16 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Introducción

En Chile, actualmente una de las primeras prioridades nacionales es la disminución de la extrema pobreza y el mejoramiento de la calidad de la educación. La educación es la palanca de cambio que tiene el mayor impacto en el mejoramiento de la calidad de vida de los pueblos. Sin embargo, la problemática educacional se nos presenta de naturaleza multicausal y multifactorial, ya que está condicionada por múltiples factores dependientes del educando, de la familia y del sistema educacional, los cuales están afectando el desarrollo óptimo del proceso enseñanza-aprendizaje, lo que en último término impacta en la productividad interna y externa del sistema educacional, medida como rendimiento y deserción escolar (Ivanovic e Ivanovic, 1988). En contraste con las investigaciones realizadas sobre los determinantes socioeconómicos del proceso educativo, tanto en Chile, como en el extranjero, se observa poca información referente a los efectos que ejercen desde la más tierna infancia, la nutrición y la salud, tanto sobre el desarrollo cerebral, inteligencia y rendimiento escolar (Ivanovic, Ivanovic y Middleton, 1988; Schiefelbein y Simmons, 1981).

La malnutrición y sus condiciones asociadas afectan la productividad y la capacidad intelectual de los pueblos. Esto es especialmente relevante en la calidad de vida de los países del tercer mundo, donde el desarrollo económico encuentra un serio obstáculo en las limitaciones de los sectores sociales que en la actualidad, presentan adversas condiciones socioeconómicas, socioculturales, intelectuales y nutricionales.

Actualmente, no obstante el notable incremento de la obesidad y del sobrepeso en la población escolar, la desnutrición sigue siendo el problema nutricional colectivo más relevante de la infancia de los países en vías de desarrollo. En algunas regiones del mundo, como en América Latina y Asia Oriental, se ha producido una ostencible disminución de las tasas de desnutrición, aunque en general, el número absoluto de desnutridos se ha incrementado en el mundo. La mitad de los niños del Asia meridional están desnutridos y, en Africa, un tercio de los niños tiene peso bajo los estándares de normalidad y en muchos países de este continente, la situación nutricional de los niños se deteriora rápidamente (FAO, 1996; UNICEF, 1998).

En relación a lo anteriormente expuesto, la malnutrición acaecida durante los primeros años de vida puede retardar el crecimiento del niño; sin embargo, como dicho crecimiento continúa hasta los 18 años, los efectos de las deficientes condiciones de alimentación y nutrición podrían aminorarse proveyendo una buena nutrición. No obstante, el cerebro es una excepción notable y, en general, todo el sistema nervioso. Los primeros dos años de vida no sólo corresponden a la etapa de máximo crecimiento, sino que al final del primer año de vida se alcanza el 70% del peso del cerebro adulto, constituyendo también, casi el período total de crecimiento de este órgano. De allí es que la desnutrición infantil y la subalimentación crónica podrían ocasionar un retraso en el crecimiento cerebral, reducción de su tamaño y el consecuente menor desarrollo intelectual (Ivanovic, 1996; Stoch y Smythe, 1963, 1967, 1976; Stoch et al., 1982). Estos aspectos son de trascendental importancia para la educación, ya que resultados previos de nuestras investigaciones, confirman que la circunferencia craneana, indicador de la historia nutricional y del desarrollo cerebral, es el parámetro antropométrico de mayor relevancia para el proceso educativo y cuyo impacto en el rendimiento escolar va aumentando a medida que ascendemos en el sistema educacional. De esta forma en escolares que egresan de educación media, es el único parámetro antropométrico que se asocia directa y significativamente con el rendimiento escolar, con el coeficiente intelectual y con los puntajes obtenidos en la prueba de aptitud académica (PAA), requisito fundamental para acceder a la educación superior (Ivanovic et al., 1996; 2000a).

Los hallazgos de diversos investigadores confirman una alta asociación entre las condiciones de malnutrición acaecidas a edad temprana y el coeficiente intelectual, unido a deficientes condiciones culturales e intelectuales de la familia, especialmente de la madre (Ivanovic, Castro e Ivanovic, 1995; Ivanovic, 1996; Stoch y Smythe, 1963, 1967, 1976; Stoch et al., 1982); de la misma forma, otras investigaciones han verificado que la inteligencia se asocia significativamente al tamaño del cerebro y, a la vez, es el parámetro que mejor predice el rendimiento escolar (Andreasen et al., 1993; Ivanovic et al., 1989a; Johnston y Lampl, 1984; Lynn, 1993; Reiss et al., 1996; Willerman et al., 1991).

Los primeros modelos de malnutrición consideraban deficiencias cognitivas sólo como resultado de daño cerebral. Recientes teorías respecto al impacto de la malnutrición en la inteligencia del niño señalan que la malnutrición altera el desarrollo intelectual por interferencia con salud, niveles de energía, tasas de desarrollo motor y crecimiento; en suma, las deficientes condiciones socioeconómicas pueden exacerbar todos estos factores ya que se pone especial énfasis en los efectos de la desnutrición acaecida a edad temprana sobre la problemática planteada, como en el impacto de la malnutrición crónica que afecta a un porcentaje importante de los niños pertenecientes a los sectores más deprivados de nuestra sociedad, tanto en Chile como en países de desarrollo similar. No obstante, esta nueva teoría considera que la malnutrición provoca daño cerebral, el que sólo algunas veces podría ser reversible pero, que generalmente, la situación es irreversible, ya que las condiciones socioeconómicas permanecen en el tiempo y contribuyen, también, al deterioro intelectual (Brown y Pollitt, 1996). Estos hechos podrían explicar el bajo rendimiento escolar de los sectores más desposeídos de nuestra sociedad, los que presentan una deteriorada situación socioeconómica, intelectual y nutricional (Ivanovic, Ivanovic y Middleton, 1988; Ivanovic, 1988; Ivanovic e Ivanovic, 1988, 1990; Ivanovic et al., 1988; Ivanovic y Marambio, 1989; Ivanovic, Olivares e Ivanovic, 1990a,b, 1991a,b; Ivanovic, 1992; Ivanovic, Castro e Ivanovic, 1995; Ivanovic et al., 1991, 1992a,b, 1995a,b, 1996, 2000a,b,c; Schiefelbein y Simmons, 1981; Toro, Almagià e Ivanovic, 1998).

Considerando la trascendencia que tienen estos hallazgos para la educación, tanto en Chile como en el extranjero y considerando que en Chile, la educación es una de las primeras prioridades nacionales, el objetivo de la presente investigación, es determinar el impacto del estado nutricional en el desarrollo cerebral, inteligencia y rendimiento escolar, en estudiantes que egresan del sistema educacional, donde los procesos de crecimiento y desarrollo están ya consolidados y en el marco de un estudio multifactorial, cuya problemática se encuentra en las fronteras del conocimiento. El propósito es confirmar las hipótesis 1) Independientemente del nivel socioeconómico, el rendimiento escolar se asocia directa y significativamente a la historia nutricional del escolar, a su desarrollo cerebral, coeficiente intelectual y al coeficiente intelectual de sus padres y, 2) El rendimiento escolar, la historia nutricional, el desarrollo cerebral, el coeficiente intelectual del educando y el de sus padres están significativamente interrelacionados.