23 de Junio de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

9. El panorama que usted nos ha presentado resulta desalentador. Sin embargo, algunos autores consideran que se han alcanzado logros significativos en los que el estado ha jugado un papel fundamental, a pesar de que en la actualidad no pueda seguir satisfaciendo las demandas crecientes de la sociedad, y postulan la necesidad de buscar nuevas alternativas que nos abran un escenario distinto para enfrentar el siglo XXI. ¿Cuál debería ser en su opinión el rol del estado frente a esta nueva realidad?

En su proceso de desarrollo, la región centró sus expectativas educacionales en dos elementos fundamentales: la realización del proyecto político de establecer y/o consolidar sistemas democráticos liberales, y el logro de un desarrollo socioeconómico semejante al alcanzado por los países industrializados. En función de ello, se hizo énfasis en que nuestra educación fuese una educación para la democracia y para la formación de los recursos humanos necesarios para el desarrollo.

En lo que se refiere al proyecto político, la movilización social y política en nuestros países tuvo como uno de sus componentes principales la incorporación masiva de la población a la educación. Para el cumplimiento de este objetivo, los gobiernos, realizaron serios esfuerzos por llevar a la práctica uno de los principios fundamentales que sustentó todas las políticas educativas de la región, como es el de la democratización de la educación. Con ello se logró ensanchar el sistema educativo formal y no formal, incorporando, improvisada y aceleradamente, el mayor número de alumnos y docentes, e instrumentando fórmulas compensatorias que matizaran las desigualdades socioeconómicas de aquellos sectores de la población que veían limitado su acceso al sistema educativo.

Sin dejar de reconocer otros antecedentes de carácter histórico referentes al papel y la responsabilidad del Estado en la educación, estos elementos, entre otros, han conformado la concepción y la práctica del Estado docente en nuestra región.

Hoy la realidad de la región es otra. América Latina y el Caribe entraron en la era de los cambios. La evidente presencia de nuevos actores sociales en el Estado; el desarrollo de una sociedad civil cada vez más organizada y consciente de sus demandas, una masa crítica mas bien producto de la masificación que de la democratización educativa, más numerosa en cantidad que en calidad; una deuda externa impagable; una crisis social, política, económica y cultural que desborda las capacidades de cualquier gobierno; el aumento acelerado de la pobreza; el alto crecimiento demográfico y la insuficiencia de recursos cada vez más escasos, entre otros, son factores que presionan fuertemente a los Estados y hacen que los gobiernos se vean desbordados en sus capacidades, no pudiendo atender las demandas y requerimientos de la población.
Obviamente que una estrategia para enfrentar esta situación rebasa la responsabilidad única de un ministerio, de la administración pública, de un gobierno e incluso de un Estado. Ello es responsabilidad, compromiso y tarea de todos y cada uno de los actores —ciudadanos— de una sociedad, y será el resultado de un esfuerzo profundo y sostenido de coordinación intersectorial (educación, cultura, salud, nutrición, agricultura, fomento, trabajo, comunicación, defensa, etc...) por una parte, y, por la otra, de la participación y la concurrencia de las diferentes organizaciones de la sociedad civil (empresarios, sindicatos, gremios, asociaciones urbanas y campesinas, ONGs, grupos de profesionales, comunidades organizadas, entre otros), lo cual requiere de un nuevo “contrato social”, de una redistribución de las responsabilidades ciudadanas, donde una mayor responsabilidad social por la educación es lo que hará posible el paradigma de la sociedad educativa.