19 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (132-133) I,II
Año: 1999

Conclusiones

El sistema escolar chileno ha logrado  —desde fines de los años 60—  cobertura universal, una mejor educación y mayores aprendizajes. Si bien existen problemas de acceso a información estadística consistente, la mejor calidad de la educación ha reducido la repetición y la deserción. Este proceso virtuoso puede continuar si se mejoran las variables que inciden en el aprendizaje, para asegurar altos niveles de aprendizaje para todos y, así, bajar las tasas de repetición y de deserción (temporal y definitiva).

Si bien son diversos los factores que generan repetición y deserción, éstas, a su vez, indican problemas. La repetición es un indicador de bajo aprendizaje y la deserción (temporal y definitiva) suele ser indicador de aprendizaje poco pertinente o menos atractivo que lo que ofrece el campo laboral. La mala calidad de los aprendizajes de los niños estaría relacionada con el predominio de la transferencia verbal de información a todo un grupo curso y la memorización pasiva (método frontal de enseñanza), en vez de generar procesos de construcción individual del aprendizaje. Si no se personaliza la enseñanza, bajan los niveles de lectura comprensiva y el desarrollo de las habilidades intelectuales de nivel superior y aumentan las tasas de repetición y deserción. Esto, a su vez, hace crecer la heterogeneidad de edades en la sala de clases, con lo que aumentan los problemas para que el método frontal pasivo sea efectivo.

El análisis de la situación del aprendizaje, repetición y deserción en Chile depende de la calidad de las cifras disponibles. Hay algunos problemas que deben ser resuletos. Por ejemplo, algunas tasas de mortalidad calculadas en los Compendios de Información Estadística para 1995 y 1996, son inconsistentes. Por otra parte, los datos de matrícula que se obtienen para un año dado, suelen diferir en las distintas publicaciones estadísticas, pues es usual que algunas escuelas no entreguen oportunamente la información estadística solicitada. Además se detecta una pequeña subestimación de la repetición de dos o tres puntos porcentuales. Sin embargo, las actuales tasas de repetición estimadas para el primer grado en Chile quedan por debajo del 10% y, por ser tan bajas, es posible usar las tasas declaradas por los directores de escuela. El que la repetición haya disminuido a menos del 10% puede ser consecuencia de: (i) la tendencia, desde fines de los años 60, a ingresar oportunamente al sistema educativo; (ii) estándares de aprobación razonables; (iii) la provisión de textos (de creciente calidad) a todos los alumnos y (iv) el reemplazo de una cultura de repetición por la de centrar la educación en el aprendizaje de los alumnos. En 1997, la repetición en Chile es considerablemente menor que la del promedio de América Latina y el Caribe (la tasa promedio de repetición en primer grado de la región era de 35%). Las mujeres repiten menos que los hombres (hasta 3 puntos porcentuales de diferencia). Según el área geográfica, la tasa de repetición de los primeros grados es mayor en las zonas rurales, pero la tendencia se invierte en los últimos grados de básica.

Desde 1964 a 1997, la edad mínima con que comienza el proceso sistemático de deserción se ha postergado desde los 11 años hasta los 15 años, que corresponde a la edad legal para ingresar al mercado de trabajo. Si bien nueve de cada diez niños permanece en promedio unos diez años en la escuela (sin considerar la deserción temporal), sólo un 85% de los estudiantes que comienza la educación básica completa este ciclo. En 1995 la deserción comenzó lentamente a los 14 años (2.4%) y continuó a los 15 años (9.9%) y luego a los 16 años (21.7%), edad que coincide con la graduación de la educación básica. Sin embargo, es posible que haya desertado antes hasta un 4.5% de los alumnos entre los 8 y los 13 años. Las tasas de deserción según el sexo de los niños son similares, siendo mayor para los hombres entre 16 y 17 años (hasta 4 puntos porcentuales de diferencia) y mayor para las mujeres de más de 18 años en 1996 y de 19 años en 1997. En 1995, la tasa de deserción escolar en la educación básica de la zona rural y de la zona urbana son muy similares, en la educación media, en cambio, hubo una gran deserción en la zona rural (entre 1 y 14 puntos porcentuales) que disminuyó considerablemente en 1996.

La calidad de la educación pública ha aumentado, en los últimos 8 años, de acuerdo al rendimiento de los alumnos en las pruebas SIMCE para el Grado 4 y el Grado 8. Las pruebas no están diseñadas para ser comparadas directamente, por lo que se han usado medidas relativas (los puntajes brutos de las pruebas aplicadas en los Grados 4 y 8 de los distintos establecimientos educativos del país han mejorado en los tres sectores educacionales de manera muy similar). También se observan mejoras similares en cada nivel socioeconómico y por grado de concentración urbana, es decir en el área metropolitana, ciudades provinciales y en el área rural. Para estimar las tendencias de los rendimientos de los alumnos se han usado medidas relativas que permiten afirmar que se ha reducido la brecha entre el rendimiento de los colegios públicos y los privados. Sin embargo, las escuelas particulares pagadas mantienen una importante diferencia de logro por sobre los establecimientos municipales y subvencionados, lo que ilustra la inequidad en el aprendizaje de los alumnos, aun cuando parte importante de las diferencias de puntaje se deba tanto a las diferencias en las características socioeconómicas del alumnado y sus familias, como al traspaso de los alumnos-problemas desde el sistema privado al municipal.