15 de Julio de 2018
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Colección: La Educación
Número: (129-131) I,III
Año: 1998

Brasil y Argentina: La actual situación de los sindicatos en relación a estos temas

Las características de la población en Argentina y Brasil presentan marcadas diferencias socioeducativas que están vinculadas a variables demográficas en principio, tales como el porcentaje de población urbana y rural, la estructura por edad y la esperanza de vida. En Argentina casi el 90% de la población vive en áreas urbanas, hay muchos menos niños y adolescentes que en Brasil en términos totales y porcentuales: se trata de una población relativamente envejecida, con una esperanza de vida cercana, en promedio a la de los países europeos.

Los datos demográficos se suman a una historia institucional y política también muy diferente. Brasil era un imperio centralizado hacia aproximadamente un siglo, cuando Argentina se organizaba alrededor del proyecto modernizador de la generación del 80, en una república con un fuerte gobierno centralizado aunque nominativamente federal. El federalismo real en Brasil produjo una diversidad social e institucional mucho mas grande.

Argentina no tuvo economía de plantaciones, por lo cual no se produjo una fuerte llegada de personas de origen africano, para trabajar como  mano de obra esclava, durante el período colonial. Tampoco tenía una población indígena importante, con lo cual la fuerte presencia de los inmigrantes blancos produjo una heterogeneidad étnica mucho menor a la de Brasil en el siglo XX.

La desaparición de la economía de plantaciones en Brasil, dio como resultado el surgimiento de una masa de personas, sin trabajo y sin acceso a la educación, ya desde fines del siglo pasado y que ha crecido constantemente. En Argentina, en cambio, el fenómeno de población marginada es reciente.

El atraso educacional de los sectores populares en Brasil atravesó períodos democráticos y autoritarios, de políticas keynesianas o neoliberales —de crecimiento o de crisis económica— es decir, es estructural. La marcha de los avances educativos no logró compensar la evolución negativa de los números demográficos.

A lo largo de las últimas décadas ha habido permanentemente en Brasil unos treinta millones de analfabetos. En 1960 de cada 100 niños que iniciaba el “primer grado” equivalente a la primaria de Argentina, lo concluían el 2,4% de ellos. El “segundo grado” —secundaria en Argentina— lo terminaban el 2,4% de alumnos y a la educación superior el 0,4%. En 1980 concluía primer grado 12,7% del alumnado, segundo grado 8,1% y superior 3,4%. La situación es similar en la presente década. Los porcentuales son mucho mejores pero la masa de excluidos no ha disminuido sino aumentado.

En Argentina los niveles de instrucción de la población son más altos según los datos de 1990 relevado por María Antonia Gallart (1992).

 
Argentina
Brasil
Sin instrucción
7,1
32,9
Primaria incompleta
33.4
50.1
Primaria completa
33.0
4.9
Secundaria
20.4
6.9
Post-secundaria
6.1
5.0
Tasas de matrícula
Educación básica
5.6
26.5
Secundaria
32.6
14.4
Superior
41.7
42.3


El problema del analfabetismo es el mayor de Brasil donde el promedio general hacia 1990, era del 25% en población mayor de 14 años. En el nordeste el porcentaje sube unos 7 puntos. En cuanto a Argentina el porcentaje de analfabetos se ubica entre el 6 ó 7 % con tendencia a crecer en determinados puntos del país.

El problema de la deserción durante la primaria —o primer grado de Brasil— alcanza el 50% en el socio mayor del Mercosur, lo cual sumando al porcentual de analfabetos nos da un casi 75% de la población total. En Argentina la suma es menor: sumados analfabetos y personas con primaria incompleta no se llega al 40%, pero es un porcentaje todavía alto para su tradición educativa.

Las cifras adquieren mayor dramatismo cuando se habla en términos de números de personas: los analfabetos de mas de quince años en Brasil, siempre hacia 1990, eran más de 19 millones, en Argentina casi 1 millón.5

Si se mira la composición de la PEA en términos educativos, el cuadro también es alarmante. En Brasil 20.6 millones de personas tenían menos de un año de estudio, 26.1 millones tenían entre uno y tres años de estudios, y 38.5 estaban en el grupo que hizo entre cuatro y siete años de escuela.

