18 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (134-135) I,II
Año: 2000

Discusión

Los hallazgos del presente estudio ponen de manifiesto que, independientemente del NSE, el proceso enseñanza aprendizaje es de naturaleza multifactorial y se encuentra condicionado por factores genéticos y ambientales. En este sentido, las variables que mayormente se asocian directa y significativamente con el RE son el CI del alumno, CI de la madre, CI del padre, desnutrición en el primer año de vida, VE, peso de nacimiento y talla de nacimiento. Es posible constatar que el CI del alumno es la variable que mayormente contribuye a explicar el RE; no obstante, en ambos sexos, el CI del educando se encuentra alta y significativamente correlacionado con el CI de los padres (especialmente el CI de la madre), la desnutrición en el primer año de vida y el VE.

En el presente estudio, el CI de los padres, especialmente el de la madre, presenta una alta correlación con el RE y con el CI del alumno, variable que como se mencionó en el párrafo precedente, es la que tiene el mayor poder explicatorio en la varianza del RE. Estudios previos efectuados por nosotros han confirmado que el nivel de escolaridad de la madre es la variable sociocultural que mayormente contribuye a explicar la varianza del RE y de la capacidad intelectual (Ivanovic, Castro e Ivanovic, 1995; Ivanovic et al., 2000b,c) Se ha descrito una directa y significativa asociación entre la inteligencia de los padres y la de los hijos, aunque los estudios realizados son escasos, estimándose que entre el 50% y 60% de la variación de la inteligencia del niño, es de origen familiar (Avancini, 1982; Doesch, Anderson y Snow, 1990; Lynn y Hattori, 1990). Sin embargo, como se mencionó previamente, existen estudios que confirman que el CI y RE del niño se asocian a una menor CC y a condiciones de malnutrición a edad temprana, en donde el peso de nacimiento del niño, junto a otras variables, estarían jugando un importante rol, lo que es coincidente con los hallazgos de la presente investigación y con estudios previos efectuados por nosotros (Hack et al., 1991; Ivanovic, Ivanovic y Middleton, 1988; Ivanovic e Ivanovic, 1988; Ivanovic, 1996; Ivanovic et al., 1989a, 1996, 2000a; Stoch y Smythe, 1963, 1967, 1976; Stoch et al., 1982; Sugeng et al., 1986; Teplin et al., 1991; Upadhyay, Agarwal y Agarwal, 1989; Winick, 1975; Winick y Rosso, 1969a,b).

En relación a lo anteriormente expuesto, el CI de la madre se configura como una variable de trascendental importancia, tanto en la determinación del RE, como en la del CI. El positivo impacto del CI materno en el RE, podría estar relacionado con una mejor calidad en la estimulación del niño, ya que además, el CI materno correlaciona alta y significativamente con el nivel de escolaridad de la madre (Crandell y Hobson, 1999; Sandiford et al., 1997; Smith et al., 1996). Este hecho es digno de destacarse, porque además, la madre ha sido señalada por los escolares, como la fuente de información más importante en lo que respecta al aprendizaje de contenidos nutricionales (Ivanovic et al., 1989b; Ivanovic, Olivares e Ivanovic, 1991c); en este contexto, el nivel de conocimientos alimentarios y nutricionales es muy bajo, tanto en las madres, como en los escolares de los sectores pobres (Ivanovic, Alvarez y Truffello, 1986; Ivanovic et al., 1986a; Ivanovic, Castro e Ivanovic, 1996).

