23 de Julio de 2018
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Colección: La Educación
Número: (129-131) I,III
Año: 1998

Reflexiones finales

Excede las posibilidades del presente trabajo extraer conclusiones de esta breve revisión de una temática tan profunda como es la de la reforma educativa en relación a los sectores populares, sobre todo teniendo en cuenta el corto tiempo transcurrido desde el inicio de la misma.

Se ha intentado aquí hacer un paneo por la historia de la vinculación entre el Sistema Educativo y el Movimiento Obrero Argentino, un análisis del marco que rodeó a la actual transformación, así como de las instituciones que buscaron materializar ese vínculo. La idea de que el sistema es una construcción histórica, producto de una sociedad y una época determinadas, que una reforma no es un trabajo de técnicos ni el mero resultado de acuerdos políticos, es un eje básico de este trabajo.

También subyace aquí el concepto de que los sectores populares están perdiendo espacio en esta transformación económica, social y pedagógica y que las organizaciones que tradicionalmente los representaron, los sindicatos en primer término, están en retroceso.

No se ha buscado dar una imagen de objetividad total, porque como se dice en uno de los capítulos, todo observador se ubica en un punto y el mismo es en este trabajo la posición de defensa de las organizaciones populares, con todas sus cargas de errores y falencias.

Desde esta perspectiva se han analizado los aspectos principales de la reforma educativa, los Contenidos Básicos Comunes y el Sistema de Nacional de Evaluación, teniendo en cuenta especialmente la opinión de los gremios de maestros y profesores. Estos sindicatos tienen en general un discurso mas radicalizado que el de sus compañeros de los sindicatos de obreros y empleados, lo cual a veces produce desconfianza en estos últimos, al suponerse una probable utilización política de la información educativa.

Sin embargo se observa una llamativa coincidencia en cuestiones fundamentales entre las diversas agrupaciones sindicales de Argentina. Los sindicalistas moderados de la C.G.T., en el acordado anonimato de las entrevistas, dejan expreso el mismo escepticismo acerca de la Reforma Educativa que declaran los combativos dirigentes de los gremios docentes integrantes del C.T.A.

La desaparición del área nacional de Educación de Adultos, así como la pérdida de protagonismo del Movimiento Obrero en el I.N.E.T., institución que reemplazó al antiguo CONET son para ello prueba de que la participación que ahora se les plantea es puramente formal. Se muestran preocupados fundamentalmente por la segmentación educativa que está reproduciendo la segmentación social.

Los sindicalistas de diferentes posturas políticas frente al gobierno, expresan con bastante grado de acuerdo el temor a que “las políticas compensatorias” planteadas desde el Ministerio Nacional de Educación solo encubran el establecimiento de “circuito de educación para pobres” claramente diferenciado del circuito educativo de la clase media y alta.

La clase media argentina, muy importante históricamente por su volumen y poder cultural, ha vivido una segmentación interna que lleva al crecimiento de un sector en los niveles de consumo que los acerca a los sectores altos de la sociedad  mientras el resto de la clase media se ha proletarizado, en especial en aquellos sectores vinculados al Estado. Simultáneamente los obreros y empleados del Sector Privado, se han visto beneficiado por la estabilidad económica, aunque han disminuido numéricamente en la actividad industrial.

La C.G.T., que es la central más grande de la Argentina, agrupa a los principales sindicatos de servicios y de industria lo cuales de hecho constituyen una suerte de clase media cuyos intereses son verdaderamente diferentes a los de los sectores excluidos tanto en el campo laboral como educativo. Sin embargo, sin vivir la desesperante situación de quienes habitan los bolsones urbanos-marginales o los que se encuentran en subdesarrolladas regiones alejadas del centro del poder, los obreros y empleados sindicalizados encuentran precarias sus ventajas comparativas. Sus hijos, sino reciben educación de calidad, pueden pasar a la legión de excluidos en el futuro cercano.

En este punto aparece el tema de la calidad educativa, que como otros términos muy usados en estos tiempos tienen significados diferentes según sean usados por técnicos, funcionarios a cargo de la reforma o miembros de organizaciones no gubernamentales. Para estos últimos, una educación de calidad es la que brinde la posibilidad de igualdad de oportunidades a los hijos de los sectores populares tal como en alto grado, se alcanzó en Argentina en el pasado, gracias a la educación.

Los sindicatos se muestran preocupados por el agravamiento de la desocupación, con su secuela de pobreza y marginalidad social. “De cada dos hijos de un obrero actual, solo uno tiene posibilidad de conservar lo que el padre tiene, el otro puede fácilmente volverse un marginal”7.

En el discurso sindical aparecen dos preocupaciones muy claras en relación a la Reforma Educativa. La primera es que los jóvenes de los sectores populares pasarán a tener seis años de Educación Básica en vez de siete, aunque la Ley Federal la haya extendido hasta el noveno grado. Esto se basa en la creencia de que por las circunstancias económicas y la desorganización pedagógica los chicos pobres no harán el tercer ciclo de la E.G.B. Algunos técnicos sostienen, sin ambages, que bastará con el segundo ciclo más un curso de aprendizaje de un oficio para insertarse mayoritariamente en el mercado laboral. La segunda preocupación sindical radica en que todo el esfuerzo realizado para desarrollar un sistema de centros secundarios o de educación media para adultos se volverá vano con la conformación de los niveles educativos que establece la nueva Ley.8

Muchos sostienen que la improvisación caracteriza a la Reforma o mas bien que la expresión de deseos reemplaza a las realizaciones. “Estamos destrozando el único vestido que teníamos, viejo pero que aún cubría, a cambio del molde en papel de un nuevo vestido”, dice una sindicalista de los obreros gráficos.

