17 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Aportes a la práctica profesional relacionada con el desarrollo infantil

Los intentos por descubrir el sustento biológico de los comportamientos resilientes no sólo interesan por sus alcances teóricos. Interesan también por sus implicancias prácticas. Ciertamente, la determinación de los elementos, condiciones y relaciones que participan en la configuración del desarrollo infantil abre nuevos espacios a la intervención.

La evidencia presentada ha mostrado un panorama más bien optimista al respecto, al dar cuenta de que ningún elemento adverso es, por sí mismo, fuente de deterioro o daño inevitable para el niño y que, en general, la adversidad puede ser, si es que no contrarrestada, atenuada por medio del establecimiento de relaciones cuidadosas y cálidas entre los padres o cuidadores primarios y el niño.

Ante el, en realidad, lejano horizonte donde los problemas que dan origen a las deficiencias del desarrollo infantil hayan sido erradicados, lo anterior señala la conveniencia de operar sobre las delicadas relaciones que entraman los elementos que configuran el desarrollo del niño, tal que, ante la imposibilidad de evitar su exposición a condiciones desfavorables, al menos puedan garantizársele niveles de desarrollo adecuados, ausentes de cualquier indicio de retardo o merma. Esto sería una manera de actuar casi inversa a la que normalmente se utiliza para abordar a los grupos de riesgo: lo que se buscaría no es revertir un perjuicio ya ocurrido, sino evitar que se ocasione.

Las perspectivas que tal modo de acción ofrece son no sólo más altas, sino también de mayor alcance. Al propiciar la conservación por sobre la recuperación, vuelve factible la idea de pretender igualar las posibilidades de desarrollo a todos los niños, sin importar sus diferencias de origen.

Lo anterior toca particularmente al ámbito educativo. Ciertamente, la educabilidad de los niños requiere que éstos hayan alcanzado una base de desarrollo que posibilite su participación exitosa en la escuela. Puede parecer evidente, pero las condiciones nutricionales deficitarias o los ambientes familiares desfavorables dificultan que el niño pueda aprender cabalmente las enseñanzas escolares, ya que sus capacidades intelectuales no escapan a los detrimentales efectos de la adversidad. En este sentido, no puede dudarse que las posibilidades de logro educativo de un niño se amplían exponencialmente si es que éste cuenta con todas sus potencialidades intactas y puede abordar la tarea escolar sin tener que sortear obstáculos adicionales.

No es trivial, por tanto, abocarse a definir con mayor exactitud los factores y relaciones del desarrollo infantil, a fin de promover estrategias para su promoción. No sobra agregar que el conocimiento de los aspectos específicos que afectan al desarrollo permite que las estrategias de intervención operen ya no con la buena cuota de intuición con que lo han hecho tradicionalmente, sino principalmente apoyadas sobre bases ciertas que aseguran su efectividad, calidad y eficiencia.