21 de Junio de 2018
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Colección: La Educación
Número: (129-131) I,III
Año: 1998

El marco histórico de la educación y el trabajo en la Argentina

Sindicatos, migraciones y sistema educativo

Existe una conexión entre el sistema educativo y el movimiento obrero que está basada primariamente en el hecho de que son producto de una misma etapa histórica. En efecto, ambos nacieron en las últimas décadas del siglo XIX y en Argentina tuvieron como elemento humano constitutivo fundamental a las masas de inmigrantes que se incorporaban al país en ese momento.

La Argentina era un país prácticamente despoblado hacia 1870 cuando finalizó la convulsionada etapa de guerra interna que la había sacudido durante medio siglo y comenzó un aluvión de inmigrantes provenientes principalmente de Europa, que seguirá hasta 1930 aproximadamente. La mayor parte de esos europeos eran descendientes de pequeños y mediados campesinos, expulsados por el crecimiento demográfico que no podía ser absorbido por el proceso de industrialización producido en su continente. De este modo llegaron a la Argentina masas de artesanos y campesinos que en el siglo XX hubieran podido considerarse exiliados, económicos o políticos. Muchos eran, en realidad, perseguidos políticos en sus países de proveniencia, otros abrazaron en Argentina las ideas socialistas o anarquistas. Se adherían a las corrientes políticas en solidaridad con sus coterráneos más esclarecidos y también empujados por la desilusión que sentían.

En la nueva tierra, muchos alcanzaron el sueño de “hacer la América” pero muchos otros también conocieron el hacinamiento, la explotación inhumana, el desarraigo y la pérdida de las raíces culturales. La mayoría tenía el sueño de obtener tierras cultivables pero sólo lo lograron aquellos que llegaron tempranamente u organizados previamente en colonias agrícolas con apoyatura externa. La mayor parte debió permanecer en las ciudades a veces después de un frustrante intento como arrendatarios rurales y constituía ya a finales del siglo XIX la base de sustentación del movimiento obrero.

La inmigración de europeos había sido impulsada por el proceso de inserción capitalista de Argentina y formaba parte de un proyecto más amplio económico, político y cultural que se conoce como “la generación del 80”, basado en la asociación del país como proveedor de materias primas agropecuarias al imperio británico y a otros países europeos. Este proyecto incluía además algunos aspectos como:

a) la consolidación de las fronteras y la incorporación de las tierras que aún conservaban los indígenas en la Patagonia.

b) la modernización del aparato del Estado incluyendo un ambicioso plan de obras públicas sólo superado en el período peronista de 1945 - 1955.

c) la estructuración de un aparato jurídico para dar normas al funcionamiento de la sociedad en expansión.

d) la extensión de la educación para incorporar a los inmigrantes a las necesidades del país moderno. Muchos de ellos no hablaban español y una buena parte era analfabeta. La lecto- escritura, así como el dominio de las cuatro operaciones matemáticas básicas y ciertas normas de higiene indispensables para la convivencia social fueron vistas como necesarias por la elite que dirigía el país para el funcionamiento del proyecto.

El sistema escolar se estructuró institucionalmente y se extendió a casi todo el territorio, disminuyeron los índices de analfabetismo hasta colocarse en el nivel de los países centrales, se crearon universidades de prestigio y sobre todo la educación cumplió con la principal misión encomendada, es decir, dar unidad de lengua y sentido de pertenencia a una nación a los hijos de los inmigrantes.

Los dirigentes del movimiento obrero, especialmente los socialistas, también creían en la misión redentora” de la educación: la creación de bibliotecas populares, la edición de periódicos y el estímulo constante a la alfabetización caracterizaron su accionar. Para los anarquistas era la actividad del Estado más tolerable, a la que menos resistencia oponían. Aunque no estaban vinculados a sectores intelectuales de clase media como los del Partido Socialista, editaron numerosas publicaciones, lo cual implicaba la necesidad de instrucción por parte de los explotados. La corriente anarco-sindicalista (mayoritariamente constituida ya por argentinos nativos, que desconfiaban de la actividad político-partidaria pero aceptaron la negociación con el Estado como medio lícito para resolver problemas laborales y obtener legislación favorable), asumió la herencia de socialistas y anarquistas en cuanto a la educación como reivindicación para los trabajadores.

Cuando comienza el proceso de sustitución de importaciones aparece un proyecto de país de tipo industrialista produciéndose una nueva conformación social basada en la inmigración interna proveniente sobre todo del norte del país donde se había dado un proceso poblacional diferente, producto de la unión sanguínea de españoles e indígenas en la época colonial. De piel más oscura a la mayoría de la población urbana, sus integrantes eran llamados “cabecitas negras”, y traían una cultura diferentes al de los obreros de origen europeo. Incluso las tradiciones políticas del movimiento obrero, el socialismo o el anarquismo les eran ajenas a los nuevos obreros que tenían otra experiencia política y otro sentimiento de pertenencia a la nación: sus antepasados habían participados en las luchas por la independencia y en las guerras internas del siglo XIX. Por todo ello, a pesar de sus raíces milenarias en el territorio argentino se sentían en las ciudades casi como extranjeros.