La mayor proporción de jóvenes de Brasil tiene consecuencia tanto en el aparato productivo como en el educativo. La primera de ellas es una fuerte demanda de educación básica. En Argentina, como vimos la cobertura más amplia, aunque con bolsones de repitencia y de deserción escolar creciente.

El porcentaje de niños y jóvenes que trabajan mientras cursan la educación básica es muy alto en Brasil, el 66.7 de los varones y el 54.8 de las niñas, en la franja de los 10 a los 17 años. La mayor parte recibe un salario mínimo entre los 15 y 17 años ( 81 % los varones - 96% las mujeres). Entre los 10 y 14 años el 48% recibe la mitad o menos del salario mínimo. Estos datos recogidos por la CUT de Brasil no pueden compararse con datos de Argentina porque la estadística no está disponible.

En la región sur de Brasil, la población tiene menor densidad, es más urbanizada, la PEA se ha terciarizado más y hay un envejecimiento relativo de la población. El porcentual de los que tienen mas de 8 años de estudio es más alto que el nivel nacional, en consonancia con otros indicadores socioeducativos. De todos modos los niveles de escolaridad formal de primaria o secundaria siguen siendo bajos en términos internacionales y también en comparación con el promedio de Argentina.

Brasil tiene un desarrollo superior en términos de Formación Profesional, tanto en volumen como en amplitud de posibilidades. La Formación Profesional es entendida como preparación técnica o adiestramiento de los trabajadores para un empleo u oficio. La educación para el trabajo en Brasil incluye la Red de Escuelas Técnicas Federales, Estaduales y Privadas, la Red SENAI/SENAC y SENAR y los Institutos Privados Sectoriales a nivel de empresas. Según los documentos de origen sindical, las escuelas técnicas federales, de segundo grado o secundaria, fueron ofreciendo dificultades al acceso de los jóvenes de origen popular a medida que se integraban académicamente para el ascenso a la enseñanza universitaria. Históricamente en Brasil la educación destinada a las clases altas o medias ha sido marcadamente diferenciada de la educación para los sectores populares que ha estado basada en la Formación Profesional. La reforma de 1971 que intentó dar al secundario lo que en Argentina llamaríamos “salidas laborales”, no quebró esa dualidad sino que más bien terminó descalificando al nivel medio. La crisis del financiamiento del Estado en los años 80 y 90 agravó la situación por falta de recursos para la educación.

Con los efectos de la tercera revolución tecnológica y la competencia internacional creciente los empresarios y el Gobierno Brasileño, empezaron a pensar en el retraso de la educación formal y profesional sobre todo en términos tecnológicos. Hoy existen empresas que ofrecen alfabetización, educación primaria para sus trabajadores y entrenamiento de oficio en la ciudad de San Pablo. SENAI da cursos cada vez mas adaptados a las necesidades empresariales. En términos generales puede decirse que, aunque acotada a la región mas desarrollada del país, la capacidad de respuesta es más alta de la que se ve en Argentina.

También los sindicatos brasileños parecen discutir con mayor profundidad la realidad educativa a juzgar por los documentos emitidos y por la existencia de fuertes núcleos de producción intelectual vinculados al movimiento obrero. Las resoluciones de la CUT, la central obrera predominante en la región mas desarrollada, son muy claras acerca de las exigencias en materia de educación exigiendo la extensión de la educación formal y la transformación de la Formación Profesional para que esta no siga siendo “adiestramiento adaptativo sino formación politécnica”. Estas resoluciones también solicitan la participación en los Consejos que formulan estrategias, programas y políticas educativas así como en los Fondos de financiamiento de la Educación.

Sin embargo no hay una postura homogénea dentro de los sindicatos brasileños en las temáticas educativas. Para una buena parte de los trabajadores el discurso actual según el cual el mercado solicitaría hoy un trabajador polivalente, portador de un mayor conocimiento científico, con mas escolaridad, sería en realidad una actualización de la teoría del Capital Humano de los años 50. En este sentido trazos organizativos y de comportamiento se estarían elevando a la categoría de competencias a lograr por la educación: trabajadores calificados serían aquellos que son confiables, motivados o están integrados con los valores empresariales.

