19 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

¿Existe alguna relación entre la anemia ferropénica del escolar y su funcionamiento intelectual así como con su rendimiento en la escuela?

Estudios de correlaciones

Los primeros estudios citados en la literatura sobre los efectos concurrentes de la deficiencia de hierro y anemia entre escolares fueron los de Webb y Oski (1973a, 1973b, 1974) en los Estados Unidos. Estos investigadores estudiaron a adolescentes (12 a 14 años de edad) afroamericanos de nivel socioeconómico bajo, matriculados en una escuela intermedia en Filadelfia. Algunos de estos sujetos fueron clasificados como anémicos y su rendimiento en una prueba estandarizada de rendimiento escolar (Iowa Test of Basic Skills) estuvo muy por debajo del rendimiento de un grupo de adolescentes que no tenían anemia, de la misma edad y del mismo grado en la escuela. Observaciones sistematizadas hechas por los maestros en el aula mostraban que las probabilidades de encontrar problemas conductuales eran mucho más altas en los adolescentes anémicos que en el resto de los alumnos.

Algunas observaciones posteriores han encontrado otras desventajas entre niños o adolescentes diagnosticados con anemia ferropénica. Por ejemplo, en Chile se halló (Ivanovic et al. 1991) una asociación entre el consumo de hierro y el logro educacional, y en las Filipinas (Popkin y Lim-Ybanez 1982), hubo una correlacion significativa  entre el nivel de hemoglobina y el desarrollo del lenguaje. Por otro lado, en Nepal (Mook y Leslie 1986) no se hallaron asociaciones entre la hemoglobina y la edad de matrícula en la escuela, o entre la hemoglobina y las probabilidades de estar atrasado en la escuela dentro de una población severamente desnutrida en Nepal. Igualmente, en Shangai (Cai y Yan 1990),  no se hallaron asociaciones significativas entre la anemia ferropénica, el coeficiente intelectual y el desempeño escolar entre los adolescentes; asimismo, en México (Vega-Franco, Mejía, Robles, Moreno y Pérez 1991) tampoco se halló asociación entre la hemoglobina y el resultado de una prueba de inteligencia.

En el Perú Soto et al. (1993) compararon la frecuencia de la anemia y de la deficiencia de hierro en dos grupos de niños (5 a 11 años de edad) con rendimientos escolares claramente diferentes. Estos niños provenían de barrios de nivel socioeconómico muy bajo en el cono sur de Lima. El perfil de rendimiento escolar de los niños era equivalente al promedio trimestral de las notas en todas las materias del plan escolar del Ministerio de Educación del Perú. Posteriormente, los escolares fueron clasificados en tres grupos de acuerdo a su rendimiento (el puntaje máximo posible es 20): rendimiento escolar alto, con una calificación igual o mayor a 14; rendimiento medio, con un puntaje de 13; y rendimiento bajo, con una nota igual o menor a 12. Se encontró que el nivel de hemoglobina y de dos indicadores de hierro (hierro sérico y capacidad instaurada de fijación de hierro) de los escolares con un rendimiento alto, era estadísticamente superior al de los niños con rendimiento bajo. En el caso particular de hemoglobina, el promedio de estos últimos fue de 10.88 mg/dL, mientras que el de los sujetos con rendimiento alto fue de 11.73 mg/dL.

En síntesis, sólo algunos de los estudios de observación sobre los efectos concurrentes de la anemia ferropénica en el escolar apoyan la hipótesis de que la deficiencia puede limitar el rendimiento de éste. A continuación se reseñará los estudios que han tenido un componente experimental y que han permitido inferencias más sólidas.

Estudios experimentales

La metodología y el estado de salud y nutrición de los escolares estudiados en las investigaciones que se presentan a continuación son muchas veces diferentes. Estas diferencias deben ser esperadas dado que las investigaciones fueron llevadas a cabo en diversas partes del mundo y en diferentes periodos; asimismo, las diferencias pueden explicar por qué los resultados no siempre son consistentes entre sí.