Como resultado de este fenómeno social brevemente enunciado se fue conformando una inédita alianza social entre sectores de burguesía industrial incipiente, cuyos intereses diferían de la aristocracia agroexportadora, militares nacionalistas y clase obrera. Durante cierto tiempo se discutió en Argentina si la base obrera de esta coalición social —que políticamente se expresó en 1945 con el peronismo— estaba constituida por la “nueva clase obrera” exclusivamente o incluía a la antigua. Las investigaciones históricas comprobaron que en dicha coalición estaban los “cabecitas negras” pero también la mayor parte de los obreros de origen europeo entre los que se reclutaban los dirigentes obreros. El movimiento obrero fue la base de sustentación de mayor permanencia que tuvo Perón durante su trayectoria política ya que los otros integrantes de la coalición del 45 (burguesía y militares nacionalistas) la abandonaron en la siguiente década.

En el primer gobierno peronista (1946 - 55) se observa la conexión entre la educación y las necesidades de los sectores productivos, con otras características. En este período el Estado pone énfasis en dos campos: la educación básica o primaria y la educación técnica.

El primer campo tendía a beneficiar a los sectores menos favorecidos de la población, donde se reclutaba la nueva clase obrera, y se materializó en un extenso plan de construcción de escuelas, la ampliación de la cobertura de educación primaria rural y urbana y la sistematización de la alfabetización de adultos. Esto acompañaba al fortalecimiento de las “Escuelas-Fábricas” preexistentes o de las “escuelas de artes y oficios” destinadas a lo que hoy llamamos Formación Profesional.

La extensión de la educación básica a los sectores más pobres de la población con medidas complementarias para evitar la deserción escolar y la creación de escuelas de educación técnica o instituciones de formación profesional, dio respuesta tanto a la demanda popular como a la demanda empresarial que exigía cuadros técnicos y operarios especializados para el proceso de industrialización, el cual siguió durante los años 50 y 60.

Muchas de la iniciativas generadas en el gobierno peronista se concretaron oficialmente a partir de 1958 cuando, después del derrocamiento de Perón por parte de los militares, asume un nuevo gobierno electo, el de Arturo Frondizi. Durante sus cuatro años de gobierno se consolidaron instituciones educativas orientadas al campo de la educación y el trabajo, la principal de las cuales fue el Consejo Nacional de Educación Técnica (CONET) que dará un gran impulso a la educación secundaria técnica.

Las escuelas dependientes del CONET fueron concebidas originalmente como un medio para incorporar a los jóvenes de los sectores populares a la producción a partir de una buena base educativa pero con el correr del tiempo fue variando el componente social del alumnado. La educación técnica habilitaba para un trabajo concreto al final de la adolescencia y a la vez permitía la continuidad de los estudios universitarios, brindaba una educación de calidad no inferior a la del resto de la educación media y contaba con buena infraestructura escolar, por todo lo cual las familias de la clase media empezaron a valorarla como una opción interesante.

Las instituciones del sistema formal: CONET y DINEA

Las dos instituciones que históricamente han vinculado al sistema educativo con el trabajo han sido el Consejo Nacional de Educación Técnica (CONET) y la Dirección Nacional de Educación del Adulto (DINEA). Desde su creación el CONET estuvo concebido como un ámbito donde los actores sociales podían detener acceso al planeamiento y la gestión educativa. El Consejo estaba formado por un presidente y tres vocales, representantes del Ministerio de Educación, uno del Ministerio de Trabajo, dos representantes del sector empresario y dos de los trabajadores (uno de la CGT y otro representante de los maestros de educación técnica).

El CONET funcionó con ese órgano de conducción en todos los períodos de gobierno civiles desde 1959, fue intervenido durante los períodos militares y constituyó el único ámbito de la educación donde tenían voz y voto los sectores de la producción y el trabajo lo cual le dio mucho dinamismo durante el período de expansión industrial.

En las escuelas técnicas se introdujeron la práctica en empresas a través de pasantías y el sistema de alternancia especialmente el Plan Dual, inspirado en el modelo alemán, que se aplicó desde 1978. Con aciertos y errores en el CONET se aplicaron con bastante anticipación,  estrategias y métodos didácticos que hoy intentan extenderse a otras áreas del sistema educativo.

