17 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Causas e indicadores

La deficiencia de hierro tiene un origen dietético cuando la cantidad de hierro que absorbe el organismo humano de los alimentos no satisface sus requerimientos fisiológicos. Éstos aumentan particularmente durante los periodos de crecimiento acelerado (Filer 1990), durante la menstruación y la gestación (Kaufer-Horwitz 1996), lo cual explica por qué la prevalencia1 de la anemia ferropénica es comparativamente alta en los bebés y las mujeres embarazadas y lactantes. Las pérdidas de sangre frecuentes contribuyen también a un balance negativo, sobre todo en aquellas regiones donde algunas infecciones por parásitos intestinales (particularmente uncinarias2) son altamente prevalentes (Alvarez 1984; Bothwell, Charlton, Cook y Finch 1979). Nótese sin embargo, que conforme lo citado en el primer párrafo de este trabajo, el Sub Comité de Nutrición de las Naciones Unidas ha publicado recientemente información que indica que el 53% de los niños de edad escolar en los países en vías de desarrollo están en riesgo de anemia ferropénica.

La deficiencia de hierro tiene un espectro que va desde la reducción y agotamiento de las reservas de hierro hasta la reducción de las células rojas y de la concentración de hemoglobina. En consecuencia, hay deficiencias de hierro sin anemia. La deficiencia de hierro tampoco es una causa necesaria; hay deficiencia de otros nutrientes como son el ácido folico3 y la vitamina B6 que también causan anemia. Esta es tambien causada por hemoglobinopatías (v.g. talasemia4), pérdidas de sangre y varios trastornos metabólicos. Sin embargo, la deficiencia de hierro es la causa más común.

La disponibilidad biológica (biodisponibilidad) del hierro, la cual está determinada por su composición química, define el potencial que tiene el hierro en la dieta para ser absorbido por el organismo (Beard, Erikson y Peirano 1996). El hierro hemínico (orgánico) que se encuentra principalmente en la carne, el pollo y el pescado como parte de la hemoglobina5 y la mioglobina tiene la mayor disponibilidad biológica; se estima que del 5 al 35% del hierro hemínico es absorbido por el organismo.6 Por otro lado, hay menor absorción del hierro no-hemínico (inorgánico) el cual se encuentra en las leguminosas de grano, cereales, varias verduras y frutas, y productos lácteos. Usualmente, la dieta está constituida por aproximadamente 10% de hierro hemínico y 90% de hierro no-hemínico.

Además, hay interacciones entre los nutrientes que afectan la absorción del hierro. Por ejemplo, el ácido cítrico y el ácido ascórbico (v.g. naranja, peras, manzanas, coliflor) promueven la absorción del hierro mientras que los polifenoles (v.g. té, café, orégano) y los fitatos (v.g. trigo, maíz, legumbres, soya) la inhiben (CARE, 1997). La carne también contribuye a la absorción del hierro no-hemínico. Otro determinante de la absorción es la competencia que hay entre los minerales por su propia absorción, particularmente cuando el organismo tiene un déficit de uno de los micronutrientes en particular. Las condiciones fisiológicas del organismo co-determinan el grado la absorción del hierro disponible en la dieta; la absorción aumenta en condiciones de deficiencia de hierro.

En poblaciones de América donde la Malnutrición Proteico Energética (MPE) es endémica el patrón de la dieta es el bajo consumo de hierro hemínico (v.g. carne, pollo, pescado), asociado a un alto consumo de alimentos que inhiben la absorción de hierro no hemínico (Pollitt 1995). Esto determina en parte por qué se considera a la MPE como un síndrome pluricarencial.

No existe un solo examen bioquímico o hematológico que sirva de indicador de los diferentes niveles de la deficiencia de hierro por los cuales puede pasar el organismo desde la disminución de las reservas de hierro hasta la anemia severa (Gibson 1991). Por ello el diagnóstico requiere de varios exámenes de laboratorio. La siguiente es una descripción elemental sobre algunos indicadores que se usan con frecuencia. Esta descripción sigue el orden con que avanza la deficiencia de hierro en el organismo. La concentración de ferritina sérica o en el plasma es el mejor indicador de las reservas o depósitos de hierro en el organismo. Después de la pérdida de los depósitos hay una disminución en el suministro del hierro al nivel de los tejidos. Se reduce la cantidad de hierro transferible para las proteínas corporales que contienen hierro esencial lo cual está indicado por el nivel comparativamente bajo de la saturación de transferrina (relación entre hierro sérico y la capacidad para fijar el hierro por la proteína que transporta el hierro). Hay también una reducción en la disponibilidad de hierro en la médula ósea para la eritropoyesis7 (Beard, Erikson y Pinero 1996; Kaufer-Horwitz 1996). El tercer nivel se presenta cuando la deficiencia de hierro afecta la producción de los glóbulos rojos y disminuye la concentración (g/dL) de la hemoglobina en la sangre. La anemia puede ser leve, moderada o severa. Hay, sin embargo, una gran variabilidad biológica normal entre las personas de la misma edad, sexo y peso. Una persona puede tener un nivel de hemoglobina por debajo del nivel (punto de corte), que se considera normal, sin tener anemia. Esta variabilidad biológica determina que con frecuencia (casi en un 25%) las determinaciones de hemoglobina arrojen resultados falso-positivos. En general, la concentración de hemoglobina en los hombres es mayor que en las mujeres adultas; dicha concentración es también elevada en residentes en la altura como en Bolivia, Ecuador y Perú, entre otros (Kaufer Horwitz 1996).