El control de los contenidos de formación o de calificación por parte de los actores sociales y la participación de estos en organismos de conducción sería, en realidad, un control de los empresarios porque son los únicos que pueden garantizar ciertas prácticas y terminaría garantizando un “modelo japonés”, es decir, una sociedad con un hombre dedicado principalmente al aumento de la productividad.

Para esta línea de pensamiento las investigaciones mas serias están indicando que las transformaciones tecnológicas no tienen como efecto real el cambio en las condiciones sociales que les atribuye este discurso. Así lo demostraría la experiencia de países desarrollados.

Según una propuesta generalizada entre teóricos latinoamericanos de renombre las economías abiertas e integradas en un sistema global están requiriendo de una fuerza laboral que base su competitividad en una mayor profundización de la formación científica y tecnológica. Sin embargo algunas voces sostienen lo contrario ...” La evidencia de los EE.UU, Canadá e Inglaterra y proyecciones de la estructura de la fuerza laboral en estos países indican que, aunque el crecimiento proporcional mayor se observa en las ocupaciones del mas alto nivel de capacitación y educación especializada en las ciencias y tecnología, el crecimiento absoluto de puestos de trabajo ocurrirá en las ocupaciones del más bajo nivel de capacitación formal. En los EE UU, por ejemplo, las dos ocupaciones de mayor crecimiento, proyectándose al año 2000, son las de limpieza y servicio de camarero. En Canadá se observa la misma pauta: las ocupaciones de mayor crecimiento son: ventas, cajeros, secretarias y conductores. Además la permanencia del proceso de descapacitación indica que aún los puestos nuevos que actualmente requieren educación especializada pasarán a ser puestos descompuestos en una serie de tareas rutinarias y repetitivas. Como evidencia de este proceso implacable está el desarrollo de la ocupación del programador de computadora. Durante los años 50 el analista de sistema ocupaba un lugar privilegiado con altos ingresos y educación especializada. Cuarenta años después sus tareas derivaron a subocupaciones rutinarias hechas por personas que ocupan los puestos creados bajo un control de estilo gerencial que combina el estilo de la fábrica de siglo pasado y la tecnología de supervisión del siglo actual...”6.

Los procesos de trabajo de diferentes momentos suelen coexistir, es decir lo que está ocurriendo no sería simplemente el agotamiento del modelo taylorista / fordista —de organización del trabajo— sino una convivencia de paradigmas. Para muchos sindicalistas brasileños así como para investigadores de ambos países vinculados al movimiento obrero el automatismo flexible solo es una parte restringida del mundo del trabajo y la producción en los países desarrollados y lo es todavía mas aún en los países sudamericanos.

La realidad parece indicar que se está estabilizando un segmento con alto nivel de calificaciones cada vez mas reducido y simultáneamente aumentan los segmentos pobremente calificados, con empleo inseguro, que empujan al mercado informal a buena parte de la población. En última instancia el discurso de la modernización pedagógica, en función de la revolución tecnológica, sería para esta forma de pensar el discurso de la exclusión, que ampara el desempleo estructural al debilitamiento sindical y a la segmentación social reflejada en la educación.

Para esta postura la propuesta empresarial de colaborar con el estado en la oferta de educación básica es un avance para implantar criterios empresariales de eficiencia, de “calidad total”, de competitividad en áreas propias de la educación incompatible con la lógica de mercado. El “Estado Mínimo” estaría descalificando la educación pública, usando la descentralización como un mecanismo de eficiencia mas que de democratización. La publicidad de las dificultades educativas como son los resultados de las evaluaciones estarían contribuyendo a acrecentar el conflicto que tendría en un polo la ineficiencia pública y en el otro la eficiencia privada .