Para el movimiento obrero la posibilidad de tener una representación en el organismo de conducción del CONET fue importante pero al no contar el Consejo con sedes provinciales la participación de los actores sociales no se reprodujo en las jurisdicciones que ahora tienen a su cargo la conducción de la gestión educativa (las provincias y el municipio de la ciudad de Buenos Aires). Es así que la opinión de los trabajadores no ha llegado habitualmente a las escuelas que es donde sucede realmente la gestión educativa.

En la actualidad se acepta que, en términos generales y con el correr del tiempo, las escuelas técnicas no pudieron sustraerse al proceso de decadencia general del sistema educativo argentino y a su desajuste en relación a los cambios productivos y sociales. Una de las características de esa escasa capacidad de adaptación fue el fraccionamiento de las escuelas técnicas en una multiplicidad de especialidades que no siempre guardaban relación con los procesos tecnológicos y productivos. La ausencia de intercambio entre los distintos tipos de escuelas técnicas y el aislamiento de las mismas con respecto al resto del sistema educativo fueron otras características negativas que se hicieron más evidente y se agudizaron con el traspaso de las escuelas nacionales a los ámbitos provinciales y municipales. En ese momento los problemas fueron resaltados por quienes habían sido siempre críticos de la educación técnica y habían negado o dado por obsoletos los avances obtenidos.

La Dirección Nacional de Educación para el Adulto (DINEA) fue la segunda institución educativa que actuó en el campo de la educación y trabajo. Desarrolló su labor entre los sectores populares tanto urbanos como rurales dando continuidad a la primera línea educativa que había priorizado el proyecto industrialista.

La DINEA nació en los años 60 con una propuesta acorde a las ideas predominantes de esa década en el campo de la educación de adultos. Si bien la tasa de analfabetismo había descendido de manera llamativa en relación al Siglo XIX, aún perduraba en el país cierto grado de analfabetismo funcional unido a numerosos problemas formativos en adultos producidos por la deserción de la escuela primaria. Muchas personas que formalmente no eran analfabetas tenían sin embargo dificultades para integrarse efectivamente a una sociedad con requerimientos crecientes basados en un buen dominio del lenguaje y fluido manejo de conceptos matemáticos, así como conceptos tecnológicos básicos.

En DINEA, además de buscar el logro de esas capacidades, se buscaba alcanzar una actitud participativa del hombre y un desarrollo integral del mismo como requisito básico de la sociedad democrática que era la gran aspiración de Argentina en ese momento. De este modo la DINEA comenzó a actuar en un campo que ofrecía gran interés para el movimiento obrero, muchos de cuyos integrantes sufrían el mencionado problema de analfabetismo funcional o tenían dificultades para abrirse camino en sus trabajos por falta de un certificado de escuela primaria.

La DINEA intentó cambiar la organización curricular de la educación de adultos: los Centros de DINEA no se constituían en “grados” como en la escuela corriente, sino en ciclos organizados a partir de ejes de interés que se basaban en las necesidades de los adultos ( empleo, participación política, etc.) La DINEA y su acción eran particularmente importantes para esos hombres y mujeres que constituían la segunda ola migratoria, la de los que llegaban de las regiones mas pobres del país a las ciudades empujados por el proceso de industrialización. En la década del 60 esa migración continuaba  e incluía a personas provenientes de los países vecinos (chilenos en la Patagonia, uruguayos, paraguayos y  bolivianos en el litoral).

Gracias a los planes de DINEA muchos trabajadores obtuvieron sus certificados validados por el Ministerio de Educación de la Nación, lo cual implicó no solo una elevación de su autoestima sino también un mejoramiento objetivo de sus posibilidades laborales.

En los años 70 DINEA comenzó a abrir centros de nivel secundario (CENS) que se crearon a partir de convenios con organizaciones no gubernamentales, en especial con sindicatos los que aportaban el espacio físico mientras DINEA se hacía cargo del pago de docentes y material didáctico. Durante un tiempo la editorial de la Universidad de Buenos Aires apoyó con la edición de manuales y la transmisión de programas por radio.

En 1973, DINEA generó una campaña de educación popular, el plan CREAR que, en buena medida estaba basado en las teorías de Paulo Freire y reunía la experiencia de pedagogos argentinos en la misma línea del pensamiento.

Los sucesivos golpes militares intentaron modificar la orientación de DINEA desde su creación. Sin embargo chocaron con una característica esencial de la misma: su vinculación con las organizaciones populares. Aunque estas no tenían un lugar orgánico en la conducción la tradición institucional establecía que el centro de DINEA se diseñaba de común acuerdo con el sindicato, la mutual o cooperativa donde iba a actuar el Centro.

Esta relación se concretaba normalmente en un Convenio entre el organismo oficial la DINEA y el no gubernamental y generalmente tendía a cumplir con dos objetivos: la terminalidad del ciclo educativo, primario o secundario y la capacitación laboral.