En Semarang (en la Isla de Java, Indonesia), se llevó a cabo (Soemantri, Pollitt y Kim 1985) uno de los primeros estudios experimentales en el que se asignó aleatoriamente a estudiantes con y sin anemia ferropénica a recibir sulfato ferroso o un placebo y se comparó el rendimiento de estos cuatro grupos, antes y después del tratamiento. Como había una alta prevalencia de parasitosis intestinal entre los escolares, todos estos niños fueron expuestos a un tratamiento apropiado antes de comenzar el estudio. El rendimiento de los niños anémicos en las pruebas de aritmética y ciencias sociales que les fueron administradas al iniciarse el experimento, fue inferior a la de los niños sin anemia. Sin embargo, durante esta primera evaluación, no hubo diferencias entre los grupos en pruebas de inteligencia y de concentración. Al terminar el tratamiento, los adolescentes anémicos que fueron tratados con hierro rindieron mejor en las dos pruebas de aprovechamiento escolar que los anémicos que recibieron el placebo. Sin embargo, el tratamiento no fue suficiente para que desapareciera la diferencia estadística entre estos adolescentes y aquellos que habían iniciado el estudio sin anemia. Es decir, los tres meses de suplementación no fueron suficiente para compensar los déficits previos.

Seshadri y Gopaldas (1989) condujeron cuatro estudios experimentales entre niños de edad escolar en India. Los primeros dos estudios encontraron que la suplementación con hierro y ácido fólico mejoraba el rendimiento de los escolares anémicos en una prueba de inteligencia.  Esta combinación de hierro y ácido fólico, sin embargo, no permitió establecer el rol específico de los dos nutrientes. El tercer y cuarto estudio de los mismos investigadores, sí estuvo limitado a una intervención con sulfato ferroso. En estos casos se observó que el tratamiento mejoró ciertos resultados en una batería de exámenes cognoscitivos.

Con el fin de replicar los resultados del estudio en Semarang, en Java se llevó a cabo un estudio experimental, doble ciego y aleatorio con 1,358 niños enrolados en 16 escuelas primarias en Tailandia (Pollitt, Hathirat, Kotchabhakdi, Missel y Valyasevi 1989). Después de cuatro meses de tratamiento con hierro, no se observó ningún efecto en los desempeños en una prueba de inteligencia no-verbal (Raven) y en exámenes de matemática e idioma tailandés. Contrariamente, en Egipto, Pollitt, Soemantri, Yunis y Scrimshaw (1985) encontraron que escolares anémicos eran menos eficientes que los niños sin anemia en una prueba de discriminación de estímulos visuales. Cuatro meses después, la eficiencia de los niños anémicos que recibieron un suplemento de hierro mejoró de manera significativa y la diferencia entre estos niños y los niños sin anemia desapareció.

En Malawi, Shrestha (1994) condujo un experimento entre niños escolares para examinar los efectos de suplementos de hierro, yodo, y hierro y yodo combinados. Los niños fueron asignados aleatoriamente a los diferentes grupos y fueron tratados por 11 meses; después del tratamiento fueron evaluados mediante una batería de pruebas psico-educativas construidas localmente. Los escolares que recibieron el hierro rindieron mejor que los escolares en dos pruebas de reconocimiento de animales y personas, y en una prueba de conceptos numéricos y discriminación de estímulos.

En el Perú se realizó recientemente un ensayo clínico aleatorio de adolescentes mujeres (12 a 18 años de edad) con diferentes niveles de deficiencia de hierro, que fueron seleccionadas de una escuela pública en Villa El Salvador, un distrito de nivel socioeconómico bajo al sur de Lima (Cueto, Echeandía y Zavaleta, 2000). Las adolescentes fueron clasificadas de acuerdo con su nivel de hemoglobina, ferritina sérica y eritrocitos de protoporfirina en tres grupos: anémicas con deficiencia de hierro (Hb120 g/L; ferritina sérica 12 mg/L y eritrocitos de protoporfirina 80 mg/dL); deficientes de hierro sin anemia (Hb 120 g/L; ferritina sérica 12 mg/dL; eritrocitos de protoporfirina 80 mg/dL) y normales. Todas las adolescentes que tenían una Hb 80- g/ 80g/L fueron excluidas del estudio y fueron puestas en un tratamiento de suplementación férrica apropiado. Además, todas las participantes ya habían tenido su primer periodo menstrual. Por un periodo de 16 semanas, las participantes recibieron tres tratamientos diferentes: (a) 300 mg de sulfato ferroso diario, de lunes a viernes; (b) igual cantidad de hierro por dos días y (c) placebo. Ya que no hubo diferencias al tratamiento entre los dos primeros grupos, ambos se unieron para los propósitos de los análisis estadísticos de los datos.

La batería de pruebas psicológicas incluía la Prueba de Madurez Mental de California, una prueba de socialización, una prueba de autoestima y una prueba de ansiedad. Además, se obtuvo las notas de las alumnas en matemáticas y en lengua, y se registró la historia personal de aprovechamiento escolar. Los análisis estadísticos mostraron que no había diferencias entre los tres grupos antes de haber sido expuestas al tratamiento. Además, el tratamiento tampoco produjo diferencias entre los grupos.