En esta concepción la Formación Profesional es una educación para “fracasados” que no acceden o desertan de una escuela media propiciadora de una enseñanza generalista, teórica, desvinculada del trabajo. Esta hace que se defienda el mantenimiento de las escuelas técnicas estaduales o federales de Brasil, porque se consideran un campo de integración entre teoría y práctica con base sólida. “Denunciando la falacia ideológica, vinculada al discurso de sectores gubernamentales y empresariales de resolver el problema del desempleo a través de la educación o la Formación Profesional, reafirmamos nuestra posición en cuanto a la importancia de la formación de los trabajadores en escuelas que los prepare técnica y políticamente” (Documento de CUT 1995).

En Argentina la CTA —la central mas combativa de las tres existentes—, expresa una postura similar a la recién descripta, compartiendo la desconfianza por las reformas de inspiración neoliberal. En la C.G.T., la mayor de las centrales, la discusión en realidad no ha comenzado. Puede verse que los sindicalistas sospechan del lenguaje combativo de sus compañeros docentes pero también del discurso oficial.

En general en los sindicatos argentinos ha predominado siempre el concepto de que la educación es responsabilidad del Estado. En la actualidad el mismo parecería estar retirándose del cumplimiento de esa responsabilidad. Un acuerdo altamente probable de todos los sindicatos argentinos sería exigir ese cumplimiento, aunque no hay diseñadas estrategias para lograrlo. Se está lejos de una discusión teórica acerca de los contenidos y la orientación que debe tomar la educación.

La creciente relación entre movimientos obreros de historias tan disímiles como el de Argentina y Brasil ( el primero crecido al amparo de la industrialización de los 40, el segundo mucho más nuevo y radicalizado) puede ser muy rico e interesante en este sentido. En un Seminario sobre Políticas de Empleo, Formación Profesional y Migraciones realizado en Bs. Aires en julio de 1995, se encontraron sorprendentes puntos de coincidencia, tanto en el diagnóstico como en la elaboración de propuestas futuras. Un grupo de investigadores vinculados al movimiento obrero en cada país ha comenzado una investigación conjunta sobre esta temática.

Un dilema en el que se debate el sindicalismo argentino, a nivel de los responsables de capacitación y otros cuadros ocupados de la temática educativa, es el de aumentar o no la actividad formal reemplazando de ese modo al Estado en la gestión educativa. Por un lado parece ventajoso por la posibilidad de tener un mayor protagonismo real y no meramente formal, por otro aparece el temor a que este atractivo pueda terminar en un rotundo fracaso. Las organizaciones sindicales no están pensadas ni organizadas para proporcionar servicios educativos. La falta de historia, de experiencia institucional, la posible contaminación con luchas internas del sindicalismo, la falta de una conceptualidad pedagógica, la debilidad actual de los cuadros sindicales parece augurar un posible fracaso. Este fracaso ya no sería adjudicado al Ministerio Nacional o a una Administración Provincial, sino a la organización no gubernamental, el sindicato, que asume la responsabilidad de la gestión educativa.

Las personas que sospechan de la totalidad del proyecto modernizador que se está aplicando ven en el un deliberado intento de entusiasmar el Argentina y en Brasil a las ONG´s mas fuertes, y entre ellas especialmente a los sindicatos para que sean las que asuman la educación de los sectores populares, con lo cual el Estado se liberaría de una responsabilidad y podría adjudicarle los resultados futuros a esas organizaciones.

Quienes ven todavía posibilidades de una participación plena en modificación de las estructuras educativas sostienen la necesidad de aumentar el compromiso con ellas. Otros sostienen que se debe mantener prudente distancia de las modificaciones que realizan hoy los gobiernos que aplican políticas neoliberales también en el campo educativo.

En estos términos se está produciendo el debate interno en el seno del movimiento obrero de los socios mayoritarios del MERCOSUR. El mismo refleja posturas filosóficas y opiniones de coyuntura que se dirimen en medio de un  creciente debilitamiento de los sindicatos industriales que fueron el bastión obrero en el pasado. El crecimiento de las organizaciones sindicales del sector del comercio, las finanzas y los servicios implica resoluciones diferentes al debate que continuará sin resolverse por largo tiempo.