16 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

8. Con base en lo que acaba de mencionar,¿Cómo se resuelve la diferencia entre estos dos tipos de educación a la luz del proceso de globalización a que están sujetas nuestras economías? ¿Qué futuro tienen nuestros sistemas educativos para enfrentar este proceso?

Conviviendo con las tendencias mundiales de la globalización de los bienes y servicios, de la internacionalización de los mercados, de la homogeneización cultural con arreglo a la diversidad, perviven aún problemas de orden nacional y regional que impactan negativamente todo esfuerzo de realización en estos campos. En América Latina y el Caribe, los altos índices de desempleo, la iniquidad en la distribución de la riqueza, el incremento sostenido de la pobreza, la corrupción y la constante violación de los derechos humanos, entre otros, dan cuenta de esta realidad.

La crisis económica, social y cultural que se está evidenciando en el mundo contemporáneo y, muy particularmente, la crisis política —de legitimidad y de gobernabilidad— que está en el centro del debate sobre los procesos de democratización, está condicionando fuertemente cualquier intento de modernización y de reforma del Estado, así como también cualquier estrategia que busque dar solución a problemas sectoriales, como son los de las crisis de los sistemas educativos, de salud, nutrición, vivienda, seguridad social y ciudadana y empleo, entre otros. Por ello es imperativo reconocer que únicamente a través de la política es como podemos convertir en realidades nuestras aspiraciones.

Actualmente existe un consenso generalizado acerca de la importancia del tema económico y, afortunadamente, este ya forma parte de la agenda política de la región. Sin embargo, a pesar de que en los países de la región existe suficiente conocimiento sobre la magnitud y la gravedad de la problemática educativa y del carácter estratégico de la educación, y de que existe también suficiente capacidad técnica para diseñar las estrategias y las acciones necesarias para emprender los cambios que se requieren, es evidente también, que la importancia de la educación no ocupa todavía un puesto importante, mucho menos privilegiado, en la agenda política de los países. Y el punto fundamental es que, para impulsar y promover los cambios urgentes y necesarios que hoy las sociedades reclaman, se necesitan fuertes dosis de voluntad política y en buena parte de la región pareciera carecerse de ella.
Asímismo, constatamos como la complejidad de la dinámica actual y la velocidad e incertidumbre de los cambios también generan crisis. Y, si es verdad la permanencia de los cambios tenemos que aceptar la permanencia de las crisis. “Krisis”, en griego, significa acción de decidir, distinción, elección; en chino, significa oportunidad. Por lo tanto, tenemos que aprender a vivir en crisis, a crecer en crisis, a gerenciar en crisis y a desarrollar y profundizar las crisis. El problema más grave es que nuestra educación está en crisis y el conocimiento es la única vía para desarrollar en los actores—autores de las crisis —los ciudadanos— las capacidades humanas y técnicas necesarias para enfrentar los desafíos de las crisis. Esto es la modernidad. Es la manera actualizada de vivir, de producir y de innovar para reducir o minimizar los impactos negativos de las crisis. Ello nos obliga también a reconocer en la educación el nuevo paradigma de la modernidad.

La educación es estratégica no porque ella sea particularmente importante para los individuos, para las empresas o para el Estado, sino porque ella representa la única vía con la cual cuentan las sociedades para añadir valor al único recurso que representa la ventaja comparativa, competitiva más permanente, más permeable y la más adaptable a los cambios: el ciudadano. De allí que invertir en capital humano es invertir en la gente y ello significa invertir en la construcción de un futuro presente, abierto e ilimitado, lo que representa el mayor desafío para nuestros sistemas educativos.

Como resultado de la propia crisis de legitimidad y gobernabilidad, la gestión y administración de los servicios sociales y muy particularmente de los sistemas educativos, también está en crisis. Es también evidente la poca importancia real que se le presta al tema de la planificación y gestión de los sistemas educativos. Por esta razón se debe debatir sobre el tema; buscar y encontrar caminos válidos para la reconducción, revalorización y reposicionamiento de la educación, trascendiendo al enfoque pedagógico o escolar y trabajando desde una perspectiva más sociológica, más antropológica y más filosófica; pero también más estratégica y con mayor sentido de la realidad; donde sus resultados sean cada vez más tangibles y ponderables, no sólo desde el punto de vista cuantitativo sino también, y fundamentalmente, desde el punto de vista cualitativo.