19 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (132-133) I,II
Año: 1999

Aprendizaje, repetición y deserción

El éxito del sistema escolar se puede observar de tres maneras interdependientes: altos niveles de aprendizaje, baja repetición y escasa deserción. Problemas en cualesquiera de estos tres elementos pueden generar un efecto en cadena (McGinn et al. 1992). Por ejemplo, si un alumno tiene dificultad para seguir la secuencia curricular, y lograr los aprendizajes mínimos en el tiempo estipulado, a fin de año la profesora lo dejará repitiendo. Seguramente al año siguiente le irá un poco mejor, pero podría volver a repetir. El repetir varias veces indica que no se aprende y baja la autoestima del alumno. Cuando éste tenga la edad mínima para encontrar trabajo, sentirá que la escuela no aporta a su desarrollo y que, en cambio, el trabajo le dará ingresos para él y para su familia. Pero el tipo de oferta de educación, a su vez, está determinada (en alguna medida) por su demanda. Es por eso que un estímulo que genere una oferta o una demanda diferentes pueden romper el círculo vicioso (Anderson 1988). Vale la pena, entonces, analizar las relaciones entre estos tres procesos y, más adelante, los factores que determinan a cada uno.

Repetición y nivel de aprendizaje

Repetición y aprendizaje están muy relacionados, pero reflejan procesos diferentes. La repetición es el resultado de una decisión o juicio del profesor expresado en una nota (que queda por debajo del nivel mínimo para ser promovido) y, usualmente, es un indicador de un aprendizaje insuficiente. Sin embargo, el que la repetición disminuya, no implica necesariamente un mejoramiento de la calidad de la educación, ya que puede ser el resultado de reducir los estándares de promoción, cuyo caso límite corresponde a la promoción automática (Schiefelbein y Wolff 1993). Por su parte, un aumento de la calidad de la educación (que se refleje en un incremento del aprendizaje) se puede traducir tanto en un aumento en los requisitos de aprobación, como en un aumento de la promoción.

El aprendizaje de los alumnos se acostumbra medir mediante una prueba con respuestas alternativas y, en el momento de medirlo, se suele abarcar tres áreas o dimensiones de la inteligencia: lógica, verbal y espacial. La decisión de promover o dejar repitiendo a los alumnos depende, en cambio, del juicio del profesor sobre el aprendizaje y la conducta del alumno en el período. La promoción, por lo tanto, no depende sólo del aspecto académico sino también de la disciplina del alumno, lo cual se podría considerar negativo. Sin embargo, en la medida que hoy se acepta la existencia de siete tipos de inteligencia (Gardner 1991), incluida la inteligencia interpersonal, se podría decir que la conducta refleja esta última dimensión y, por lo tanto, sería pertinente tomar en cuenta en la promoción esta dimensión del aprendizaje, aunque sea sólo como un aspecto de la evaluación del período y no como parte del proceso deliberado de enseñanza-aprendizaje. La relación entre medición del aprendizaje y repetición se ilustra en el Gráfico 1.

El gráfico refleja dos situaciones esperadas.

La mayoría de los alumnos alcanza un nivel de aprendizaje suficiente para ser promovido y son, efectivamente, promovidos al grado siguiente (cuadrante superior derecho).

Muchos alumnos que en una prueba objetiva no alcanzan niveles de adecuados de aprendizaje, tampoco son promovidos por sus profesores (cuadrante inferior izquierdo).

Sin embargo, existen dos situaciones paradógicas. Hay siempre unos pocos alumnos que alcanzan en la prueba puntajes suficientes para ser promovidos, pero que el profesor decidió dejar repitiendo (cuadrante inferior derecho).

En el caso inverso, hay unos pocos que en la prueba no alcanzan niveles adecuados de aprendizaje, pero son promovidos (cuadrante superior izquierdo).