En 1980 durante el último gobierno militar los centros primarios fueron transferidos a las provincias, reteniendo DINEA los centros secundarios. En esa década se crean los CENT, Centro de Educación Terciaria, también destinados a adultos y con programas especiales.

Con el primer gobierno democrático de la actual etapa, en 1983, se desarrolló la acción de la Comisión Nacional de Alfabetización que duró hasta 1989 durante todo el período de Raúl Alfonsín como presidente. El gobierno de Carlos Menem creó en un primer momento el Programa Federal de Educación de Adultos cuyo objetivo era el desarrollo de un sistema con mayor participación de las provincias basado en “ la organización comunitaria, el rescate cultural de las distintas regiones, y la vinculación con el trabajo productivo” según afirmaban los documentos de la época.

Sin embargo, dentro del plan de reforma educativa en marcha, no había lugar para una institución nacional como DINEA y en 1992 fue disuelta. Todos sus centros fueron transferidos a las provincias y al Municipio de la ciudad de Buenos Aires quedándose el Ministerio de Educación de la Nación solo con un programa de Educación a Distancia para Adultos.

El CONET fue intervenido en febrero de 1994 y reemplazado después de su disolución por el Instituto Nacional de Educación Técnica (INET) EN 1995.

La existencia de CONET y DINEA transcurrió en décadas difíciles para el país, signadas por los gobiernos militares, la persecución a los líderes sindicales y políticos, los enfrentamientos armados, el desmantelamiento del aparato industrial y una profunda decadencia económica que llegó a su punto máximo hacia 1990.

La formación profesional

En Argentina puede señalarse como punto de partida de la Educación destinada a trabajadores a la creación de la Escuela dependiente de la Federación de Obreros y Empleados del Ferrocarril Central Argentino en octubre de 1923, que tenia como propósito el aprendizaje de la utilización de los motores a explosión. Desde entonces los sindicatos tuvieron protagonismo en el campo de la Formación Profesional aunque generalmente desarrollaron su actividad junto al estado. La Fraternidad llegó a desarrollar un sistema de Formación Profesional cuyas características serían aplicables aún hoy por su actualidad, tales como las pasantías en empresas, el reciclaje permanente de los trabajadores, etc. (Pedro D. Weinberg, 1994).

La primera acción sistemática del Estado, realizada en común con organizaciones sociales vinculadas a la producción, fue la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional creada en 1944 que reglamentó el trabajo de menores por un lado y la “instrucción industrial” por otro estableciendo, para llevar a cabo esta última la Dirección de Aprendizaje que fue un antecedente de las posteriores instituciones de educación y trabajo.

La Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional fue una institución típica del proyecto industrialista que mostraba en su composición orgánica la coalición social que se daba en ese momento y marcaba una tendencia reclamada después por los sindicatos: la conducción tripartita (estado, empresarios, trabajadores) en la conducción de las instituciones.

La Comisión Nacional incluía al Secretario de Trabajo y Previsión (Juan Domingo Perón) que la presidía, al Director General de Industrias y a cuatro vocales, uno de los cuales era un representante de organizaciones obreras. Un año más tarde la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional pasó a ser un organismo autónomo que administraba el “fondo para el aprendizaje”, antecedente directo del Crédito Fiscal que administra el CONET. Este fondo recibía aportes del estado nacional y también el producto de un impuesto del 10/000 aplicado al total de los sueldos pagados al personal ocupado en establecimientos industriales.

Esta Comisión Nacional impulsada por Perón supervisaba los cursos de formación que se daban en las fábricas y controlaba el cumplimiento de las condiciones de trabajo de los menores de edad así como la capacitación de estos. Para lograrlo lanzó una iniciativas de tipo pedagógico entre las que se destacó la creación de “Escuelas-Fábrica” las cuales estaban caracterizadas por un régimen mixto de enseñanza y producción con una organización escolar netamente diferenciada de la del sistema formal corriente.

Sin embargo se tuvo en cuenta que a través de distintos mecanismos las escuelas-fábrica lograsen articularse con el sistema educativo para permitir que los trabajadores que así lo desearan pudiesen ingresar en él y continuar estudios superiores. Estas preocupaciones resultan hoy sumamente actuales y es interesante observar que las respuestas dadas hace más de medio siglo mostraban una gran flexibilidad curricular y atendían exactamente a mejorar las oportunidades de los sectores de menores recursos de la sociedad. Entre 1944 y 1948 estas instituciones se convirtieron en una realidad en dieciséis provincias argentinas con un volumen de 135 escuelas.

La Formación Profesional, en el sentido en que ésta es habitualmente entendida en Argentina (cursos que no forman parte de la educación formal por niveles), con una duración no mayor a dos años y destinados a la capacitación para un oficio, se comenzó a realizar en el país en el CONET. Esta institución realizó un esfuerzo interesante creando Centros en todas las provincias con una programa que incluía acciones entre personas internadas en cárceles, jóvenes con bajo nivel de instrucción en los regimientos etc.