El RE se encuentra asociado principalmente con aquellos indicadores de la historia nutricional pre y postnatal. Es así como en el presente estudio, los escolares con menor RE a pesar de ser significativamente mayores de edad, en comparación con los de más alto RE, tienen menor peso y menor talla de nacimiento, una mayor prevalencia de desnutrición y menor puntaje Z-CC. Nuestros hallazgos previos obtenidos en los últimos 20 años han confirmado que en los escolares con menor RE existe mayor prevalencia de desnutrición % peso/edad, mayor retraso estatural, mayor incidencia de CC subóptima, una ingesta dietaria, conocimientos alimentarios y nutricionales y hábitos alimentarios muy deficientes, asociados a condiciones socioeconómicas, demográficas y psicológicas muy deprivadas (Durán et al., 1996; Hazbún et al., 1996; Ivanovic, Ivanovic y Buitrón, 1987; Ivanovic, Zacarías y Vásquez, 1987; Ivanovic, Ivanovic y Middleton, 1988; Ivanovic, 1988; Ivanovic y Marambio, 1989; Ivanovic e Ivanovic, 1988, 1990; Ivanovic 1992; Ivanovic, Alvarez y Truffello, 1986; Ivanovic, Castro e Ivanovic, 1996; Ivanovic et al., 1986a,b, 1988, 1989a, 1991, 1992a, 1996; Zacarías et al., 1986a,b). Por otra parte, se registra poca información empírica, referente al impacto de factores genéticos, en la determinación de la CC y del CI del niño. Investigaciones efectuadas en USA y en Japón, han estimado que aproximadamente el 50% de la variación en el tamaño de la CC del niño es de origen familiar y, por lo menos en parte, presumiblemente determinada genéticamente (Lynn y Hattori 1990; Weaver y Cristian, 1980). Se habla de presumiblemente determinada genéticamente, ya que es muy difícil determinar en los padres, la proporción de la variación genética y ambiental de su CC, ya que para determinar este aspecto, se necesitaría de estudios de seguimiento de larga duración, que comprendan varias generaciones.

Stoch y Smythe (Stoch y Smythe, 1963, 1967, 1976; Stoch et al., 1982) fueron los primeros en formular la hipótesis referente a que la desnutrición durante los primeros dos años de vida, la cual representa el período de máximo crecimiento cerebral, podría inhibir este crecimiento y que ésta produciría una reducción permanente en el tamaño del cerebro y un bajo desarrollo intelectual. En un estudio de seguimiento que se extendió por 20 años, confirmaron que la desnutrición inhibe el crecimiento del cerebro y provoca un significativo menor desarrollo intelectual, verificando, además, que la CC, indicador de la historia nutricional y del desarrollo cerebral, es el parámetro antropométrico más sensible de alterarse en condiciones de desnutrición durante el primer año de vida. Al respecto, otras investigaciones realizadas en niños en edad escolar, que sufrieron de desnutrición infantil a edad temprana, han demostrado que presentaban bajo CI, funciones cognitivas, rendimiento escolar y grandes problemas conductuales, en relación a niños normales (Levitsky y Strupp, 1995).

Se creía que el tamaño del cerebro humano y la inteligencia sólo tenían una débil relación. Investigaciones recientes efectuadas durante la última década, han confirmado que existiría una directa y significativa asociación entre el tamaño del cerebro, especialmente el eje medio-ventricular correspondiente a la línea horizontal a través del cerebro en donde se concentran las habilidades para el lenguaje y la visualización y el CI de estudiantes que ingresaban a la universidad, utilizando RMI para determinar el DC, concluyendo que las diferencias en el tamaño del cerebro humano son relevantes, para explicar las diferencias en el desempeño en los test de inteligencia (Andreasen et al., 1993; Reiss et al., 1996; Willerman et al., 1991). En el presente estudio hemos visto que, en ambos sexos, el VE y el CI correlacionan alta y significativamente.

El CI del escolar fue la única variable que contribuyó a explicar el RE tanto en el sexo masculino, como en el femenino; sin embargo, el CI resume los efectos del peso de nacimiento, talla de nacimiento, la desnutrición en el primer año de vida y el VE. Otras investigaciones han confirmado que el CI del niño es la variable más importante que contribuye a explicar el RE (Ivanovic et al., 1989a). Por otra parte, los escolares con bajo RE obtienen muy bajos puntajes en la PAA (450 puntos), lo que les impide postular a la educación superior y así, poder optar a mejores condiciones de empleo, que permitan mejorar la calidad de vida del país. En este contexto, los escolares más deprivados han logrado finalizar la educación media, a pesar de sus adversas condiciones de vida. Esto se explica, porque probablemente asisten a colegios en donde el nivel de exigencia curricular es también más bajo, en concordancia con las características de los escolares, lo que se confirma por el bajo RE y puntaje obtenido en la PAA.