El menosprecio por las construcciones históricas, el ansia de renovar por la renovación misma que trasuntan algunas publicaciones oficiales, también atemoriza a los dirigentes más avezados que valorizan mucho a los procesos históricos, ven a la educación como resultado de acciones y decisiones colectivas y desearían una participación real en el debate pedagógico. “Lo peor es que las autoridades no saben que no saben a donde van”... “Ya no hay mas debate histórico porque la historia tiene que dejar de tener importancia”... “El conocimiento tiene historia y eso no se ve en los C.B.C.”... Son algunas frases recogidas en los últimos meses.

La preocupación por la falta de inclusión de los sectores populares en los niveles de decisión educativos es la principal causa común que tienen los sindicalistas argentinos con los brasileños aunque la problemática en sus países sea muy diferente.

En Brasil lo más acuciante es el alto número de personas con menos de cuatro años de instrucción entre los que se incluyen millones de analfabetos totales. En Argentina el reclamo por escuela primaria para jóvenes se da en zonas de frontera, por el ingreso de mano de obra proveniente de países limítrofes y algunos bolsones urbanos donde la deserción escolar es seria. En la mayoría de la población sindicalizada, la preocupación principal es tratar de no perder lo que ya se obtuvo y presionar para que el Estado Nacional no transfiera su responsabilidad sobre el tema de la equidad en la misma forma en que transfirió sus escuelas.

Los sindicatos brasileños aspiran a formar parte de la conducción de su importante sistema de Formación Profesional hoy administrada por los empresarios. Y los argentinos a que se construya con su intervención activa un Sistema de Formación Profesional con estabilidad y volumen suficiente. La mayor parte rechaza el “Proyecto Joven”, versión ampliada del “Chile Joven”, aunque unos cuantos sindicatos lo utilizan “hasta que haya otra cosa mejor”.

Otro punto de coincidencia entre muchos sindicalistas argentinos y brasileños es la desconfianza por algunos conceptos pedagógicos que ellos asocian a los conceptos sobre nuevos métodos de producción vinculados a las nuevas tecnologías y a un nuevo paradigma educativo caracterizado por la “polivalencia”. Para empezar la mayor parte cree que los principios tayloristas y fordistas no son reemplazados por la automatización flexible sino que coexisten con ella. De tal modo que la adquisición de conocimientos amplios que vuelvan al hombre apto para el dominio de procesos de producción de gestión cada vez mas sofisticados y complejos sería solo la realidad de un pequeño número de trabajadores privilegiados. A la mayor parte de sus compañeros, que ingresan al mercado de trabajo o tratan de reinsertarse en él, los esperan tareas de baja calificación, repetitivas, con escasa o nula creatividad.

A pesar de las diferencias ideológicas y de procedimientos de la C.U.T. de Brasil y la C.G.T. de Argentina (las centrales más grandes en sus respectivos países). Ambas han producido documentos externos en los que se habla de la segmentación social reflejada cada vez mas en el sistema educativo.

Las autoridades, las entidades empresarias y la mayor parte de los expertos afirman la necesidad de una nueva cualificación, mayor escolaridad y formación general de los trabajadores pero la realidad expresa otros parámetros: a la disminución, en términos porcentuales,  del salario se suma alta rotatividad de la mano de obra y baja inversión empresarial en materia de desarrollo de recursos humanos.

En Argentina, los préstamos de bancos internacionales han permitido invertir en algunos proyectos de Formación Profesional destinados a sectores de baja escolaridad, estrategia que no fortalece a las instituciones que tradicionalmente la brindaron sino que diseminan fondos en variadas entidades de capacitación. El sistema de Formación Profesional no existe como tal sino que hay  proyectos inestables en diversas áreas del Estado.

La inversión en las líneas de educación popular, de adultos y técnica del sistema formal, ahora manejado por las jurisdicciones provinciales o municipales ha disminuido según la impresión generalizada entre los dirigentes de sectores populares. Al desprenderse el Estado Nacional de las instituciones que atendían estas líneas dicha impresión se acentúa y no se han diseñado aun estrategias que den respuesta a las inquietudes de las áreas afectadas.

El movimiento obrero había estructurado su participación a partir de un rol “socio” del Estado, principal responsable de la Educación. Recién parece advertir los resultados del proceso de descentralización ante la inminente aplicación de la Ley Federal y resulta difícil predecir cual será su respuesta colectiva, si es que esta se produce.

Una de las claves de la acción futura de los sectores populares será la capacidad de acercamiento entre los todavía fuertes sindicatos de la industria y los servicios con los sindicatos docentes y el resto de las ONGs populares. En el discurso las posiciones parecen haberse acercado un poco en el último año pero la historia reciente incluye una cuota muy alta de enfrentamientos y recelos mutuos.

Otras de las claves para dirimir las próximas etapas será la capacidad que demuestren las autoridades educativas para acercarse a las organizaciones populares, definir una participación efectiva, realizar investigaciones cualitativas que incluyan a poblaciones específicas especialmente afectadas por las transformaciones económicas y tecnólogicas de la última década, así como rectificar algunos rumbos en temáticas conflictivas como el sistema de evaluación.

Los sindicatos son, como ya se ha dicho, las organizaciones más importantes. Muchos discuten hoy su futuro, su posibilidades de sobrevivir, algunos llegan a suponer que fueron un fenómeno que nació con el capitalismo industrial y morirá con él. Las transformaciones que viven internamente, especialmente la existencia de sindicatos de servicios cada vez más grandes y con fuerza suficiente para presionar y obtener resultados, no aseguran la razón de estas opiniones. Pero la sobrevivencia de los sindicatos depende en buena medida de la capacidad de las respuestas correctas a los desafíos actuales entre lo cuales figura, en primer término, la formación de los trabajadores.