A mediados de los ´80, empezaron a plantearse políticas a la utilidad o pertinencia de estos cursos así como a la metodología de formación de los instructores de Formación Profesional, que también hacia el CONET a través de un departamento especial. La comparación con la actividad del SENAI de Brasil y sus imponentes resultados para la época ponían en descubierto la excesiva rigidez y “escolarización” del sistema de Formación Profesional del CONET.

A partir de 1990 se produjeron dos hechos significativos: la transferencia de los servicios educativos a las provincias y al municipio de la Capital Federal, con lo cual el CONET también transfirió sus escuelas nacionales técnicas y la creación, en 1992 de la Subsecretaría de Formación Profesional en el Ministerio de Trabajo y Acción Social de la Nación como producto de la Ley de Empleo y con fondos provenientes del CONET. Se trasladaron directivos especialistas de este organismo a la nueva Subsecretaría la que debía recibir también parte del Crédito Fiscal, es decir de los fondos provenientes de la desgravación de impuestos nacionales por parte de empresas que hasta entonces había administrado el CONET.

Si se sigue la opinión predominante en los sindicatos puede verse que la Subsecretaría de Formación Profesional del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, amplió bastante la acción de capacitación en sus primeros tiempos a partir de la firma de convenios con empresas, gremios y otras organizaciones no gubernamentales. Sin embargo los cambios de Ministros, Secretarios, Subsecretarios y Directores que ha sufrido el área en tres años no han colaborado para que se vea una política coherente de Formación Profesional en el país. Otro problema ha sido que la Formación Profesional no ha sido concentrada institucionalmente sino que, además del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social con su Subsecretaría específica, los Ministerios de Educación Provinciales, conservaron los Centros de Formación Profesional que tenía el CONET y la acción no fue concertada por un plan nacional o por planes regionales. El Ministerio de Economía, también viene realizando acciones de Formación Profesional en los últimos años, destinados a trabajadores jóvenes, con bajo nivel socio-educativo.

La opinión de la mayoría de los sindicalistas argentinos en relación a la educación técnica es bastante positiva ya que consideran que aportó oportunidades educativas a los sectores menos favorecidos de la educación. También sostienen que los Centros de Educación de Adultos de DINEA posibilitaron la relación del sistema educativo con los sindicatos y fueron muy bien aceptados por sus afiliados. Los docentes vinculados con instituciones educativas del movimiento obrero han señalado como hecho importante la flexibilidad curricular que comparativamente tenían los centros secundarios y terciarios, creados bajo el sistema especial para adultos que permitía incorporar algo de la experiencia laboral y sindical de los asistentes a los cursos. 

Según la Asociación de Maestros de Educación Técnica (AMET), buena parte de los dirigentes gremiales menores de cincuenta años está constituida por egresados de Escuelas Técnicas. Ese es el caso del actual Secretario General de la C.G.T. y de la Unión Obrera de la Construcción, Gerardo Martínez, así con el de Naldo Brunelli, anterior secretario de la C.G.T., diputado y Secretario de Cultura y Capacitación de la Unión Obrera Metalúrgica. En las entrevistas realizadas para el presente trabajo también la proporción de ex-alumnos de Enseñanza Técnica es alta tanto entre los cuadros medios como de conducción de los sindicatos. Aún mayor es la cantidad de hijos de adolescentes de gremialistas que están hoy en las Escuelas Técnicas. En general estas son consideradas como las que mas se aproximan al tipo de conducción que proporciona tanto conocimientos como práctica indispensable para entrar al mundo del trabajo.

Sin embargo la opinión de los sindicalistas no es tan elogiosa cuando se trata de evaluar los últimos años de actuación del CONET tanto en su acción de Educación Técnica como de Formación Profesional. Un cuestionamiento frecuente es que desarrolló una suerte de “enciclopedismo técnico” consistente en una acumulación de conocimientos muchas veces desactualizados. Otra falla señalada es que llegó a formarse una burocracia escolar que se retroalimentaba generando a menudo prácticas educativas más vinculadas a sus propias necesidades (obtener mayor número de horas cátedra, inventar trayectorias de especialización “a medida” de los profesores etc.) que con requerimientos provenientes del mundo productivo. Este último cuestionamiento es habitual también entre técnicos vinculados al tema y aparece tanto en trabajos de investigación como en documentos oficiales.