Los escolares que presentan RE muy bajo, nacieron con un significativo menor peso y talla de nacimiento, lo que permite inferir que es probable que hayan sufrido de desnutrición ya, en el útero de la madre. Este hecho adquiere especial relevancia, en el sentido que, en ambos sexos, el peso y la talla de nacimiento correlacionan inversa y significativamente con la desnutrición acaecida en el primer año de vida y ésta, a su vez, correlaciona inversa y significativamente con el RE, CI del alumno, CI de los padres, Z-CC, VE y NSE. Los hallazgos de algunos investigadores confirman que el peso de nacimiento está asociado con el rendimiento intelectual en la vida del adulto joven y que diversos factores que podrían afectar el desarrollo fetal, podrían traducirse en un menor CI en el adulto, por lo que los programas de intervención a edad temprana deberían focalizarse a los niños con muy bajo peso de nacimiento, los cuales tienen mayor riesgo debido a un deteriorado desarrollo psicomotor, hijos de madres solteras y con bajo CI (Bacharach y Baumeister, 1998, Sorensen et al., 1999). El impacto del bajo peso de nacimiento en una menor CC y menor CI ha sido reportado por numerosos autores, hecho que coincide con los hallazgos del presente estudio (Botting et al., 1998; Hack y Breslau, 1986; Hack et al., 1991; Ounsted, Moar y Scott, 1988; Pryor, Silva y Brooke, 1995; Teplin et al., 1991; Strauss y Dietz, 1998).

La CC fue el único indicador antropométrico de la historia nutricional postnatal y del DC que en ambos sexos se asoció significativamente con el RE (tendencia en el sexo femenino), con el CI del alumno, CI de la madre, VE y desnutrición en el primer año de vida. Similares resultados fueron obtenidos en estudios previos efectuados por nosotros en el sentido que la CC es el indicador antropométrico de la historia nutricional postnatal más importante en su asociación con el RE y con el CI del educando (Ivanovic et al., 1996, 2000a; Toro et al., 1998). Por otra parte, la CC es un buen indicador del tamaño del cerebro, debido a la alta correlación que establece con el VE en el presente estudio y en ambos sexos; en este sentido, se ha descrito que la CC es un buen indicador el peso del cerebro (Rumsey y Rapoport, 1983). Algunos autores han señalado que la CC durante el primer año de vida es un muy buen predictor del CI del niño en su vida futura (Botting et al., 1998; Fisch et al., 1976; Nelson y Deutschberger, 1970). La desnutrición durante el primer año de vida trae como consecuencia una disminución de la CC, reduce la tasa de división celular, la mielinización, el peso, el contenido de proteínas y ácidos nucleicos del cerebro humano; la disminución de la CC es proporcional a la reducción en el peso cerebral y, la magnitud de esta disminución es un indicador muy preciso de la severidad de la deprivación nutricional (Winick , 1975; Winick y Rosso 1969a,b). Estos hallazgos están en concordancia con nuestros resultados, ya que la CC es el único indicador antropométrico de la historia nutricional postnatal que se asocia positiva y significativamente con la desnutrición sufrida en el primer año de vida. En este sentido, existe evidencia que en niños mayores, la circunferencia craneana reflejaría mas propiamente que la estatura, las deficiencias nutricionales que han ocurrido a edad temprana, siendo su medición por lo tanto, de gran utilidad para identificar el período en que ocurrió la malnutrición temprana, en poblaciones de niños preescolares (Johnston y Lampl, 1984; Malina et al., 1975; Yarbrough et al., 1974).

Diversos autores han encontrado correlaciones positivas y significativas entre la CC y el CI (Botting et al., 1998; Fisch et al., 1976; Hack y Breslau, 1986; Hack et al., 1991; Ivanovic et al., 2000a; Johnson, 1991; Ounsted, Moar y Scott, 1988; Nelson y Deutschberger, 1970; Susanne, 1979; Van Valen, 1974; Willerman et al., 1991), lo que coincide con los resultados obtenidos en el presente estudio, en ambos sexos. Como señalamos en un estudio previo, la selectividad del sistema educacional se asocia con la CC y no con el peso ni con la talla del escolar (Ivanovic et al., 1996)., por lo que podríamos hipotetizar que los niños que tienen CC subóptima tendrían algún grado de alteración en su desarrollo cerebral, lo que se traduciría en menor CI (Ivanovic et al., 2000a). Por otro lado, se ha descrito que los factores genéticos afectarían tanto a la CC como al CI (Casto, DeFries y Fulker, 1995; Lynn y Hattori, 1990; Strauss y Dietz, 1998; Weaver y Cristian, 1980).

