasado siglo Marine y Kimball hicieron un famoso estudio en Ohio: demostró que el sistema preferido para la profilaxis era la sal yodada. El senador Palacios propuso crear el Instituto de Investigación, Profilaxis del Bocio. Las experiencias en Michigan, Australia, Polonia, Rumania y Suiza, la aplicación de la sal yodada produjo una gran disminución en la prevalencia de la enfermedad.

En 1958 se creó en Salta el Instituto del Bocio; luego este Instituto se transformó en Instituto de Endocrinología. En 1963 Oñativia impulsó la profilaxis con sal yodada. En 1967 se promulgó la Ley 17.259 en la que indica que debe haber una parte de yodo cada 30.000 partes de sal, con una variación de más o menos 25%. Esto fue luego incluido en el Código Alimentario Nacional, en el artículo 1272 por resolución del Ministerio de Bienestar Social Nº 153, del 15 de febrero de 1978.

Desde entonces se ha producido en las provincias andinas una muy importante reducción de la prevalencia del bocio, aunque en Neuquén el efecto beneficioso tardó algo más. En Salta los escolares tenían en 1924 87,4% de bociosos; en 1970, descendió a 32,5% y, en 1983, a 5%. Los soldados que iban al Servicio Militar tenían 52,2% de bocio endémico en 1959 y, en 1981, 2,7% (Rueda-Williamson 1974).  La Organización Mundial de la Salud había fijado como límite para calificar la enfermedad 10%; de modo que, desde que se inició la profilaxis, tardaron 20 años para erradicar la endemia.

Como la sal yodada se utilizó en todo el país, las zonas que no tiene falta de yodo pueden presentar trastornos tiroideos. En Zimbabwe aumentó la incidencia de hipertiroidismo. Pero hasta ahora los beneficios que trae la sal yodada sobrepasan los riesgos que plantea su aporte (Moron, et al. 1965).