Es importante señalar las diferencias que existen entre las críticas que se hacen desde el movimiento obrero y las que provienen del ámbito público. Aunque en ambos casos se cuestione a la burocracia escolar, la brecha entre la enseñanza y el mercado laboral, la desactualización de conocimientos o la distancia entre teoría y práctica, el movimiento obrero señala esos cuestionamientos desde la valoración positiva del rol que CONET y DINEA tuvieron en el pasado. También es innegable para este que debe existir tanto una línea de educación de adultos firmemente desarrollada desde el Estado, como una línea de Educación Media Técnica o Tecnológica destinada a jóvenes con las debidas modificaciones al antiguo sistema de Educación Técnica pero atendiendo a las experiencias valorables. El aparente menosprecio o la falta de una evaluación sistemática de las experiencias realizadas en el campo de la Educación Técnica y de Adultos por parte de las actuales autoridades educativas es una preocupación habitual entre los dirigentes o gremialiastas que se ocupan de esta temática.

Los Sindicatos de obreros o empleados consultados, a menudo expresaron su preocupación por la posible pérdida de un espacio de participación para ellos en la construcción educativa, espacio que en el pasado estaba reconocido “en los papeles” y a veces en la práctica mientras existían DINEA y CONET. Al disolverse estos dos organismos nacionales y transferirse sus centros y escuelas las jurisdicciones de gestión que los han recibidos, no han establecido ámbitos de participación de los sindicatos.

La Ley Federal de Educación establece la existencia de un Consejo Económico Social, de carácter consultivo, integrado por representantes de organizaciones gremiales, empresarias, de la producción y los servicios, la C.G.T. y el Consejo Interuniversitario Nacional. No se especifica el número ni la proporción de miembros y se señala claramente que la función del Consejo Económico Social es servir exclusivamente de apoyo al ámbito de coordinación y concertación del Sistema Nacional de Educación, el Consejo Federal de Cultura y Educación, presidido por el Ministro nacional e integrado por un responsable de cada jurisdicción educativa.

El carácter meramente consultivo de un órgano tan amplio no parece significar una garantía de real participación para los sindicalistas. Si bien también existen, en el ámbito del Ministerio nacional la Subsecretaría de Relaciones Intersectoriales, la cual se encarga de realizar acciones conjuntas con la C.G.T. y se ha creado el Consejo de Educación y Trabajo como acompañamiento del Instituto Nacional de Educación Tecnológica la actitud generalizada es de preocupación e incluso de escepticismo. “Ser asesor no es lo mismo que tener voz y voto” suele ser una frase común entre los dirigentes consultados. Si bien esta capacidad de decisión solo estaba otorgada formalmente en el antiguo CONET y en la práctica esto no se aplicó a menudo, la existencia del derecho que permitía el reclamo de participación parece ser muy estimada, ahora que se ha perdido. Para algunos sindicatos la participación con poder decisorio implicó verdaderamente ejecuciones concretas de mucho interés como los Institutos Terciarios del gremio telefónico y del mercantil, los cursos de enfermería de Sanidad y muchas otras actividades que se mencionarán mas adelante.

En el Ministerio de Trabajo donde existe desde 1992 el área de Formación Profesional y en el de Economía, la participación de los sindicatos no está normada, obedece a las circunstancias políticas, a la tensión o distensión de la relación entre gremios y gobierno y a la buena o mala disposición de los funcionarios intermedios. El resultado es que en los sindicatos, aún en aquellos que tienen una postura mas a fin al oficialismo, se acrecienta la convicción de que se está perdiendo terreno en el campo educativo, tanto en lo que se refiere a oportunidades de participación, como en el de modificaciones realmente favorables a los sectores populares en el nivel curricular. Las Organizaciones no Gubernamentales que no son sindicatos profesionales, prácticamente carecen de instancias participativas y los gremios que se han separado de la C.G.T. constituyendo otras centrales, manifiestan su total oposición a la política educativa. Entre ellos se encuentran los principales agrupamientos de maestros y profesores a nivel nacional y provincial.

La actividad actual de los sindicatos

Las organizaciones sindicales fueron, como se dijo anteriormente, las iniciadoras de la Formación Profesional en Argentina, estimularon la inserción escolar de sus miembros, los cuales también eran generalmente parte de las asociaciones de padres que cooperan con las escuelas del país y generaron ideas para la creación de Terciarios vinculados a sus sectores de actividad.

No obstante esta participación activa los sindicatos siempre consideraron que el Estado debía ser el principal proveedor de servicios educativos y el rector incuestionado de contenidos y métodos. Este bagaje conceptual que implica participación activa del sindicato en un esquema en que el Estado planifica, coordina y tiene la principal responsabilidad, es producto de la historia ya descrita donde el papel de la educación integró a la amalgama poblacional en una primera etapa y fue fuente de resolución de las demandas formativas de empresarios y trabajadores en la época industrial.

