19 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

6. ¿Podría caracterizar los problemas educativos en Latinoamérica?

En el examen de la situación de la educación en América Latina nos encontramos con dos tipos de problemas: los problemas no resueltos y los problemas por resolver.

El primer tipo de problemas, alude fundamentalmente a aquellos elementos que han sido suficientemente estudiados y que están impactando negativamente el nivel educativo, cultural y de capacitación de nuestros ciudadanos. Estos tienen que ver con la ineficiencia y la improductividad de los sistemas educativos, con la baja calidad y la inadecuada pertinencia de la educación impartida, con el bajo nivel de calificación y las pobres condiciones de vida y de trabajo de los docentes, con la inadecuada dotación de la planta física escolar, por dar algunos ejemplos conocidos. Ello ha dado como resultado, entre otras distorsiones, altas tasas regionales de deserción —expulsión escolar—, de repitencia, de población en edad escolar sin acceso a la educación, de analfabetismo, de población escolar y adulta sin dominio de la lecto—escritura y de la comprensión lectora y, en síntesis, de todos los indicadores de impacto negativo que ya conocemos y cuyo mejoramiento constituye el objetivo central de nuestras políticas educativas.
Al respecto, basta con observar los últimos estudios del BID, el Banco Mundial, UNESCO y la OEA, entre otros, sobre la realidad educativa de América Latina y el Caribe. En un estudio sobre el gasto en educación en América Latina, el economista principal para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, Sebastián Edwards, demuestra que la región disminuyó drásticamente el gasto educativo como resultado de la crisis de la deuda externa, lo cual trajo como consecuencia directa la ubicación de la región en la cola del mundo en cuanto al desempeño escolar. Según ese estudio, y con algunas excepciones, los alumnos de la región alcanzan, en exámenes de lectura, matemáticas y ciencias, rendimientos muy inferiores a los de los estudiantes de Asia Oriental y de los países industrializados. En otro de los indicadores que se señalan en el mismo estudio, se observa también cómo el gasto social ha sufrido un impacto negativo. Allí se indica que la región, durante 1989, gastó un promedio de 118 dólares americanos por estudiante, en contraste con 164 dólares americanos en 1980. Por otra parte, se señala también como un indicador de la baja calidad de la educación en América Latina, el hecho de que el 42 por ciento de los alumnos repitan su primer año de primaria y un 29 por ciento repitan todos y cada uno de los años de enseñanza. Según el mismo autor, tales promedios de repitencia son los peores del mundo y poner esos niños en el mismo grado por segunda vez le está costando a los gobiernos de América Latina y el Caribe unos 2.500 millones de dólares americanos al año, y lo que es más grave aún, sin evidencias ciertas de mejoramiento alguno en su formación y en su rendimiento.

A pesar de que se ha demostrado suficientemente que la inversión en educación preescolar, básica y media es más rentable desde el punto de vista social y desde la perspectiva del aumento de la productividad basado en la acumulación de capital humano, el mencionado estudio revela también que los gobiernos latinoamericanos han subsidiado a la educación superior siete veces más por estudiante que a la educación primaria.
El segundo tipo de problemas lo constituyen todos aquellos elementos que son de carácter prospectivo. Estos son los que tienen que ver con las tendencias futuras de la educación en América Latina y el Caribe, con la capacidad de respuesta de los sistemas educativos frente a las crecientes demandas sociales por un mayor nivel educativo de sus pobladores con una mejor calidad de la educación, por mejoramientos significativos en la distribución del ingreso y en la calidad de vida, por una mayor productividad y competitividad, así como por la inserción de la región, con suficientes ventajas comparativas, competitivas y compartidas, y con buenas posibilidades de éxito, en la dinámica de la globalización y el nuevo ordenamiento mundial emergente.

Corresponde, en consecuencia, no sólo cumplir con la responsabilidad profesional y ciudadana de analizar y participar en procesos que buscan mejorar los sistemas educativos de la región, sino que también se trata de buscar y encontrar caminos y rumbos más acertados para que éstos respondan apropiadamente a la compleja y cambiante dinámica impuesta por el mundo contemporáneo Esta situación nos exige, con carácter de urgencia, sin postergación alguna y con amplio sentido crítico y autocrítico, revisar nuestras modalidades de intervención y su incidencia en los cambioseducacionales en América Latina, y replantear, a la luz de la problemática planteada y de cara al futuro, nuestra visión y accionar en este campo; particularmente, en circunstancias y coyunturas de naturaleza estrictamente política, donde, la obsesión por la eficiencia y el rendimiento, así como por los tecnicismos pedagógicos, administrativos, gerenciales y organizacionales, aunque de importancia fundamental y capital para el hecho social de producir más y mejor educación, parecieran no constituir lo esencial de estos momentos.