22 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (132-133) I,II
Año: 1999

Introducción

El concepto de desarrollo varía según tiempos, lugares y valores dominantes y se le encuentra asociado a ideas tales como: cambio, evolución, crecimiento, innovación, modificación, mejoría, adecuación, adaptación, actualización, avance, capacidad, tecnología, ciencia, progreso y, por lo general, para un país se habla de desarrollo económico y social y se tienen indicadores para medir el nivel alcanzado.

En este siglo hemos presenciado una carrera atropellada y miope por conseguir, a toda costa, metas económicas —léase a nivel individual, colectivo, de países o de agencias trasnacionales— con atención exclusiva al propio beneficio, sin advertir o sin reflexionar en los perjuicios ocasionados a otros y, en algunos casos, sin importar que los daños tuvieran un carácter mundial. Como consecuencia surgen y se multiplican problemas diversos entre los que se encuentran aquellos daños ocasionados a la naturaleza —muchos con carácter de irreversibles— como son: la contaminación o la alteración del ciclo del agua, del suelo y del aire, la extinción de especies vegetales y animales, el agotamiento de los recursos naturales, para citar sólo algunos.

Afortunadamente, gracias a un proceso acumulativo de concientización simultánea que se da en varios países y a los efectos del daño local, regional y global sentido cada vez más cerca por un mayor número de hombres y mujeres, pareciera que un gran despertador ha  hecho sonar su alarma dando lugar a un nuevo enfoque de desarrollo al que se incorporan conceptos como el de equidad, justicia y respeto al medio ambiente, para contrarrestar los efectos de una sociedad de consumo que explota a nuestro planeta y hace que “el hombre serruche con delirante entusiasmo, la rama donde está sentado”.2

El gran salto hacia lo que se ha llamado una teoría integral del desarrollo es hacer que éste sea sustentable; es decir, que tenga fundamento, durabilidad, autenticidad,  autosostenimiento y continuidad en determinadas características. El enfoque de desarrollo sustentable o sostenible fue propuesto por la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo y discutido durante un proceso de consultas del cual surgió, en 1987, la obra  Nuestro futuro común en la cual se señala que el desarrollo sostenible  es el que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.3

Equivocadamente, algunas voces han planteado la problemática en términos de disyuntiva: se debe escoger entre sacrificar el medio ambiente para obtener el crecimiento económico y salir de la pobreza o sacrificar el crecimiento económico para salvar el medio ambiente. Es este un falso dilema porque en realidad el problema debe plantearse como el reto de crecer sin necesidad de arrasar y compete a cada generación resolver los problemas  que se le presentan —por más complejos que sean— y esta generación no sería una excepción. Basta un ejemplo para mostrar que esto es posible: si bien la producción, transformación, almacenamiento, transportación y consumo de energía es uno de los principales factores que han degradado el ambiente, al mismo tiempo la modernización de la tecnología energética se convierte en un componente integral del desarrollo sustentable para actuar sobre el ambiente,4 por ejemplo, se usa la energía con mínimo impacto ambiental para el tratamiento de aguas contaminadas.

Ahora bien, para llegar al llamado desarrollo sustentable será preciso un trabajo continuo con objetivos y metas de largo plazo. Se requiere, más allá de ordenamientos legales,  un cambio de actitud, una nueva forma de pensar y actuar,  “la existencia de una ética global que promueve interrelaciones de valores ecológicos y valores sociales en cada comunidad específica”.5

Se precisa también de un trabajo en el cual exista la concertación de voluntades, la unidad de fines, la suma de experiencias, conocimientos y recursos, y la corresponsabilidad para hacer la vida humana más digna y justa,  aprovechando de manera eficaz y eficiente los recursos que son patrimonio de toda la humanidad: la transición hacia un desarrollo sustentable requiere de un formidable cambio tecnológico apoyado por mayores y mejores cuadros académicos y de investigación, profesionales capacitados a través de enlaces institucionales que articulen el quehacer de las universidades, centros de investigación, colegios y cámaras de profesionales con las necesidades de reconversión  productiva en las actividades primarias, la industria y los servicios.6

En  México, a pesar de ser aún incipiente, en los últimos años se ha observado tanto una preocupación mayor por los problemas del ambiente como una  mayor vinculación entre las universidades y el sector productivo, tanto privado como público. Hay órganos gubernamentales que promueven proyectos de investigación y apoyan la vinculación entre los centros de investigación y desarrollo y el sector productivo —Secretaría de Educación Pública, Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, Secretaría de Salud. De igual manera, agrupaciones empresariales como el Consejo Coordinador Empresarial  son una vía de contacto entre el sector productivo, las instancias de financiamiento y apoyo, y los centros de investigación. En ambos casos, los convenios de colaboración que se promueven por estas instancias deberían incluir, cada vez con mayor frecuencia, aspectos de sustentabilidad.

La vinculación  se ha concertado, entre otras, para las siguientes modalidades:
  • Apoyo técnico y prestación de servicios.
  • Provisión de información técnica especializada.
  • Programas de capacitación.
  • Apoyo financiero a estudiantes que realizan investigación relacionada con la industria.
  • Educación continua.
  • Intercambio de personal ( estancias, períodos sabáticos ).
  • Organización conjunta de seminarios, conferencias, coloquios.
  • Participación en consejos asesores.
  • Intercambio de publicaciones.
  • Servicio social de estudiantes efectuado en las empresas.
  • Programas de contratación de recién egresados.
  • Consultoría especializada.
  • Apoyo al establecimiento de cátedras y seminarios especiales.
  • Estímulos y premios a investigadores, profesores y estudiantes.
  • Acceso a instalaciones especiales.
  • Apoyo a investigación básica.
  • Desarrollo tecnológico conjunto.
  • Transferencia de tecnología.
Estas formas de vinculación se llevan a cabo entre actores con diferentes características y prioridades difíciles de conciliar, pero no imposibles; tampoco son excluyentes, de tal manera que el modelo objeto de este trabajo y que a continuación se presenta, brinda la posibilidad de poner en práctica, simultáneamente, la mayor parte de ellas.

El modelo es eminentemente operativo de tal suerte que presenta en sus fases y en sus etapas qué hacer y cómo efectuar las acciones. Además, prevé limitaciones y  barreras  así como aquellas actividades que merecen llevarse a cabo con un cuidado especial si se quiere tener éxito en su aplicación.

En la primera parte de este trabajo se desarrolla el marco conceptual que contribuye a especificar la terminología y a definir lo que se entiende por desarrollo sustentable para los propósitos del modelo. En una segunda parte, se establecen las bases para determinar la viabilidad técnica, económica y política y la congruencia con los principios del desarrollo sustentable, elementos todos que construyen el modelo.

La vinculación se plantea, en este trabajo, como un mecanismo de concertación y, para ello, se recurre a la planeación participativa y a la planeación estratégica; la primera, con el fin de desarrollar un proceso de legitimación del modelo al tomar en cuenta a todos los actores y, la segunda, por la necesidad de prever los requerimientos de los usuarios finales potenciales, los principios del desarrollo técnológico, los aspectos de comercialización y las aplicaciones adicionales posibles del producto final. El modelo hace explícito el papel de los participantes y las interacciones que se dan entre ellos. Asimismo describe, de acuerdo con una revisión bibliográfica, los factores que tienen mayor relevancia para impulsar un proyecto de vinculación sobre la base del desarrollo sustentable.

Finalmente, se propone el mecanismo para  el seguimiento continuo que garantice el ajuste del modelo en cada caso particular que permita su adecuación a las condiciones específicas de cada proyecto.