A partir de esta conceptualidad hay que entender la acción educativa de los sindicatos en la actualidad y señalar algunos puntos fundamentales.El primero de ellos es que aún no es posible cuantificar esta acción, es decir saber el número exacto de instituciones de nivel primario, secundario o terciario que hay en los sindicatos y, menos aún, la cantidad de cursos de Formación Profesional que se llevan a cabo en sede sindical. Existe un grupo de investigación que tiene a su cargo ese relevamiento en el marco del convenio entre el Ministerio de Cultura y Educación y la C.G.T., que está realizando un excelente y difícil trabajo ubicando a cada uno de los emprendimientos educativos dispersos en el país y analizando sus características.

La diversidad y dispersión de las actividades educativas sindicales es el segundo punto que hay que señalar y es característica esencial de las mismas. Aunque buena parte de esas actividades está concentrada en la ciudad de Buenos Aires y su conourbano, existen escuelas dependiendo de los sindicatos en todo el país. El equipo de investigación mencionado ha relevado hasta diciembre de 1995 la acción realizada en sindicatos de primero y segundo grado, con un total de casi 3.500.000 afiliados. Si se calcula el número de sindicalizados en la Argentina en 5.000.000, todavía falta una ardua tarea. En realidad la investigación ha llegado casi a la totalidad de los sindicatos confederados en la C.G.T.(115) que son las Federaciones Nacionales y las Uniones o Asociaciones Nacionales. En Argentina legalmente coexisten los dos tipos de agrupamientos: uno con carácter más federal, donde los sindicatos locales tienen mayor autonomía y otro más centralizado —la Unión o Asociación— donde las “filiales” o “seccionales” tienen diferentes formas de dependencia de la organización central.

En la investigación mencionada fueron relevados todos los sindicatos de más de 100.000 afiliados entre los que se encuentran los empleados de comercio, los obreros de la construcción, de la sanidad, alimentación, bancarios e incluso la principal organización docente —CTERA— que formalmente sigue perteneciento a la C.G.T aunque en la práctica ha constituido con un sector de los empleados estatales y otros gremios, la Confederación de Trabajadores Argentinos (C.T.A ) que se caracteriza por un discurso mucho más combativo que el de la C.G.T.

El relevamiento también incluyó a la totalidad de las organizaciones de nivel nacional de entre 50 y 100.000 afiliados en las que se encuentran los obreros de las plantas automotrices, la de los transportes y de la energía. Los investigadores realizaron una primera onda de relevamiento en algunas de las principales ciudades del interior del país, reuniendo información de un total de 176 sindicatos con acciones educativas.

Los sindicatos del sector servicios, comercio y gastronomía son los que desarrollan mayor actividad educativa. Poco mas de la mitad de la educación de nivel formal la constituyen los centros de educación secundaria o media  y un 30% los institutos terciarios. Entre las modalidades de nivel secundario predominan las de Administración de Empresas y Administración Pública títulos de Peritos Comerciales, aunque también existen modalidades vinculadas a Técnicas Bancarias e Impositivas, Enfermería, Relaciones Laborales e Higiene, Comunicación Social, Electromecánica y Seguros.

Las modalidades de los Centros de Nivel Terciario, siguen la línea de modalidades de nivel secundario, agregándose terminal en Telecomunicaciones, Comercio Internacional y Aduanas. Los sindicatos que actúan en el Nivel Terciario de Educación son casi sin excepción los que están también en el Nivel Terciario de la Economía, (por ejemplo Comercio, Bancos y Comunicaciones).

En cuanto a la oferta de Formación Profesional, esta ha crecido enormemente a partir de las líneas lanzadas desde el Ministerio de Trabajo y del de Economía tal como se ha dicho ya, siendo preponderante los cursos de capacitación específica, es decir los vinculados con la actividad económica en la que se enrola el sindicato. En segundo lugar están los cursos de informática que se dan en la mayor parte de los sindicatos aún en los de actividad industrial. La explicación del gran desarrollo de estos cursos de computación es que compensan la falta de inclusión de la Informática en la curricula de las actividades formales en décadas anteriores, complementando la formación de los adultos, afiliados o no a los sindicatos ya que la mayor parte son abiertos a la comunidad.

La demanda educativa de los sindicatos se ubica también en los niveles Medio y Terciario básicamente buscando ampliar y “verticalizar” sus sistemas de educación con centros Secundarios y Terciarios en una misma línea (por ejemplo Técnica Bancaria como modalidad Secundaria y como Terciaria). En algunos casos los Cursos de Formación Profesional reciben a jóvenes profesionales que los realizan para adquirir la práctica que la Universidad no les da. Ese es el caso de ingenieros que concurren a la Unión Obrera de la Construcción para cumplimentar cursos basados en la experiencia manual . Esto permitiría pensar en que los Centros Educativos Sindicales pueden inaugurar en muchos casos un nivel de posgrado universitarios.

