21 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Epidemiología

La prevalencia de la anemia y la prevalencia de la anemia ferropénica están altamente correlacionadas. Por eso es que con frecuencia se usa la prevalencia de la anemia para estimar la prevalencia de la anemia ferropénica. Esta es una práctica usual que tiene algunos errores importantes en algunas partes del mundo. En el sur del Sahara, hay muchas poblaciones donde la malaria, que es una causa de anemia, es holo endémica. Esto determina que el uso de las prevalencias de anemia como valor aproximativa a la prevalencia de anemia ferropénica tenga un ancho margen de error.

Aunque la frecuencia de anemia tiende a ser más baja en niños de edad escolar que en niños infantes y mujeres de edad fecunda, los índices en este grupo de edad en países subdesarrollados y en las poblaciones pobres de los países desarrollados todavía son lo suficientemente altos para merecer preocupación.  La Organización Panamericana de la Salud publicó recientemente (1997) una monografía, Creciendo en las Américas: La magnitud de la desnutrición al final del siglo (Washington, DC). En una breve reseña de los datos existentes se menciona (87) que los datos de la prevalencia de anemia en América son altos y están generalizados a la mayoría de los países en la región con la excepción de Antigua, Barbados y Chile. Las prevalencias variarían entre el 10 y el 40%, estando la mayoría ubicados en los rangos altos. De acuerdo con el informe, la anemia no se asocia con el nivel social y económico de las familias o de las poblaciones y se observa en países como la Argentina, donde la prevalencia de la desnutrición energético-proteínica es leve.

Los datos más completos sobre la epidemiología de la anemia en el Perú son los de la Encuesta Demográfica y Salud Familiar (ENDES 1996) del Ministerio de Salud. El marco muestral utilizado proviene de los Censos Nacionales de Población y Vivienda de 1993 y fue actualizado en las áreas seleccionadas entre los meses de abril y junio de 1996. Se obtuvieron dos muestras de viviendas. La primera destinada al estudio de la Reproducción y Salud Materno Infantil, y la segunda, una submuestra de la muestra básica para el estudio de los hombres y la anemia en mujeres y niños. Se determinó el nivel de hemoglobina de todos los niños menores de 5 años y para todas las mujeres entre los 15 y 49 años, en una submuestra de 2,818 hogares.

Más del 50% de los niños menores de 5 años de edad eran anémicos y aproximadamente el 30% tenía un nivel de hemoglobina menor o igual a 9.9 g/dl; es decir, anemia moderada o severa. Además, como era de esperarse la mayoría de los anémicos, independientemente del grado de severidad, se encontraban entre los niños menores a los 24 meses.

En el Perú no hay encuestas nacionales o regionales sobre la deficiencia de hierro y anemia en escolares. Hay, sin embargo, algunos estudios que no son representativos de una comunidad en particular, pues proveen datos ilustrativos. En este sentido, Jacoby y López de Romaña (1997) llevaron a cabo un estudio comparando los niveles de anemia de niños en escuelas situadas en cada margen del río Apurimac con y sin participación en el programa de desayunos escolares financiado por FONCODES. La población de la margen izquierda ubicada en la localidad de San Antonio (departamento de Ayacucho), que era atendida por el programa, tenía un porcentaje de 50% de anémicos; mientras que la población en la localidad de Mapitunari (Cuzco), que no era atendida por el programa, presentó un 72% de anemia. Estos son porcentajes elevados para una porción, y, de acuerdo a los autores, posiblemente se explica por los altos índices de parasitosis intestinal que caracterizan a esas regiones.

Zavaleta, Respicio y García (2000) estudiaron 312 adolescentes mujeres de 12 a 18 años de edad que asistían a una escuela secundaria de Villa El Salvador, un pueblo joven al sur de Lima. Encontraron que el porcentaje de anémicas en tres grupos asignados aleatoriamente a tres tratamientos diferentes era 19.8%, 18.4% y 15.5%, respectivamente. Estos datos sugieren una prevalencia relativamente alta en la escuela; pero es importante destacar que después de la menarca (primer periodo menstrual), las escolares tienen un riesgo de anemia considerablemente más alto que los varones.