Deserción, repetición y escolaridad

La deserción —el dejar de demandar, efectivamente, educación regular—  es producto de la interacción de cinco factores:  bajos niveles de aprendizaje, repetición, falta de flexibilidad curricular, problemas económicos de los alumnos y, frecuentemente, deserción temporal. Estos elementos generan un círculo vicioso que comienza cuando los padres se dan cuenta que sus hijos no aprenden mucho en la escuela, por lo que consideran más valioso que abandonen temporalmente sus estudios para hacer trabajos esporádicos y aportar ingresos a la familia. Como los métodos de enseñanza no atienden las necesidades individuales de los alumnos, una vez que estos niños vuelven a clases les cuesta ponerse al día con la materia que aprendieron sus compañeros de curso mientras ellos dejaron de asistir y, al no poder hacerlo, repiten el grado. Estos trabajos esporádicos de cosecha o de carga y descarga suelen ocurrir todos los años en las mismas fechas, por lo que los alumnos que trabajan desertan, generalmente, en el mismo período del año (McGinn et al. 1992). Dada la rigidez de la secuencia curricular, los niños que han repetido el grado aprenderán (al comenzar en año siguiente) las mismas materias que ya vieron el año anterior y cuando deserten temporalmente para trabajar, no alcanzarán a ver aquellos contenidos que dejaron de aprender en esa época del año. Al regresar a la escuela, nuevamente no se pondrán al día y repetirán de curso. Es decir, cada año repasarán los mismos contenidos, ya conocidos, hasta que ellos y sus padres consideren que no hay aprendizajes nuevos, por lo que, finalmente, desertarán definitivamente la escuela. Este círculo vicioso impide que muchos niños accedan a una educación básica completa y, por lo tanto, quedan sin las adecuadas capacidades de lectura y escritura, ni los conocimientos básicos de matemáticas.

Sin embargo no se debe confundir deserción de los primeros grados con estar matriculados pocos años en el sistema. Como se ha comentado, aquellos que desertan han permanecido varios años en la escuela, pero han repetido varias veces los primeros grados. Esto se refleja en un exceso de matrícula en los primeros grados, en relación a la población de la edad normal que corresponde a esos grados. Así, producto de un mal aprendizaje, de la deserción temporal y de la repetición, muchos niños (y padres) escogen ingresar al mercado laboral que se presenta como una opción atractiva para solucionar las necesidades familiares inmediatas.

Repetición y diversidad de las necesidades de aprendizaje

Aunque la repetición y la deserción dependen de un conjunto de diversos factores (personales, sociales, económicos, culturales, laborales y pedagógicos), un alto índice de repetición es un claro indicador de bajos niveles de calidad de la enseñanza o, al menos, de aprendizajes insuficientes. Una parte importante puede ser el resultado de ofrecer educación regular (diseñada para el alumno promedio) a alumnos con necesidades especiales. Se estima que un grupo importante de niños, cercano al 10%, tiene problemas de aprendizaje (UNESCO, 1996; Hegarty, 1990; NU, 1987, 1983). Como en Chile se ofrece educación especial al 1% de los jóvenes de 7 a 14 años, existiría cerca de un 9% de alumnos que necesitan atención especial y que asisten a escuelas regulares (que no ofrecen atención diferenciada a los que la necesitan) y, por eso, muchos de ellos repiten y, eventualmente, desertan. Para el resto de los casos la principal causa de repetición y deserción en Chile (y en América Latina) sería la calidad inadecuada de la educación. Particular incidencia tienen las metodologías inapropiadas de enseñanza (usualmente obsoletas o poco variadas) que suelen estar asociadas a una falta de material educativo adecuado (Hartwell y Vargas-Barón 1998). Podemos concluir que una parte importante de la repetición y la deserción son producto de la baja calidad del aprendizaje que obtienen los alumnos (Holt 1974). Es conveniente, entonces, analizar los factores que afectan un buen aprendizaje para obtener, así, una estrategia efectiva para minimizar ambos problemas.