La existencia de aproximadamente 100 terciarios con nivel de Técnicos Superiores indican que el sindicalismo es el sector social que mayor inversión hace en este nivel educativo, muy por encima de la oferta de origen empresarial. La mayor parte de los Terciarios se lleva a cabo en convenio con instituciones del Estado: Universidades y el CONET que ahora es conflictivamente reemplazado por las jurisdicciones de gestión educativa. La descentralización ha producido frecuente problemas para las organizaciones de trabajadores: uno de los mas activos gremios de Buenos Aires, tiene un Terciario que es de gran importancia por la originalidad de su planteo, fue planificado y realizado con certificación del CONET desde 1990, ahora debe pasar a la esfera de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, pero hasta diciembre de 1995 no se había hallado la Resolución que aprueba la creación del Terciario por parte del CONET. Las autoridades del instituto gremial tienen copia del convenio de 1990 así como una resolución autorizando el pago de sueldos docentes la cual se efectuó normalmente hasta la fecha. Los archivos del CONET parecen haber sido repartidos en distintas dependencias, la resolución de creación del terciario no aparece y es exigida por las autoridades municipales para darle continuidad al Terciario. Si no se encuentra, la estabilidad del Centro educativo es dudosa. Este ejemplo ilustra la sensación de temor que embarga a los sindicalistas ocupados de cuestiones educativas.

A menudo los sindicalistas sienten que sus actividades son vistas como meros intentos corporativos sin valor pedagógico, cuando en la práctica se trata de ámbitos con mucho mas dinamismo y actualización que la mayoría de las instituciones equivalentes exclusivamente gestionadas por funcionarios públicos o privados de educación.

La tendencia a la flexibilidad curricular es otro de los puntos interesantes que caracterizan a los centros educativos sindicales aun en el campo de la Educación Formal. Aunque los directivos y docentes no provengan del mundo laboral, la presencia de la organización gremial se hace sentir de diversas maneras y, en general, ayuda a vivificar la práctica institucional. Una de las capacidades que saltan a la vista, por muchos vista como una debilidad, es que si bien los sindicatos han demostrado ser buenos gestores y administradores de administración, en general siguen dependiendo de la iniciativa externa. La mayor parte de las actividades conocidas provienen de las propuestas que en su momento hicieron DINEA, CONET y los Ministerios de Trabajo y Economía. Los gremios se han adaptado a esas propuestas sin generar formas alternativas propias, salvo contadas excepciones. Para muchos sindicalistas esto debe seguir siendo así porque es el Estado quien debe dar los lineamientos, responsabilizarse de la gestión y certificar siendo los sindicatos socios que dan insumos de información, infraestructura y eventualmente aporte de experiencias prácticas. Para otros sindicalistas las universidades y grupos de asesores privados pueden ser la base de generación de ideas para sus instituciones educativas. De hecho, en los últimos años, se han dado varias asociaciones de ese tipo con instituciones universitarias del interior del país, grupos de investigadores dependientes del CONICET o expertos contratados por los propios gremios.

La extensión cultural es una actividad importante en casi todos los gremios que generalmente está vinculada al área educativa. Cursos de Idiomas, Danzas, Yoga y Teatro suelen ser los ejes de esa extensión que normalmente incluye a la familia de los afiliados.

En zonas de frontera o en sindicatos de actividad semirural, como los obreros de surco de la Industria Azucarera, aparece también la necesidad de escolaridad primaria para menores de quince años. Esa demanda se ve acrecentada por el ingreso de mano de obra, proveniente de países limítrofes. El nivel de instrucción menor a cuatro años de escolaridad en trabajadores adultos, es frecuente en este caso y conlleva, además, un desmejoramiento de los salarios y de las condiciones laborales en general.

Los sindicatos hoy han encontrado un tope en el crecimiento de sus actividades formales de educación promovidas por el Estado y es difícil predecir por cuanto tiempo podrán seguir sosteniéndolas. En cuanto a la Formación Profesional han demostrado alta capacidad de respuesta a la oferta desde el Estado pero no se sienten satisfechos hasta el presente, por la inestabilidad de los proyectos que nacen y mueren al vaivén de los cambios políticos .

Hoy no se puede pensar la Formación Profesional como el desarrollo de destrezas o conocimientos tecnológicos a través de procesos formativos solamente, sino que la Formación Profesional debe integrarse con componentes de legislación laboral, política de remuneraciones y de empleo y otros aspectos que dan una formación más útil y completa (Weinberg 1995).

Una idea que empieza a discutirse en ciertos círculos sería que la Formación Profesional sea ofrecida en “paquetes” de dos o más cursos como mínimo que habiliten para reciclajes periódicos, incluyendo a los trabajadores en un tipo de “educación permanente” de tipo no formal.

Sólo un Sistema de Formación Profesional bien estructurado podría ser aceptado como alternativa para las necesidades de los sindicatos. El tiempo dirá cual es la capacidad de los gremios para concretar la implementación de un sistema de esas características.