Se ha descrito que el tamaño del cerebro y el CI se encuentran positiva y significativamente asociados, señalándose que las diferencias en el tamaño cerebral serían importantes para explicar las diferencias en el CI (Andreasen et al, 1993; Lynn, 1993; Reiss et al, 1996; Willerman et al., 1991). No obstante, nosotros no conocemos de ningún estudio en que se haya establecido que el RE se asocia positiva y significativamente con el CI del educando y con el VE e inversamente con la desnutrición acaecida en el primer año de vida, la cual afecta a los escolares más pobres de la muestra. Estos hallazgos son coincidentes con los de otros investigadores que han encontrado que la desnutrición acaecida a edad temprana afecta el crecimiento y desarrollo del niño, especialmente en los estratos socioeconómicos bajos (Udani, 1992; Grantham-McGregor, 1995; Brown y Pollitt, 1996) asociado a retardo en el crecimiento del cerebro y su desarrollo funcional que persiste en la edad adulta. (Stoch y Smythe, 1963, 1967, 1976; Stoch et al., 1982; Hack y Breslau, 1986; Hack et al., 1991; Levitsky y Strupp, 1995).

Tal como se mencionó previamente, la desnutrición aún es el problema nutricional más importante en los países en vías de desarrollo (FAO, 1996; UNICEF, 1998). La desnutrición a edad temprana causa disturbios morfológicos y metabólicos en las estructuras del cerebro humano, en especial, de aquéllas involucradas en las funciones intelectuales (Morgane et al., 1993; Soto-Moyano et al., 1985, 1993; Winick, 1975; Winick y Rosso 1969a,b), señalándose que, en el caso de los desnutridos, éstos tienen un volumen intracranial 13.7% menor, al compararlos con aquéllos niños que no sufrieron de desnutrición (Stoch y Smythe, 1963, 1967, 1976; Stoch et al., 1982). Además, la desnutrición a edad temprana afectaría el crecimiento de las células piramidales, principalmente en lo que respecta a las dendritas basilares y el menor VE podría ser explicado por deficiencias en la mielinización y en el crecimiento de las dendritas (Cordero et al., 1993). De allí es que los efectos a largo plazo de la desnutrición se traducen en menor VE, CC, CI y RE, variables que se encuentran estrechamente interrelacionadas, en donde la pobreza exacerba todos estos factores, ya que las condiciones ambientales adversas en que los niños han vivido en su infancia, probablemente persistirán durante toda su vida. No obstante, las interrelaciones examinadas en el presente estudio no son directamente de causa-efecto, debido a que se establecen complejas interacciones entre las variables estudiadas. Por otra parte es posible que otros factores ambientales y genéticos que no fueron cuantificados en el presente estudio estén también, afectando las interrelaciones señaladas.

Los resultados del presente estudio permiten confirmar las hipótesis planteadas : 1) Independientemente del NSE, el RE se asocia directa y significativamente a la historia nutricional del escolar, a su DE, CI y al CI de sus padres y, 2) El RE, la historia nutricional, el DC, el CI del educando y el de sus padres están significativamente interrelacionados.

Este trabajo corresponde a la planificación desarrollada durante 20 años de investigación relativa al impacto de la situación alimentaria y nutricional del escolar, en la productividad del sistema educacional. Luego de este extenso período de trabajo podemos afirmar que el proceso enseñanza aprendizaje está condicionado por múltiples factores, genéticos y ambientales, dependientes del educando de su familia y del sistema educacional, los cuales establecen complejas interacciones. Es necesario señalar que ningún cambio sustantivo en la calidad de la educación, tanto de Chile, como en otros países va a lograrse, si es que no hay cambios trascendentes en todos los sectores del quehacer nacional. Estos resultados pueden ser de utilidad para la formulación de políticas nutricionales y educacionales, tanto en Chile como en países de desarrollo similar y ponen de manifiesto, que la prevención de la desnutrición en las políticas gubernamentales educando principalmente a la madre y a las futuras madres, puede tener un claro beneficio económico para aumentar la productividad y el mejoramiento de la calidad de vida de los pueblos.